¡Hasta el gorro de la chatarra de Cuento Ymbro y del desahogo de sus palmeros mediáticos!

El fracaso sin paliativos cosechado ayer en Madrid por ese invento mediático que cariñosamente llamamos Cuento Ymbro ha sido de órdago. Prueba evidente es la reacción descompuesta, grotesca y  soez hasta lo ridículo de su corte de mamporreros de la prensa, que llevan años creando la fantasía mítica de una ganadería “bravísima” que no es tal, sino un banco de pruebas del señorito de Jandilla, además de una marca asociada para monopolizar el mercado, porque la ambición y el afán acaparador de este clan es insaciable y enfermizo.

Viendo al amo Gallardo en pelotas tras su sexta comparecencia este año en Madrid (¡que manda huevos!), y encima siendo la más petardera de todas en un conjunto de mediocridad total, los lacayos han corrido a tapar las partes pudendas del buen señor, dándose codazos entre ellos para ver quién lo hace mejor. Pero quien da primero da dos veces, y el que llegó antes fue el Guasa de los gatos en la barriga, que para eso tiene su televisión y encima es el más listo.

El espectáculo televisivo fue de los que hacen época. Una auténtica lección que deja atrás todo que lo que habíamos visto con anterioridad, y ya es decir. El de los gatos en la barriga estuvo cumbre. La realidad que todos veíamos en pantalla era sometida a una artística reinterpretación ante nuestros propios ojos. Mientras contemplábamos el bodrio de un toro tras otro, a cual peor hecho, más deslucido y vacío de bravura y clase, el señorito, auxiliado por su banderillero, apenas se refería a lo que allí se veía, y en su lugar contaba una película mezcla de elogios retrospectivos, excusas, medias verdades (diciendo una cosa y la contraria a la vez) y un pastiche de generalidades que no venían a cuento. Sin otro afán aparente que ensalzar a esta grandiosa ganadería y disimular a la desesperada su fiasco en el ruedo.

Ya en el 1º, siempre con la cara por las nubes, escuchamos durante los quites que tenía mucha clase, y en la muleta la culpa de que no embistiera más de dos veces seguidas era del torero, que no acertaba con la distancia. Grandioso.  El sobrero 2º, como era de otra ganadería, no tenía profundidad, y de paso se pusieron a criticar a las vacadas que proceden de otras famosas porque no compran lo bueno, naturalmente excluyendo a la de su amigo Gallardo, que es magnífica “por una serie de circunstancias”. Fastuoso.

El 3º, quizás el más malo de todos, se nos vendió con la estrategia de la amalgama. Al principio hubo intentos exculpatorios diciendo que tiraba gañafones porque enganchaba las telas, o sea, que no era tan malo. Como aquello iba de mal en peor, se empezó a hablar de corridas de  “categoría excepcional” de este hierro, al que se acabó titulando como el campeón de las plazas de primera, aunque “no todas las corridas van a salir buenas”. Y mientras, el toro por allí tirando tornillazos, metiéndose por dentro y pegando frenazos. Apoteósico.

El 4º ya cantó desde salida lo que iba a ser, si no era bastante ver sus horrendas hechuras de dromedario. Se pegó una voltereta en varas, que le valió para excusar su nula clase y escasísima duración, y entre medias se nos decía que no paraba de mejorar, que quería humillar y hasta tenía clase y “ritmito”. ¡Atale el rabo a esa mosca!. A todo esto, veíamos al toro yendo y viniendo cansino, para acabar completamente desinflado. Sublime.

El 5º fue otro espantoso cuellicorto, un zambombo con 647 kg, cuya morfología no gustó al señorito del micro, aunque en los primeros lances se empeñó en que “colocaba la cara” (una de sus frasecitas creativas) y tenía embestidas templadas. Suelto y a la defensiva en el caballo, en la muleta iba y venía por los adentros sin querer pelea, acabando parado y rajado. Grandioso.

Y el 6º, otro zambombo patilargo (según oímos era un dechado de finura), que embistió a saltos y con la cara alta siempre, además de queriéndose ir, el comentario final fue que le había  faltado “compás”. Con dos cojones (y perdonen la expresión). Al final, como entre toda la cuadrilla no sabían por dónde salir, resultó que había pasado “algo” con los últimos toros. ¿Algo?, ¿qué? Pues eso: algo. Excelso

Disculpen por lo prolijo de la narración, pero creemos que merecía la pena comentar con detalle este caso. Luego ha venido un señor de la revista Aplausos diciendo que en realidad lo de su íntimo Gallardo fue un corridón, y que todos hemos visto visiones o somos idiotas. Y remata el ganadero afirmando que el próximo año en Madrid no lidiará 6, sino 8. Si hay alguien más chulo, que levante la mano.

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