Gran clase de las veraguas de Aurelio Hernando y toreo de seda de Álvaro Seseña

Mañana de nubes  que vienen y van, trayendo unas escasas gotas de agua a las sedientas dehesas de la sierra de Guadarrama. Aurelio Hernando tienta un par de becerras veragüeñas que toreará el joven Álvaro Seseña, alumno de la escuela José Cubero “Yiyo”.

Y salen dos jaboneras. La primera, con el testuz meleno tan característico de Veragua, canta un galope claro desde la salida, junto a una fijeza extraordinaria. Flojea al principio, pero su bravo fondo le hace ir a más siempre, con el detalle que marca a los animales de gran clase: empujar hasta el final del pase y rebosarse en la embestida. Mediada la faena ya no hay flojedad, sino temple y entrega pura. Para disfrutar el toreo.

Y así fue, porque Álvaro Seseña lo bordó. El inicio fue clave: varias tandas por alto, sin un toque, sólo enseñando el vuelo del engaño, acariciando desde el embroque y rematando por alto, todo a favor del animal.  De ahí para adelante, la vaca cada vez embistió mejor, y la faena, siempre pulseando a ralentí, adquirió una dimensión extraordinaria por profundidad, por el trazo larguísimo de los muletazos y su redondez por abajo en los remates, haciendo “ochos”, en los que la vaca seguía el engaño embebida hasta los flecos. Temple sublime, variedad y toreo muy ceñido y encajado, si pizca de afectación, Por encima de todo, un gran sentido lidiador.


La segunda, también buena y, sobre todo,  muy a más,  y ello porque el torero corrigió los pocos defectos y potenció las virtudes del animal.  Y otra vez brotó el toreo a cámara lenta, pasándose la vaca por la cintura, llevándola hasta el final y acabándolo por debajo. Y cuando a la jabonerita se le pidió lo máximo, ésta lo dio sin afligirse, igual que su hermana de camada.

Clase brava y toreo de seda, y de inteligencia ¡Qué lujo y qué alegría!

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