Un rotundo Ureña tapa el petardo de Jandilla en Bilbao, con desvergonzado empeño mediático por salvar la cara a la ganadería

Ante todo y sobre todo, enhorabuena a Paco Ureña por su gran y merecidísimo éxito, con el cual hemos disfrutado y del que nos alegramos enormemente. Gracias a él y sólo a él, los mediáticos han tenido donde agarrarse para tapar un petardo de corrida de Jandilla en toda regla. Se salvó apenas el manejable y desinflado sexto, que aguantó algo gracias a la forma en que Ureña dosificó sus decrecientes acometidas. De los otros cinco toros, el 3º no humilló, sin admitir más de tres pases por tanda, y el 2º duró una serie;  lo demás un desastre. Corrida con la tónica de ir siempre a menos, no descolgar en serio nunca, reservarse y, en varios ejemplares sacar un claro peligro, sobre todo los dos pajarracos con guasa que le tocaron a Urdiales, que querían coger y no dejaban ni perderles pasos.  

Esto fue lo acontecido,  otra cosa bien distinta es lo que se ha dicho y escrito, como siempre en versión única, que es lo que domina en estos tiempos sin que nadie se salga lo más mínimo del carril, porque no saben, porque no tienen criterio o porque no se atreven. Y lo repetido machaconamente a lo largo y después del festejo ha sido de nuevo el peloteo a calzón quitado y sin asomo de vergüenza al hierro de Borja Domecq. Los toros reservones con instinto de pegar cornadas eran por “lo brava que es esta ganadería”; los ramplones y rajones se valoraron con generalidades vacías y echando balones fuera, y los dos manejables sin fondo bravo con los de Ureña ha triunfado por propio mérito, resulta que han sido excepcionales. Incluso algunos de los soplagaitas se han despelotado diciendo que el 6º era de vuelta al ruedo. ¡Hay que echarle morro y desahogo!

Éstos no se cortan ni un pelo y ya toman por idiota a todo el mundo. Sobre todo el guasa de los gatos en la barriga que oficia de comandante en jefe, y que, en el colmo de la desvergüenza, se atrevió a culpar al banderillero Azuquita cuando estuvo a punto de ser cogido por el tercer toro de su querido Borja Domecq al pegar un arreón para los adentros. Que el tipo no tiene decoro ni lo conoce ya es sabido por todos,  pero el detalle del comentario mencionado nos ha parecido sencillamente rastrero y despreciable.

Por cierto, y también referente al mismo sujeto, hoy sí ha habido toros que reponían buscando al torero, pero apenas se ha dicho un instante y en voz baja, porque eran de un hierro “amigo”. Resumiendo, si la corrida hubiera sido de otra ganadería no perteneciente al monopolio la crucifican, pero al ser de la factoría jandillera al final poco menos que han salido dos toros de vacas y con eso, aprovechando la gran actuación de Ureña, se camufla todo lo demás. Incluso ha machado en esa idea el propio ganadero, con un nivel de pudor y una desenvoltura más o menos semejantes a las de sus palmeros. Algo a lo que ya nos tienen acostumbrados estos chulapones del monopolio.

Sin que sirva de precedente, esta vez hay que alabar la generosidad del presidente, pero así hay que estar todas tardes en que la ocasión lo merezca y el público lo  pida, no sólo una o cuando le salga de las narices al señor. Y, sobre todo, ole por Ureña, su verdad, lo cerca que se ha pasado a los astados, su templada profundidad, su personalidad y su sentido de la medida con dos toros muy medidos de raza, a los que ha dado tiempos y oxígeno para que aguantaran y así torearlos a lo grande. Bien por tí, torero, y qué emotivo ver cómo te jaleaban tus compañeros, ¡incluso el gran y anhelado Fortes lo ha sacado a hombros!

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