El linchamiento televisivo del Juli y su acomplejada actitud salpican a todo el mundillo taurino

Lo de El Juli dejándose calumniar públicamente en la telebasura por un sujeto que ejerce como comisario de la secta política animalista supera todo lo visto, aunque no había que ser un genio para imaginárselo.  El perdonavidas totalitario mal llamado presentador escupió en la cara al torero llamándole “asesino en serie”, y éste se la envainó, siguió allí sentado, tragando y haciéndole el juego, en vez de responderle como era debido, irse de inmediato y dejarlo con el eructo en la boca.

Es inimaginable que cualquier figura del torero de verdad, un Ordóñez, un Luis Miguel, un Camino u otro de esa categoría, hubiera soportado algo parecido, no ya igual.  Lo primero es que ninguno de ellos se habría rozado con ese tipo de gentuza, y mucho menos caído en su burda trampa. Y llegado el caso, si un soez charlatán se atreve a denigrarlos de esa manera, él y su repugnante comparsa no lo olvidan hasta el fin de sus días.

Primer error fatal: El Juli fue voluntariamente a la caverna mediática del totalitarismo y frente a un individuo de conocido talante represor. Segundo, y más grave: no lo hizo para pelear con firmeza y con argumentos de fondo, los de la libertad y la cultura,  sino en plan apaciguador, siempre a la defensiva y ya directamente de rodillas cuando el calumniador le escupía. El Juli jamás pasó al ataque, y tenía muchos argumentos en su mano, por ejemplo: ¿qué derecho tienes tú y tus amigos a prohibir la tauromaquia y a agredirnos de palabra y obra?, ¿acaso pertenecéis a una casta genética o ideológicamente superior?, ¿quizás os viene de una ideología que lleva a sus espaldas una secuela histórica de muerte, terror y miseria allí donde se ha implantado?

El Juli se creía (o le hicieron creer sus sabios consejeros)  que por aceptar la “invitación”  e ir de buen chico la fiera le iba a tratar bien.  Craso error, era la típica encerrona en la mazmorra del déspota “analfaprogre”, tantas veces probada con éxito con tontitos cobardones. No conocen a estos manipuladores sin escrúpulos, demagogos baratos pagados a precio de oro, sembradores de odio y propagandistas de los que pretenden establecer una tiranía. Como otros “mariacomplejados”, pareció que El Juli iba al WC televisivo para hacerse perdonar por existir, a dialogar en buen rollito con quien sólo quería aplastarlo, vejarlo y ridiculizarlo, y acabó pisoteándolo a placer. Le está bien empleado, igual que a todos esos que abogan por la rendición preventiva que sólo lleva a la derrota.

Después, como no podía ser menos, el portal Mundotoro salió servilmente a calzón quitado intentado disimular el lamentable esperpento de El Juli, y no se le ocurrió otra cosa que el sólido argumento de que “estuvo muy educado”. De coña, o más bien para llorar.  Ya habéis comprobado por dónde se pasan estos miserables lo que llamáis  educación. A la vista de todos ha quedado de manifiesto el éxito de la estrategia de “acercarse a ellos para conocernos” que planteó ese genio de la comunicación tan amigo de El Juli precisamente también desde Mundotoro, ¡qué casualidad!

La penosa actuación del Juli en su linchamiento ante las cámaras no es una anécdota pasajera, sino que se trata de un síntoma que delata la gravísima enfermedad enraizada en una parte de la sociedad, los que pegan y los que se dejan sacudir sin hacer nada, y que a nuestro modesto juicio ya no tiene remedio. Por si contribuye a aclarar algo, les dejamos una frase que se publicaba hace unos días en un siniestro panfleto digital de signo extremista sobre la agresión sufrida en la calle por el líder político del Maricomplejinismo: “¿No es cristiano?… ¡pues que ponga la otra mejilla!”, decía una camarada revolucionaria.  Así es como procesan mentalmente estas bestias, ¡a ver si os enteráis de una vez!

Casi para terminar, inevitablemente, nos surge una pregunta:  ¿se ha querellado El Juli por calumnia contra el tío que le ha llamado públicamente asesino en serie? Pues lo mismo que el político aludido: No. Así pues, ya saben lo que tienen que hacer a la próxima: ponerla otra vez.

El problema no es que agredan al Juli, sino que el mensaje va dirigido y proyectado hacia todo el mundo taurino. Es decir, lo que en el fondo parece indicar  el vulgar dictadorcete de la telebasura es que para él todos los que gustamos de la cultura del toro bravo somos asesinos en serie. Ahora queda por ver si los demás también seguimos poniendo la otra mejilla o luchamos en serio, porque en unos pocos días puede abrirse la veda contra nosotros en su fase final.

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