Mundotoro asume la retórica del enemigo y confunde la estrategia

Pocas veces uno ha sentido más estupor en su vida de aficionado que tras la lectura en el portal Mundotoro de la pieza “Expulsados”. Todo un alegato de rendición ante la mayor amenaza de la historia de la tauromaquia, aunque envuelto en el empalagoso y afectado barroquismo verbal habituales en el autor. Pero si desbrozamos la cursi farfolla de vaguedades e inconcreciones, la idea que queda es muy simple: “no nos quieren… algo habremos hecho… es lo que nos merecemos…”. O sea, el síndrome de Estocolmo: la víctima cree que su verdugo tiene razón, o incluso que éste posee algún tipo de superioridad moral.

Además de la autoinculpación, el síntoma más llamativo que delata la postración ante los que vienen a cortarnos la cabeza es que se adoptan sus prejuicios y lugares comunes. Cuando se habla repetidamente del “pueblo” en contraposición a la “fiesta pija”, la idea que claramente subyace es la lucha de clases, dogma doctrinal básico de los inquisidores. Aparte de cavernícola, es un tópico carente de sentido alguno en el contexto taurino, totalmente artificioso y falso, porque la gente que va a los toros, como a cualquier otro espectáculo, lo hace porque le gustan, con independencia de su clase social o a quién vote. En el tendido nos mezclamos todos y nos vinculamos por nuestra pasión común.  La Fiesta es ajena por completo a estas teorías del rencor, y al utilizarlas se cae en la casposa demagogia del enemigo.

Viene a decirse en Mundotoro que “el pueblo” no siente como suya la Fiesta, que ya no está presente en su vida cotidiana. Pero, ¿quién es del “pueblo” y quién no lo es?, ¿todos los que son del “no pueblo” son “pijos”?, ¿dónde está la frontera que separa a unos y a otros?,¿quién se atribuye el derecho a determinar estas categorías?… a ver si se aclara, profundiza un poco más y nos explica esos pequeños matices. Los maniqueísmos simplistas que dividen a la gente de esta manera son simplemente enredos para crear una dinámica de enfrentamiento donde no existe, como bien saben los que basan su actuación en dicha táctica desde la política. Uno de los problemas que tienen estos pijos (ellos sí) que van de progres, es que viven en permanente contradicción, y siempre les sale el punto de elitismo autoritario, porque al final son ellos, una casta de elegidos, quienes etiquetan y discriminan a los demás, quienes imponen cómo debemos comportarnos los otros.

Pero fuera de cortinas de humo demagógicas, hay varias razones que explican el distanciamiento de una parte de la sociedad respecto a la Fiesta, cosa que tampoco es nada nueva. Ya sabemos de sobra que los estamentos taurinos son en general cerrados y comunican mal o peor, y también que el torero es reino de la picardía, que cada uno va por su lado y todos a remar para casa, pero ni más ni menos igual que pasa en ámbitos como el deportivo, infinitamente más podrido. La diferencia es que el deporte sí cuenta con el apoyo político-mediático, y el torero no.

Precisamente,  el motivo fundamental de que la Fiesta sea poco visible en la sociedad está en los que conceden esa visibilidad, y en ese sentido nuestro espectáculo se enfrenta a la estrategia de silencio, ignorancia, mentira y linchamiento impuesta hace algunos años desde la política al aparato mediático-televisivo de manipulación y propaganda que domina en España, modela las mentes y pastorea al rebaño. Aquí funciona de forma aplastante la teoría de la “aguja hipodérmica”, según la cual los medios de comunicación inyectan una visión de la realidad en las masas, y aunque ésta sea parcial, falsa o interesada, si se repite de forma continua la gente la acaba por asumir como verdadera. Eso se llama totalitarismo y manipulación en estado puro.

Para la inmensa mayoría, la realidad no existe si no la ve en televisión y da versosimilitud a lo que le cuentan allí, que en un 95% de las veces va en la misma línea. La casta de comisarios del pensamiento único, cutre y guarrindongo (todos ellos millonarios) actúan como palanca de poder esencial de los que quieren acabar con todo y con todos los que no comulgan con sus dogmas. En este opresivo ambiente de realidad virtual o Matrix televisivo, la tauromaquia no existe, salvo para denigrarla, cosa que el autor de la pieza sabe perfectamente, lo que pasa es que no se atreve a decirlo.

