Tras décadas vilipendiando a la tauromaquia, el buque insignia de la utraizquierda mediática se carga su programa de toros. El monstruo devora a sus creadores

En las últimas semanas, hemos asistido con estupor al show montado por un coro de plañideras a cuenta de la supresión de un programa de toros que se venía emitiendo a horas intempestivas en la radio referente de la ideología del puño en alto.

Llanto a moco tendido de sus “camaradas” y de muchos incautos, victimizando a ciertos personajes a base de argumentos burdos y del ocultamiento descarado de una realidad objetivamente comprobable. Porque lo escrito y dicho por estos pretendidos paladines de la tauromaquia a lo largo de más de 50 años es sabido de sobra por todos, y está en las hemerotecas, videotecas y fonotecas, al alcance de cualquiera que quiera consultarlo, por si alguien lo pone en duda. Las realidades no acontecen  de repente, sino que son fruto de un proceso paulatino.

Un poco de “Memoria histórica”

El mensaje de fondo mayoritario (textual, visual y sonoro) siempre fue el mismo desde los últimos tiempos de El Cordobés: en la tauromaquia impera el fraude; el toro es un borrego inválido, sin “casta”, sin fuerza y afeitado, un animalillo indefenso; las figuras son unos tramposos teatreros, que se dedican a engañar al público sin apenas correr riesgo; el mundillo taurino en su conjunto es una banda de gansters (los empresarios un poco menos) y la prensa sana, conocedora y honrada (o sea, sus contrarios) son esbirros de las figuras. El bombardeo masivo de estas consignas durante medio siglo se ha mantenido hasta hoy. Lo raro es que este alud no haya acabado con la Fiesta mucho antes.

En las formas, la burla, el insulto la vejación y la difamación eran práctica diaria y sigue siéndolo por parte de los grupúsculos organizados de reventadores que nacieron mamando este veneno falsario. Esta chusma (que tiene la desfachatez de autotitularse como “la afición”) ha sido el legado de toda aquella miserable ponzoña sedimentada. Hoy impera, por ejemplo, en la cloaca de Twitter y bloguera, domina en bastantes plazas y cuenta con la complicidad de numerosos equipos veterinarios y presidenciales, e incluso el apoyo de políticos del centrismo maricomplejines.

El papel de todo este entramado ha sido fundamental para arruinar la imagen de la tauromaquia a lo largo de décadas y de cara a millones de personas, porque ¿quién va a ir a una plaza de toros si le están diciendo una y otra vez que es un engaño y van a estafarle, que el toro es una caricatura, que ha sido mutilado previamente y que el torero es un mangante que juega con ventaja? Los reventadores y sus críticos afines crearon y siguen proporcionando un argumentario esencial del antitaurinismo.

Volviendo al pasado, recordamos perfectamente aquél programa “Revista de Toros” durante los 70 e inicios de los 80 en Televisión Española, donde la táctica permanente era poner a parir a las figuras y a las ganaderías punteras, con imágenes de enganchones, caídas de toros, momentos deslucidos y protestas de ciertos públicos, sonorizadas con canciones burlescas como “Tengo una vaca lechera” o “La Gallina Turuleca”. Eso cuando no se ocultaban faenas grandiosas, protagonizadas siempre por toreros “no amigos”. Era la gran época, nada más y nada menos, de Paquirri, Teruel, Dámaso, Manzanares, Capea y luego Ojeda, que pasaban por ser poco menos que bufones y bandoleros, aunque al final de sus carreras los mismos que antes los machacaron luego les llamaron “maestros”, y casi todos los aludidos tragaron (todo hay que decirlo).

Recordamos también aquél diario Pueblo, que en las grandes ferias de la temporada incluía tres crónicas firmadas por las estrellas del movimiento “purista”: Navalón, Mariví y M. Moles. La imagen de la tauromaquia quedada por los suelos un día sí y otro también sólo con leer  los titulares y ver las fotos, en un continuo de descalificación e insidia permanentes. Vayan a la hemeroteca y véanlo.

En 1976 nació el periódico de cabecera de la “progresía” ultra y antitaurina, El País, cuyo crítico “emblemático”, Vidal, también había pasado por Pueblo y por Informaciones. Sin un conocimiento mínimo de la técnica del torero y del toro bravo, desde esta tribuna se erigió en inquisidor jefe y apóstol del descrédito sistemático hacia las figuras y las ganaderías punteras, así como glorificador de toreros mediocres, “artistas” irregulares y del moruchismo “torista”. Casualmente, era un género barato para las empresas, que se vendía al lector como paradigma de la pureza y de la bravura. Ese era el trasfondo de todo aquél rollo maligno.

