Cuento Ymbro y sus palmeros se salen de madre en Bilbao. Compadreo chulfletesco frente a la verdad de un Juan Leal minusvalorado

Como en decenas de tardes a lo largo de los últimos años, ayer pudimos constatar de nuevo la situación real de las ganaderías del monopolio jandillista-juanpedrista, algo que jamás nadie dice ni comenta, y menos que nadie los mercaderes de la prensa, siempre en posición de saludo ante los capos del Sistema en cualquiera de sus facetas. Esta vez, el espectáculo vino de la mano de la divisa más glorificada por los soplagaitas mediáticos desde que comenzó su andadura: la por nosotros cariñosamente bautizada como Cuento Ymbro, que es una de las mayores fabulaciones rollistas en la historia de la ganadería de lidia, si no la mayor.

Y lo que vimos en cuanto al juego de los toros de esta sucursal de Jandilla fue lo habitual en todas estas vacadas que poseen este monoproducto etiquetado con diferente hierro, pero fotocopia del mismo original. En esas enormes camadas que inundan el mercado, todas cercanas a superiores a los 100 toros, de verdad de verdad embisten al año tres o cuatro animales, lo otro es quincalla o directamente detritus envuelto en papel de oro y machaconamente vendido a través de la propaganda.  La persistente realidad es que la mayoría de los toros que tienen voluntad de acomenter no duran y no humillan, y los otros, que son el 90 por ciento, se mueven entre genio, taponazo, aspereza y agresividad o, en el otro extremo, son la burra del tío Manolo, que va y viene sin molestar.  

Por parte del tal Gallardo, al que no paraban de sacar en pantalla haciendo en el callejón su habitual repertorio de aspavientos, caretos y gestos carnavaleros e irrespetuosos, todo perfecto. Por supuesto, encantado con casi todos sus toros, disfrutando y sin parar de ver toros extraordinarios de otras ganaderías del monopolio; en suma, y con perdón, descojonándose de todo y de todos. Abrazos y compadreo en directo entre él y el guasa que comanda el invento, ¡Vaya show, señores! ¡en la próxima, que se besen!

Precisamente el guasa de los gatos en la barriga habló hasta la saciedad de “calidad” y llamaba “cosas extrañas” al mal estilo y nula entrega. Para no ser siquiera periodista, ya es un maestro del lenguaje de los vendedores de burras. Buscando patéticamente la “clase” y esa parida recurrente que llama “ritmo” donde no había más que acometidas con la cara alta y rajonas, la ola de peloteo fue creciendo conforme avanzaba la corrida. Frente al mamoneo con Gallardo, contrastaba de forma llamativa la distante frialdad con Juan Leal, del que lo mejor que se dijo es que “ha hecho de todo” y “ha evolucionado”. Se puede hacer el ridículo y tener negra entraña, pero para superar las marcas de este sujeto hay que poseer un especial refinamiento en la maldad.

Ni Finito ni Garrido tuvieron mínima opción al éxito, con dos lotes de mierda. Tampoco tuvo demasiadas bazas Juan Leal, que a base de arrimarse y tirar de las embestidas en series largas, aparte de matar impecablemente, logró un triunfo irrefutable. Pero otra vez se cruzó el patético dictadorcuelo de la presidencia para perpetrar una de sus habituales cacicadas y mangarle la puerta grande. Este tipo, al que también hacen morisquetas los mediáticos en vez de pedir su dimisión, es uno de los principales responsables de la situación a la que ha llegado Bilbao, a base de reventar triunfos desde el palco año tras año. Ayer otra ruina: menos de un cuarto de plaza. ¡Y a seguir con la copla de la feria “triunfal”, caraduras!

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