Los reventadores de Madrid no cambian ni cambiarán

Aún no llevamos una semana de feria y ya ha habido unos cuantos episodios de ignorante demagogia, ruindad y miseria moral, típicos de la minoría totalitaria y cateta que sigue condicionando en gran medida lo que ocurre en Las Ventas antes, durante y después de la corrida. Y todo ello con la necesaria colaboración de una “autoridad” acobardada o, en muchos casos, cómplice de los delirios, maldad y analfabetismo cesarista de los talibanes. Se dice que ahora hay menos crispación, pero la realidad es que, habiendo mejorado alguna tarde, el clima de la plaza dista a años luz de ser el normal en un espectáculo al que se supone que se va a disfrutar. Así será mientras esta chusma siga imponiéndose, lo que pasa es que algunos ya se han acostumbrado, o no les va mal así.

La prensa continúa sin atreverse a denunciar frontalmente, desenmascarar y pedir la expulsión de estos pájaros. Eso cuando no sigue colaborando activamente con ellos o riéndoles las gracias, especialmente el viejo demagogo del bigote teñido, que, si bien amansado al calor de la pasta (lo único que le interesa y le ha interesado siempre) aún da coba al grupo de cafres que él mismo creó junto a sus desaparecidos cuates Navalón, Mariví y Vidal, siniestro grupete que inoculó la patología que 40 años después sigue emponzoñando la plaza de Madrid.

Con este cuadro, no es de extrañar que pase lo de siempre, y eso que aún no han llegado las llamadas figuras. Lo más vil es que la crueldad, la burla y el desprecio también se ceba ya con toreros modestos y novilleros, a los que se les pita e increpa durante las faenas o directamente se les roba trofeos ganados en buena lid, hasta regados con sangre, y pedidos por la inmensa mayoría. Y ello porque a los cuatro cerriles de esta banda se les pone en las narices y el presidente o se acongoja, o es tan prepotente e ignorante como ellos. Miren lo que le pasó a Gonzalo Caballero, o al pobre Paco Ureña, entre otros.

Y si hablamos del toro, tres cuartos de lo mismo. Por mucho que los reventadores digan una y otra vez que no les gusta el toro grande, su comportamiento va siempre en la misma dirección. Así, el pasado domingo berrearon ruidosamente por la presencia de dos toros de Valdefresno con trapío más que sobrado, precisamente los dos que no llegaban a los 500 kg, ni falta que les hacía. Las fotografías de ambos morlacos hablan por sí mismas sobre su seriedad. Sin embargo, no hubo berridos contra el feo y bizco colorado de casi 600 kilos que cerró ese mismo festejo, y mucho menos respecto los mastodónticos gayumbos de Pedraza de Yeltes corridos el pasado martes, a los que aplaudieron de salida. Así que ya pueden decir misa: siguen babeando con el mastodonte, y si es cornalón aún más, porque llevan al buey en la masa de la sangre.

Valdefresno-a-489 kg.Valdefresno-480 kg

 Los dos toros de Valdefresno que protestaron los reventadores el pasado domingo por no llegar a los 500 kilos de peso. Obsérvese su seriedad y astifinos pitones.

Lo mismo o peor que con la presentación pasa con la valoración del comportamiento: no se enteran de nada más allá de los cuatro falsos tópicos a los que se agarran siempre. Ni saben ver al toro, ni saben de lo que hablan, ni captan los matices esenciales de la lidia, porque no tienen ni puñetera idea de esto. Lo de exigir que vayan de largo al caballo todos los toros porque sí, aun los que mansean con descaro, ya pasa de castaño oscuro. La confusión sistemática de la movilidad con la bravura aún es más gorda. Lo malo es que en este aspecto, el desconocimiento de casi todo el público y bastantes periodistas es casi tan enciclopédico como el de los reventadores, y por eso cuela todo.

Así hemos visto el rollo de ese “gran toro” de Fuente Ymbro que, aparte de acudir con mucha alegría al primer cite (siendo esto llamativo) e irse lejos por inercia, a partir del segundo muletazo ya acortaba la embestida claramente, además de protestar, humillar poco o nada, escarbar, berrear y, sobre todo, ir muy a menos a lo largo de la faena. A lo sumo, un toro aceptable y con interés, especialmente para la galería. Lo típico de esta ganadería, por mucho que sus cantores de la prensa se empeñen en sublimarla y su dueño en chuflear y largar por el callejón. Encima, los abencerrajes crucificaron a Paco Ureña como si se le hubiera escapado el toro del siglo. Falso e injusto por completo. El fallo del torero fue, precisamente, dejar que el animal pareciera mucho mejor de lo que era a ojos de los que no saben nada o se pasan de listos.

Los reventadores ya han espantado a una parte considerable de los abonados, porque con ellos es casi imposible ir a disfrutar del espectáculo. De cara al público en general o con interés por acercarse a la Fiesta, su matonesca y palurda actitud es nociva para cualquier ser humano mentalmente sano, sepa o no sepa de toros, e incita a que esas personas no vuelvan más a la plaza. Enfin señores, que lo de Madrid no cambia. Y si este año llevamos una feria con triunfos casi todas las tardes es porque muchos toreros se la están jugando de verdad. Lo demás son cuentos, ignorancia, mala leche o todo a la vez.

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Una respuesta a Los reventadores de Madrid no cambian ni cambiarán

  1. Io mismo dijo:

    El de la primera foto, de nombre Pitillero, 488 kg. (creo), precioso. Barba Azul, completamente distinto, de los hermanos Lozano, tremendo elemento tb. Y Agitador, de FY, aunq en su línea, buen toro; ni musho menos para vuelta al ruedo, ¡eso sería ya el cachondeo!

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