Jabatillo, o porqué Núñez siempre marca la diferencia

Jabatillo, de Alcurrucén, lidiado en Madrid el pasado 27 de mayo, fue un toro sensacional. Pero, ¿qué ha tenido éste de mejor respecto a los otros toros buenos que han salido hasta el momento en la feria de San Isidro?; muy sencillo: la impronta grandiosa de los núñez, que sigue marcando una diferencia cualitativa abismal con otras sangres, y que Jabatillo mostró de manera diáfana.

Los grandes toros de Núñez, como Jabatillo, no necesitan venirse de lejos para tener recorrido, sino que, cuando el torero los cita de cerca, son capaces de meter los riñones y, humillando de verdad, siguen los vuelos de la muleta por abajo desde el principio hasta el final del pase. La humillación es esencial, porque el toro se rompe metiendo el hocico por el suelo, con total entrega en el engaño, lo que no ocurre si embiste a media altura o no tan humillado, caso del toro de El Torero o algunos de Juan pedro Domecq en esta feria, no digamos ya el ensabanado de Fuente Ymbro tan absurdamente glorificado. Núñez es otra dimensión de la entrega y, por ende, de la bravura. Es incomparable.

Los grandes toros de Núñez embisten de la manera descrita y, además, lo hacen siempre creciendo, con dos matices: igual o mejor en el quinto que en el primer muletazo de la serie, e igual o mejor conforme avanza la faena, o sea, duran y duran manteniendo las mismas virtudes. Es una bravura de calado profundo. A otros, aun siendo buenos, casi siempre les falta ese remate de embestida y esa duración, les falta clase. Es otro estilo de embestida menos reposada, menos seria, menos de verdad. No hay color.

Si todo lo anterior lo combinamos con el temple y la cadencia, más el punto de fijeza y repetición que mostró Jabatillo, tenemos un toro bravo, de enorme nobleza y, además, que transmite importancia sin necesidad de esa movilidad  revoltosa y defensiva, que en realidad engaña y sirve de tapadera a muchos defectos del toro, porque cómo todo pasa tan rápido, todo cuela…

Que no se empeñen los amigos y beneficiarios de Juan Pedro, por un lado, en hablar de clase respecto a una corrida que no la tuvo, ni los “toristas”, amigos y beneficiarios del señor Gallardo en cantar la bravura de un fuenteymbro que tampoco la tuvo. Tendrían otras virtudes que normalmente se camuflan con el término “interés”, pero esas no. Para clase y bravura en tono mayor el núñez de Alcurrucén.

PD. Disfrutemos y hablemos de toros mientras podamos, porque para la tauromaquia, la libertad y la vida llegan tiempos de oscuridad, odio y tiranía…

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Los reventadores de Madrid no cambian ni cambiarán

Aún no llevamos una semana de feria y ya ha habido unos cuantos episodios de ignorante demagogia, ruindad y miseria moral, típicos de la minoría totalitaria y cateta que sigue condicionando en gran medida lo que ocurre en Las Ventas antes, durante y después de la corrida. Y todo ello con la necesaria colaboración de una “autoridad” acobardada o, en muchos casos, cómplice de los delirios, maldad y analfabetismo cesarista de los talibanes. Se dice que ahora hay menos crispación, pero la realidad es que, habiendo mejorado alguna tarde, el clima de la plaza dista a años luz de ser el normal en un espectáculo al que se supone que se va a disfrutar. Así será mientras esta chusma siga imponiéndose, lo que pasa es que algunos ya se han acostumbrado, o no les va mal así.

La prensa continúa sin atreverse a denunciar frontalmente, desenmascarar y pedir la expulsión de estos pájaros. Eso cuando no sigue colaborando activamente con ellos o riéndoles las gracias, especialmente el viejo demagogo del bigote teñido, que, si bien amansado al calor de la pasta (lo único que le interesa y le ha interesado siempre) aún da coba al grupo de cafres que él mismo creó junto a sus desaparecidos cuates Navalón, Mariví y Vidal, siniestro grupete que inoculó la patología que 40 años después sigue emponzoñando la plaza de Madrid.

