Torrestrella y el camelo “torista” en los escombros taurinos de Bilbao

Por supuesto desde la distancia y a través de televisor, hemos vivido con profunda pena la corrida transmitida desde Bilbao el 19 de agosto de 2019. Se salvó la admirable y meritísima actuación de los toreros, con una lección de depurada técnica de Álvaro Lorenzo, la entrega a corazón abierto de Román y el afán desmedido por triunfar de Luis David. Todo lo demás ha sido deprimente.

Para empezar, el aspecto desolador de la plaza, con apenas un quinto del aforo cubierto, cosa que no extraña ni es nueva, pues ya son bastantes años de progresiva degradación en dicho sentido. Alguna influencia tendrá sin duda el clima irrespirable de la sórdida dictadura política de corte racial impuesto en aquellos territorios, y a la que se debe la erradicación de los toros en Vitoria, casi en San Sebastián y ahora el camino emprendido en Bilbao hacia el mismo rumbo, lo cual se nos antoja irreversible.

Y si malo es que no va nadie a los toros, casi peor es que, por lo visto hoy, de los cuatro que asisten tres y medio no se enteran de nada o de casi nada y están abducidos por la bazofia “torista”, que siempre va unida a la ignorancia. No se percataron, y menos valoraron, la solidez técnica en las distancias, los toques y el temple que exhibió Álvaro Lorenzo; ni siquiera sonaron en sus trasteos unas notas de música. La sinceridad con que Román tragó y se jugó la vida fue acogida con racanería en relación a lo arriesgado por el torero, quizás porque tampoco percibieron el peligro de sus enemigos. Sólo a Luis David le dieron cancha porque le tocaron los dos algo manejables y fue el más bullidor con algún toque populista, como el poner de largo en el caballo al 6º sin ninguna justificación, lo cual encantó al público. Y si en el cóctel incluimos al prepotente sujeto que dicta sus caprichos desde la presidencia, la cosa es incalificable.

La corrida de Torrestrella no se pareció nada a tantas magníficas que hemos visto de este hierro, como la muy buena del año pasado en Las Rozas, pero sí tuvo similitud con la que se lidió en esta misma plaza en 2018. Sacó la típica mezcla de genio defensivo, prontitud y movilidad al gusto del garrulismo “torista”, o lo que es igual, poseyó escaso fondo bravo y estuvo ayuna de clase. Ni uno humilló. Ni uno se empleó de verdad ni en el caballo ni en la muleta, y los dos que medio embistieron no duraron o empeoraron. Tuvieron eso que los cluflones denominan con la falaz palabreja de “casta”, un cuento chino para majaderos que en realidad no es sino un sucedáneo diametralmente opuesto a la bravura. En el arrastre de este género predominaron las ovaciones, e incluso una delirante petición de vuelta al ruedo, lo cual es por sí sólo es un detalle definitorio del nivel de este Bilbao .En suma, fue un encierro decepcionante para una divisa de esta categoría y tan admirada por nosotros, y lo decimos con pesar.

Lo peligroso no es que salga una corrida de esta catadura, que le puede pasar a cualquiera, sino que esto marque una línea futura, al calor de la adulación de tanto indocumentado “torista” como pulula por ahí. Caer en esa tentación facilona supondría, ni más ni menos, que despeñarse por el precipicio de la mansedumbre con mal estilo, como ya ha pasado con cuantas han picado en esta trampa demagógica. No creemos que sea el caso… ni queremos creerlo.

Anuncios
Esta entrada fue publicada en Actualidad y etiquetada , , . Guarda el enlace permanente.