Aparte del nefasto influjo mediático, hay dos factores autodestructivos que colaboran  desde dentro, de forma muy especial el espectáculo fofo, rutinario, monótono y previsible impuesto por el monopolio taurino al que aplaude sistemáticamente el de Mundotoro, y, en menor medida, la versión brutal de circo romano que quiere el “torismo”. Ambas líneas extremas abocan a lo mismo: transmitir una imagen penosa de la Fiesta, ahogar su potencial de crecimiento y desmotivar a los posibles clientes. Y a pesar de tener todo en contra, son varios millones de personas las que asisten a las plazas de toros y aún más las que valoran la tauromaquia, cosa que el de Mundotoro también obvia en su claudicante sermón.

Por si había alguna duda sobre el mensaje, hacia el final del texto el autor lo deja claro. La estrategia por la que aboga es, literalmente, “acercarse a ellos para empezar a conocerse”. ¡Como si hablara de un ligue!, ¡qué yupi y qué guay! …o sea, ¿dialogar con los que llegan con la lata de gasolina y la cerilla para quemarnos?, ¿pedir perdón por existir a los que buscan convertirte en cenizas?, ¿dar un besito a los que vienen a machacarte?… No nos haga reír ni nos tome por imbéciles. A un fanático iluminado no le valen argumentos ni razonamientos buenistas, actúa con las vísceras y la coacción. ¿Sirvieron de algo las idas y venidas al parlamento catalán?, pues aún menos va a servir pasar la mano por el lomo del tiranosaurio totalitario, más que para que se cachondee y nos triture con más ansia. Lo primero es que quien agrede, insulta, denigra y quema coches deje de hacerlo, renuncie a la violencia verbal y física. Y a la vista está que de renunciar nada, sino al contrario.

Aquí no tenemos afecto a ningún partido, ni afinidad política alguna; no es nuestro tema ni nos interesa. En todo caso, desconfiamos del poder o de sus aspirantes por sistema. Pero hay que tener clara una cosa esencial: lleve la etiqueta que lleve, si alguien viene a robarnos nuestra libertad y nuestro patrimonio cultural, a destruir la maravilla del toro bravo y su mundo, en ese momento deja automáticamente de ser legítimo, por mucho aparato de propaganda, pasta y poder que tenga detrás. Los dictadores carecen del derecho feudal para imponer por decreto o por la fuerza sus gustos. Nadie que quiera machacar a otro ni reventar la convivencia puede pedir respeto ni pasar por respetable o normal.

Por lo tanto, que se deje el de Mundotoro de hacer jueguecitos retóricos con su habitual pose relamida e impostada de protestatario ante no se sabe quién y hacia no se sabe dónde. Nadie con las ideas medianamente claras se va a confundir. El monstruo liberticida quiere liquidar el toreo allí donde pueda, y lo hará. Por eso, donde se produzca la agresión o la prohibición, la estrategia no es el perfil bajo, que consiste en arrastrarse por el suelo o gimotear. Los represores tienen que percibir nítidamente que si quieren matar a la tauromaquia no les va a salir gratis. No hay más actuación que la oposición frontal, la denuncia sistemática montando todo el ruido posible y la lucha activa en legítima defensa y en todos los frentes legales. La represión o la violencia que quede para ellos, pero la firmeza tiene que ser nuestra.

Y a todo esto, ¿dónde están las llamadas figuras del toreo, especialmente ese “coloso” íntimo del señorito de Mundotoro?, no se les ve el pelo ni se les oye, y cuando dicen algo, como hizo Talavante en Tendido Cero, delatan un gazpacho mental absoluto. Hasta ahora, los únicos que han tenido la dignidad y la valentía de hablar claramente han sido la Unión de Criadores de Toros de Lidia y el portal Aplausos, que diariamente informa sobre la verdad de lo que está pasando y lo denuncia públicamente, mientras otros disimulan y ocultan, mirando al tendido de la demagogia.

Hay una cosa en la que el de Mundotoro sí tiene razón: aquí nos conocemos todos, y algunos no se caracterizan precisamente por su altruismo, por lo que, dicho con todo respeto, lo mejor es la discrección.

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2 respuestas a Mundotoro asume la retórica del enemigo y confunde la estrategia

  1. Veterinarios Taurinos de Andalucia dijo:

    Tiene absolutamente toda la razon.Enhorabuena por su blogs

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