Con este cuadro, no es de extrañar que pase lo de siempre, y eso que aún no han llegado las llamadas figuras. Lo más vil es que la crueldad, la burla y el desprecio también se ceba ya con toreros modestos y novilleros, a los que se les pita e increpa durante las faenas o directamente se les roba trofeos ganados en buena lid, hasta regados con sangre, y pedidos por la inmensa mayoría. Y ello porque a los cuatro cerriles de esta banda se les pone en las narices y el presidente o se acongoja, o es tan prepotente e ignorante como ellos. Miren lo que le pasó a Gonzalo Caballero, o al pobre Paco Ureña, entre otros.

Y si hablamos del toro, tres cuartos de lo mismo. Por mucho que los reventadores digan una y otra vez que no les gusta el toro grande, su comportamiento va siempre en la misma dirección. Así, el pasado domingo berrearon ruidosamente por la presencia de dos toros de Valdefresno con trapío más que sobrado, precisamente los dos que no llegaban a los 500 kg, ni falta que les hacía. Las fotografías de ambos morlacos hablan por sí mismas sobre su seriedad. Sin embargo, no hubo berridos contra el feo y bizco colorado de casi 600 kilos que cerró ese mismo festejo, y mucho menos respecto los mastodónticos gayumbos de Pedraza de Yeltes corridos el pasado martes, a los que aplaudieron de salida. Así que ya pueden decir misa: siguen babeando con el mastodonte, y si es cornalón aún más, porque llevan al buey en la masa de la sangre.

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 Los dos toros de Valdefresno que protestaron los reventadores el pasado domingo por no llegar a los 500 kilos de peso. Obsérvese su seriedad y astifinos pitones.

Lo mismo o peor que con la presentación pasa con la valoración del comportamiento: no se enteran de nada más allá de los cuatro falsos tópicos a los que se agarran siempre. Ni saben ver al toro, ni saben de lo que hablan, ni captan los matices esenciales de la lidia, porque no tienen ni puñetera idea de esto. Lo de exigir que vayan de largo al caballo todos los toros porque sí, aun los que mansean con descaro, ya pasa de castaño oscuro. La confusión sistemática de la movilidad con la bravura aún es más gorda. Lo malo es que en este aspecto, el desconocimiento de casi todo el público y bastantes periodistas es casi tan enciclopédico como el de los reventadores, y por eso cuela todo.

Así hemos visto el rollo de ese “gran toro” de Fuente Ymbro que, aparte de acudir con mucha alegría al primer cite (siendo esto llamativo) e irse lejos por inercia, a partir del segundo muletazo ya acortaba la embestida claramente, además de protestar, humillar poco o nada, escarbar, berrear y, sobre todo, ir muy a menos a lo largo de la faena. A lo sumo, un toro aceptable y con interés, especialmente para la galería. Lo típico de esta ganadería, por mucho que sus cantores de la prensa se empeñen en sublimarla y su dueño en chuflear y largar por el callejón. Encima, los abencerrajes crucificaron a Paco Ureña como si se le hubiera escapado el toro del siglo. Falso e injusto por completo. El fallo del torero fue, precisamente, dejar que el animal pareciera mucho mejor de lo que era a ojos de los que no saben nada o se pasan de listos.

Los reventadores ya han espantado a una parte considerable de los abonados, porque con ellos es casi imposible ir a disfrutar del espectáculo. De cara al público en general o con interés por acercarse a la Fiesta, su matonesca y palurda actitud es nociva para cualquier ser humano mentalmente sano, sepa o no sepa de toros, e incita a que esas personas no vuelvan más a la plaza. Enfin señores, que lo de Madrid no cambia. Y si este año llevamos una feria con triunfos casi todas las tardes es porque muchos toreros se la están jugando de verdad. Lo demás son cuentos, ignorancia, mala leche o todo a la vez.