Padrinazgo mediático

Por encima de los peones, desde el principio subyace la ideología y el propósito de una élite “progre” que llega al poder mediático entre finales de los años 60 e inicios de los 70. Y una de las cosas que más odiaban aquellos niños pijos de riñón cubierto y vida privilegiada, pero muy “revolucionarios”, era la tauromaquia, para cuya voladura el primer paso era destruir su imagen social. El pretexto fue la reivindicación de unas supuestas “esencias perdidas”, de un “purismo regeneracionista” que abominaba del presente degenerado en base a la mitificación de un toro y un toreo del pasado que nunca existieron en realidad. Esta superchería sólo podía abocar a un fin último, que era y sigue siendo el exterminio total de la Fiesta y sus protagonistas. ¿Qué mejor para los estrategas del antitaurinismo que hacerlo sirviéndose de los supuestamente taurinos? Es la misma idea, pero de otra forma, que retomó Carmena financiando a Karmeno el del Batán.

El proceso mediático que mencionamos tiene como nexo a un personaje que estuvo en todos los medios mencionados y que acabó siendo el comandante supremo: Cebrián, hijo del director del diario Arriba, nene mono del Régimen anterior y luego máximo capitoste del imperio mediático que ha modelado el mapa mental de la ultraizquierda desde 1976: Prisa. Fue redactor jefe  en Pueblo y en Informaciones, donde escribieron Navalón y Vidal, y en 1974 fue nombrado jefe de los servicios informativos de TVE, medio en el que desde 1972 se emitía el mencionado programa Revista de Toros, con la hija de Emilio Romero y M. Moles.

Cebrián fue miembro fundador y primer director de El País, donde desde el principio fichó a Vidal, íntimo de Navalón. En 1988 fue nombrado Consejero Delegado de la omnipotente Prisa, editora del diario y  propietaria de la cadena SER, donde aterrizó M. Moles sobre 1981. Luego vino Canal Plus, y a partir de ahí llegó el cúlmen de este poder mediático-taurino, con unas formas más suaves que antes pero en idéntica línea.  

Y llega el fin que se buscaba desde el principio

Pero el tiempo iba pasando. La persistente campaña de descrédito e infamia mantenida durante décadas por la propia prensa taurina dio sus frutos, echando de la plaza a miles de aficionados e interesados por los toros, y ahuyentando o poniendo en contra a muchísimos más. Aunque no fuera la única razón, sin ese nefasto influjo nunca se hubiera llegado a esta situación de extrema debilidad, que ya permite la destrucción total de la tauromaquia por parte de sus enemigos, porque se le ha quitado una parte sustantiva de su fuerza y gancho social a base de desacreditarla, tanto desde fuera como desde dentro.

Con el nuevo siglo, cambió la política, siguiendo un proceso de radicalización galopante hacia posiciones del estalinismo guerracivilista, apoyado en un movimiento dictatorial de carácter globalista que busca la anulación completa de las libertades, la deshumanización y el control total de las sociedades. Llega la masacre del 11M y con ella surge un nuevo régimen que empuña nuevas banderas, entre ellas la aberrante ideología animaloide, que se implanta en un proceso de masiva ingeniería social y coacción totalitaria en una espiral acelerada. Y una vez modelada la mente de las masas gracias al absoluto domino mediático y a la ausencia de oposición, ahora llega el momento de dar el golpe mortal definitivo.

El plan del Régimen es que la tauromaquia sea aplastada lo antes posible. Ello implicará inevitablemente el aniquilamiento del toro bravo como especie animal única, y la destrucción de su maravilloso entorno natural y humano, siguiendo el destino que se ha marcado para todo el mundo rural en su conjunto. Los viejos demagogos ya cumplieron su papel, bien remunerado, y ahora reciben una palmadita en la espalda cómo despedida. Ya se está hablando de eliminar la sección taurina de El País, llevada hoy por un torpe continuador del Vidal. Ojalá. Un enemigo interno más del que nos libramos.

La obra está acabada y el monstruo devora a sus creadores. ¿Acaso podía esperarse otra cosa?

Esta entrada fue publicada en Actualidad y etiquetada , . Guarda el enlace permanente.