Nueva agresión contra el público y el toreo a cargo de la presidencia. Digna reaparición con patético brindis de Román y gran tarde de Emilio de Justo en Valencia

Las reiteradas actuaciones de las presidencias de las plazas de toros orientadas claramente a reventar, ensombrecer e impedir la imagen de triunfo del espectáculo taurino son una constante que se repite y extiende de Norte a Sur, da igual la categoría de plaza, y que ha alcanzado extremos de alerta roja. Avisamos de ello a comienzos de temporada y lo vemos cumplirse matemáticamente día a día, igual o peor que en 2018, que ya fue escandaloso en este aspecto. Por supuesto, el cobarde taurinismo calla y agacha la cabeza.

Lo del elemento que okupaba ayer el palco en Valencia fue vergonzoso, contrario a lo que reclamaba la gente e indigno de esta plaza. El tipo se quiso sentir alguien importante, e impidió la más que legítima salida por la puerta grande de Emilio de Justo, simplemente porque le salió de las narices escupir en la cara del público, que pidió los trofeos y del torero que se la jugó, lidió y mató a ley en una tarde de gran dimensión. Reventar los éxitos es la forma más vil de acabar con la tauromaquia, y más en esta la feria de julio valenciana, que ya es hace tiempo una pálida sombra de lo que fue. Si los éxitos no tienen el premio que merecen, se frustra el ánimo del espectador presente en la plaza, se les resta repercusión externa, y al final pasan desapercibidos. Pero aquí todo el mundo traga, empezando por los más poderosos, que deberían encabezar el “hasta aquí hemos llegado”.

¿Es sólo la chulesca soberbia mezclada con ignorancia, típica de tantos chuflas, trepas y mindundis que se creen Dios por presidir o actuar como veterinarios en una corrida, o hay algo más? Lo sistemático y lo extendido de estas prácticas dictatoriales da lugar a pensar cualquier cosa, y ninguna buena. ¿Consigna política para quitar impacto a los triunfos de los toreros y, por ende, de la Fiesta, de forma que ésta siga en la oscuridad, no sea noticia y continúe agonizando en su cueva endogámica?, ¿simple cuestión de pasta?, ¿intereses empresariales de corto plazo?… No sabemos.

La realidad es que el tumor se extiende cada vez más sin que nadie tome medidas, ni siquiera lo diga, y mucho menos investigue y denuncie a los responsables , que es lo que debería hacerse ya mismo. Parecería que la más indicada para dar esta batalla contra un problema que corroe a la tauromaquia desde dentro es la “Fundación”, pero es obvio que no está para batallas. Lo suyo es la “moderación” y el buen rollito. Últimamente se dedica a pasear por callejones y barreras a políticos de extrema izquierda que ahora se han puesto la careta de taurinos, cuando hace cuatro días, en la campaña electorera, no paraban de difamar y despreciar a los aficionados y de vejar a la Fiesta.

Precisamente ayer en Valencia se encontraba un poderoso camarada del partido totalitario que lidera la anti-Fiesta, y que ahora, aparentando moderación, va poco menos que de Robin Hood de los toros. Y Román, que reaparecía con enorme mérito tras su gravísima cornada de Madrid, no tuvo otra ocurrencia que brindar a tan insigne personaje, en estos o parecidos términos: “Le brindo este toro porque su Gobierno es la mayor garantía para que se mantenga en España la libertad y la fiesta de los toros”.

Durante unos segundos nos quedamos petrificados y estupefactos. ¿Defensores de la libertad y la tauromaquia quienes más plazas de toros han cerrado por decreto en los últimos años, además de impulsar las leyes más feroces y fanáticas para reprimir, acorralar y volar por los aires la tauromaquia? Este partido abanderó la prohibición de los toros en Cataluña y lidera hoy la ley antitaurina de Baleares, así como ha suprimido los toros en decenas de ayuntamientos por toda España, el último de ellos el de Ayamonte. Es el mismo que erradicó los toros en abierto en Televisión Española y los ha barrido del Canal 9 valenciano. Hace apenas unos días acaban se ofrecer a sus socios de la banda estalinista venezolana un ministerio para imponer los “derechos animales”. ¿Todo esto lo desconoce Román? Lo decimos con el máximo respeto hacia la persona y el torero, mucho más en una tarde como la de ayer, pero nos pareció un brindis penoso.

Terminamos resaltando de nuevo la importante tarde de Emilio de Justo. Por su dimensión lidiadora, por su encaje, por su empaque, por su señorío frente a la injusticia. ¡Emilio, torero!.  

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