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El modelo Cutiño y las tinieblas del monopolio

A estas alturas ya no debería escandalizarnos nada, pero que saquen a un elemento tan funesto para el toro bravo y su diversidad como Cutiño en el papel de iluminado salvador del torero, va más allá de lo púdicamente admisible. Que lo corone como “adelantado” un patético escriba de Aplausos no tiene importancia, dada la frecuencia con la que hace el ridículo. Lo aterrador es que haya gente seria que, además de ponerle el altavoz, le compre la mercancía sin pestañear. El mal está dentro y es muy profundo, eso sin contar con el afán aniquilador que ya exhibe a palo limpio la mafia terrorista antitaurina y sus financiadores políticos.

Es comprensible que en el estado de cosas actual, con una sensación anímica de apocalipsis, los aficionados y no pocos profesionales estén deseando escuchar mensajes de “ilusión”, “positividad” y “buenismo”. De hecho, vemos cómo en la política funciona de perlas la vieja fórmula del demagogo totalitario que, con una ambición sin límites y dotado de una cara de cemento armado, se convierte en el “mesías” sólo por decirle a la gente lo que ésta quiere oír, eso sí, muy “suavecito” para no asustar, y con la imprescindible complicidad de unos medios de comunicación que machacan el mensaje hasta que “cala” en las mentes sencillas, hastiadas o defraudadas. Y a todo esto, el embaucador que viene a redimirnos del sistema es un producto pringoso… ¡del mismo y lamentable sistema!

Pues algo parecido, salvando las distancias, pasa en este caso. Entendemos que los mensajes optimistas puedan servir como terapia colectiva, aunque un optimismo sin base real es puro ensueño. Pero que el abanderado sea uno de los principales enterradores de las castas bravas, y encima nos lo vistan poco menos que de genio o “paladín” de la Fiesta, es demasiado.

Una de dos: o los amiguetes y propagandistas de Cutiño no saben que desde hace años en las ferias que monta este personaje no se lidia ni un solo toro más allá de las cuatro marcas del monoproducto juampedrista que administra su íntimo cuate El Juli, o no les importa. Más bien habrá que pensar esto último. Siendo así, es incompresible que los cutiñistas sean aficionados de “a pie”, pues aunque no les interese nada el toro, al menos deberían recordar el tiempo en que las figuras que tanto admirábamos eran capaces de triunfar con todo tipo de ganaderías y castas, sin ir más lejos el llorado maestro Manzanares, como hicieron todos los grandes hasta Ponce. ¿Ya se les ha olvidado que entonces el toro no era siempre igual?, ¿no recuerdan tantas tardes gloriosas con los atanasios, los núñez, los galaches o los santacolomas, ya sistemáticamente desterrados de las plazas de Cutiño y otros como él?

Que se atreva a hablar de una fiesta íntegra quien lleva colaborando tanto tiempo en la mutilación y extermino de las castas bravas es una burla y un desprecio a la inteligencia de quienes todavía amamos esto. Y este pájaro, amo taurino de Extremadura, quiere exportar la mascarada de Olivenza a todas partes, como su socio Casas la bufonada de Nîmes.

No, señor Cutiño, las que usted llama figuras del torero están muy lejos de ser grandiosas mientras sólo toreen un único producto ganadero. Las cuatro ganaderías que usted lleva a sus ferias son una misma cosa, que proceden de lo mismo, se seleccionan igual y encima se intercambian los reproductores. Los aficionados son ínfima minoría, ya tienen una edad y en su mayor parte carecen de criterios claros sobre el toro, bien porque se han hecho muy comodones y les da igual, o bien porque se trata de vulgares analfabetos “toristas”.

Y usted es todo menos un “revolucionario” del sistema empresarial, sólo una pieza más del sistema vigente para imponer la dictadura del monotoro y dejar la Fiesta reducida a un ballet superficial, estereotipado, irrelevante y 100% previsible. Y eso no es más que la vía directa hacia las tinieblas a las que siempre conduce cualquier monopolio.

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The cachondeo

Porque cachondeo es seguir considerando como figuras del torero a unos señores que desde hace años sólo lidian un único y clonado producto ganadero, lo cual no tiene precedentes en toda la historia de la tauromaquia.

Porque cachondeo es publicitar como acontecimiento nunca visto un espectáculo repetido feria tras feria, sólo porque a los protagonistas les acompañe una orquesta y el evento se adorne con no sé qué show gastronómico.

