México se asoma al abismo de la perversión “torista”

Estamos observando horrorizados el contagio de esa lacra autodenominada “torismo” que se está inoculando desde España y Francia a México. Es una ola suicida y letal para esa joya única en el mundo que es el toro mexicano, tesoro genético creado por generaciones de grandiosos criadores que continuaron y mejoraron la obra magna de don Antonio Llaguno, y cuyo legado ahora está en riesgo. La despersonalización del toro y del toreo mexicano es una amputación que la Fiesta no puede ni debe permitirse.

El clásico toro mexicano, bello y fino de hechuras. Puro Saltillo de la ganadería de San Mateo, creación del genial don Antonio Llaguno. Nada que ver con el mastodonte cornalon que quieren imponer los nuevos “toristas”. Foto: El Ruedo

Todo apunta a que en México se está reproduciendo el nefasto proceso que vivimos en España desde los años 70 de la mano de la prensa corrupta, veterinarios cómplices y pequeños grupos de mafiosos reventadores, que llevó a la eliminación masiva de castas bravas, el destierro de numerosas ganaderías hasta su extinción y a la desaparición de las hechuras clásicas específicas de cada sangre y ganadería, igualadas en el patrón fraudulento del mastodonde cornalón. Cada día vemos en ruedo mexicanos más toracos cornalones de horrendas hechuras y pésimo juego, como si estuviéramos en Madrid, en Cenicientos o en Ceret.

Y también como siempre, porque son patologías inseparables, junto a la adulteración del tipo cabalga el fraude en la bravura. Lo grandioso se execra y se sustituye por lo zafio y vulgar. Lo excelso por la farfolla ramplona. El toro fino y armónico con categoría en la embestida por el búfalo destartalado, agresivo y manso. La bravura con clase y temple por el genio amoruchado y el camelo de la “movilidad” a taponazos. La largura humillada por la cortedad a la defensiva y la media altura. Lo profundo por la baratija superficial. ¡Menudo negocio para el toreo en México: imitar a los reventadores del 7 de Madrid !  

Las estrategias, falsedades y palabrería son idénticas. Se basan en el manejo permanente de cuatro tópicos simples y rotundamente falsos, es decir, en la mentira repetida un millón de veces. Ahora tiene por altavoces a lechuguinos mediáticos sin escrúpulos,  chuflones blogueros que van de “periodistas” sin serlo y la banda de indocumentados y matones “toristas” de Twitter. Su palabreja favorita y prostituida por ellos es la “casta”, bajo la que ocultan la mansedumbre con resabios y el instinto defensivo y cobarde.  Porque el toro bravo lo es cuanto más se entrega con nobleza y más dura, no cuanto más se mueve, más se defiende y antes se desinfla. Es decir, el bravo es justo lo contrario de lo que le gusta a estos cavernícolas.

Otra de las perversas constantes del “torismo” es la insidia y el permanente ataque difamatorio contra las grandes ganaderías, mientras se magnifican como “puras” y “auténticas” a divisas fracasadas, vulgares, carentes de bravura o directamente amoruchadas. Precisamente ahora, y nada menos que en la plaza México, se ha vetado a ganaderías tan grandiosas como la de Teófilo Gómez. Igual que pasó en Madrid con las de Núñez, Atanasio, Galache y Juan Pedro en los años 70 y 80. Una locura y una vergüenza suicida.

Con toros de la extraordinaria ganadería de Teófilo Gómez se han realizado decenas de faenas memorables en La México, como ésta de Morante en 2006. Hoy, el “torismo” ha vetado esta divisa en el coso Monumental (Foto: 6 Toros 6)

Y en esta orgía de difamación participan activamente, allí como aquí, ganaderos mediocres, oportunistas y desaprensivos (algunos de viejo pedigrí, que son los peores) a los que lleva décadas si embestirles ni un toro, y que ahora ofician de apóstoles e iluminados del “purismo” y la supuesta “autenticidad”.  Envidiosos y largones, siempre contra los toreros y los ganaderos de categoría a los que ellos jamás podrán ni acercarse. Porque ni saben ni quieren, y porque lo fácil es seleccionar el manso con genio, estos desvergonzados se refugian en la bazofia del “torismo”.

Y siguiendo con los paralelismos, la deriva “torista” también tiene en México otra cara, ciertamente sin el matiz deleznable de la anterior, pero que aboca al mismo resultado. Nos referimos a la proliferación de subproductos Juan Pedro-Jandilla, a modo de colonia del monopolio español. Por desgracia, incluso ganaderos de ilustre raigambre, están cegados ahora con la “movilidad” engañosa y carente de clase habitual de ciertas marcas domequistas. ¡Perder lo extraordinario de Mimiahuapan  para cambiarlo por la vulgaridad de un Cuento Ymbro es de apaga y vámonos!

Si liquidan el toro mexicano se perderá para siempre una parte sustancial de la tauromaquia, y no sólo en México. Porque la embestida a cámara lenta, larga y humillada de los saltillos aztecas ha sido durante 100 años materia prima del toreo sublime y, por ello, factor clave en la evolución de este arte hacia sus mayores cumbres. Y si se cargan el tipo, se cargan la embestida. Su pérdida sería un crimen contra México y contra el toreo.

La autenticidad es el toro en tipo, bravo y noble; el autodenominado “torismo” siempre ha sido, es y será fraude, ignorancia y engaño.

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