Porque cachondeo es que los escribas del Sistema  nos sigan vendiendo como heroica gesta el vulgar retorcimiento mecánico y los aspavientos grandilocuentes, y como “sumun” artístico la sucesión de aisladas posturitas más o menos aflamencadas o sandungueras. Burla propagandística que aún es mayor considerando que estos colosos ya son absolutamente incapaces de realizar sus exhibiciones ante otros animales que no sean los de “casa”.

Porque cachondeo es  que el principal responsable  de esta situación y jefe de la “troupe” se haga continuamente  la víctima de no se sabe qué presiones y confabulaciones, mientras sigue tomando por absolutamente imbéciles a quienes aún leen o escuchan lo que dice.

Porque si el toro siempre es igual el toreo se queda en coreografía hueca y repetitiva, por muchas guindas estéticas que se le pongan. Es otro espectáculo y, además de monótono, cada vez se acerca más al puro cachondeo y cada vez interesará menos, porque la gente se cansa de lo que siempre es igual.

 

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El Juli y el monopolio juampedrista anulan a Perera

Tras el gran éxito de Perera en Madrid con la corrida de Adolfo Martín, parecía que el extremeño estaba en el momento óptimo para cortar de una  vez con esta cancerígena espiral acomodaticia que ahoga el toreo desde arriba, con El Juli y sus cuates del monopolio juampedrista  a la cabeza, y el amo Matilla que mueve los hilos y rebaña entre bastidores.

Algunos nos ilusionamos ingenuamente con la posibilidad de que Perera cambiara el ritmo y obligara a cambiarlo al resto, y lo hiciera en base al toro; que apostara en las grandes ferias por ganaderías de otras castas con las que él si ha demostrado una capacidad de triunfar que los demás no tienen o han olvidado. Existía la posibilidad de sacar del sofá al endiosado dictadorcete de Velilla y acabar con su juego, que es el de sus amanerados comparsas  del llamado G5 y su endogámica pandilla ganadera. Pero no ha sido así, sino al contrario.

Perera no ha querido o no ha podido tirar del carro y dar ese salto cualitativo que necesita urgentemente la Fiesta para oxigenarse y alcanzar otra dimensión como espectáculo total, donde la variedad, la emoción de lo imprevisible y lo sorprendente actúen como revulsivo y motor para enganchar otra vez al gran púbico. Pero ni en sueños.

Miguel Ángel ha preferido seguir bajo la sombra del despotín de Velilla y del sistema enfermizo que representa, y ahí se ha diluido como un azucarillo. En menos de dos meses, ya nadie se acuerda de su doble zambombazo de Madrid, ni ha influido lo más mínimo en los esquemas de la temporada. Su campaña es buena, pero átona, monocorde, estándar. Cumple su papel, como los otros, pero está muy lejos de lo grandioso y arrebatador que se necesitaría en este momento y que caracteriza a un verdadero mandamás del toreo.

Con el sota, caballo y rey del monopolio  juampedrista siempre gana el Juli, que cada día emerge con más nitidez como un elemento de nefasta influencia. O rompes con el rollo, o te engullen cual marioneta, y eso le ha pasado a Perera, no sabemos si por falta de personalidad, de ambición o de visión. El caso es que con los danielitos, los garcigranditos y los cuvillitos no hay diferencias que marcar, sino toreo estereotipado para un mismo producto cornudo, por mucho que le pongan diferente divisa.

Y si el coto es cerrado, cada día se cierra más. Lo este año aún supera al anterior, incluso en las ferias de los hijos de Manolo Chopera, donde (salvo Bilbao, de momento) ya no lidia ni una sola ganadería que no sea del maldito clan juampedrista. Ahí tienen el bochornoso caso de Logroño, por no hablar de Almería y las demás, donde ya el 100% de las ganaderías anunciadas son del monoproducto.

Para terminar de componer el mapa, añadimos dos notas que a nuestro juicio son harto significativas, al menos por lo que representan: la entrada en escena del señor Bailleres (amo y señor absoluto del torero en México y con grandes aspiraciones aquí) con la compra de Zalduendo y la millonaria venta de la ganadería de Domingo Hernández a un magnate ruso, que también va a pagar otra millonada al vendedor en concepto de “asesoramiento”. Esa es la deriva que estamos tomando hacia el abismo. Bastará con que llegue al poder un demagogo estalinista tipo venezolano o ecuatoriano, y sólo con que sople (ya ha puesto por escrito que va a hacerlo)  todo se desmoronará en un suspiro.

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Chuflesco premio a un miura y robo al Puerto en San Isidro

Por segundo año consecutivo, el jurado del premio al mejor toro de San Isidro del Ayuntamiento de Madrid ha hecho un sonoro ridículo, pero esta vez, además, con robo incluido a la ganadería de Puerto de San Lorenzo. De este hierro fue Cartuchero,  a años luz el ejemplar más bravo, noble y con clase de todo el serial, dentro de una corrida que en general lució ese gran estilo tan característico de la aristocrática sangre conde de la Corte-Atanasio-Lisardo, y tan raro o inexistente en otras castas. Pero vete tú a hablarles de bravura con clase a esa minorítaria ralea de cafres, miserables, cebollinos y analfabetos que desde hace 40 años domina en los tendidos Las Ventas, y al que algunos patéticos jurados se obstinan año tras año en mimar y alagar.

En algunos casos, no nos extrañan los premios, pues por ahí se han publicado fotos de ciertos jurados verdaderamente aterradoras. En ellas se observan, junto a gente respetable, a conocidos chuflones, solemnes abrazafarolas, ilustres zampabollos y hasta algún trincón, todos en fraterna coyunda y llenado la panza con apetito canino (sobre todo si paga otro), unidos en su enfermizo afán de protagonismo, una desvergüenza absoluta y una total falta de conocimiento respecto al toro bravo. Este es el “oficialismo” taurino madrileño protegido por los politicuchos, y con este nivel se explica que pase lo que lleva pasando ya tantos años. Lo malo es que nadie dice ni hace nada; la gente se calla y mira para otro lado, y estos sujetos imponen otra vez la “verdad” de sus amigos talibanes, como de costumbre, por pelotas.

El toro de Miura no fue para premio ni por asomo. Tuvo prontitud y embestía de lejos, y eso fue lo que engañó (lo que siempre engaña) a los analfabetos “toristas”, que en su simplista y abrumadora ignorancia por sistema asocian la movilidad con la bravura. Es una típica patología de ciertos públicos y, además, una torpeza muy habitual en el diestro que lo toreó, pues engaña a los tontitos y además se perjudica a sí mismo. El miura fue manejable, pero estuvo ayuno de clase, se quedaba corto al tercer muletazo y humillaba poco o nada. Un toro normal, si se quiere con interés, pero nada más.

Y conste aquí nuestra admiración total por la familia Miura. Precisamente por ello, y porque hemos visto muchísimos toros del legendario hierro infinitamente mejores, nos parece que ni las ovaciones desmedidas ni este premio son en modo alguno justos o razonables. Sólo en Madrid,  nos acordamos de un Aguardentero, un Corselero, o un Pepón, toros de esta misma divisa realmente bravos y completos, desde luego mucho mejores que el ahora premiado. Miura merece muchísimo más respeto que usarlo como juguete para imponer el dogma “torista”. ¡Ah!, y del excelente torero que desgranó Serafín Marín esa tarde ni se enteraron  ¡hasta le pitaban algunos despreciables patanes de esta autotitulada “cátedra”!.

Con todo, lo más grave no ha sido haberle dado el premio a un miura del montón, sino habérselo robado a un ejemplar de gran categoría, uno más de los muchísimos que lleva lidiados en Madrid la ilustre familia del Puerto de San Lorenzo. Y las figuras tampoco se enteran ni si quieren enterar… que esa es la otra pata del banco. Pero ahí queda una gran corrida y un toro extraordinario para gloria de los Fraile, dentro de una feria de buen nivel medio, la mejor en mucho tiempo. ¿Habrá tenido algo que ver que se hayan lidiado tantos toros en tipo?

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