El Juli y el monopolio juampedrista anulan a Perera

Tras el gran éxito de Perera en Madrid con la corrida de Adolfo Martín, parecía que el extremeño estaba en el momento óptimo para cortar de una  vez con esta cancerígena espiral acomodaticia que ahoga el toreo desde arriba, con El Juli y sus cuates del monopolio juampedrista  a la cabeza, y el amo Matilla que mueve los hilos y rebaña entre bastidores.

Algunos nos ilusionamos ingenuamente con la posibilidad de que Perera cambiara el ritmo y obligara a cambiarlo al resto, y lo hiciera en base al toro; que apostara en las grandes ferias por ganaderías de otras castas con las que él si ha demostrado una capacidad de triunfar que los demás no tienen o han olvidado. Existía la posibilidad de sacar del sofá al endiosado dictadorcete de Velilla y acabar con su juego, que es el de sus amanerados comparsas  del llamado G5 y su endogámica pandilla ganadera. Pero no ha sido así, sino al contrario.

Perera no ha querido o no ha podido tirar del carro y dar ese salto cualitativo que necesita urgentemente la Fiesta para oxigenarse y alcanzar otra dimensión como espectáculo total, donde la variedad, la emoción de lo imprevisible y lo sorprendente actúen como revulsivo y motor para enganchar otra vez al gran púbico. Pero ni en sueños.

Miguel Ángel ha preferido seguir bajo la sombra del despotín de Velilla y del sistema enfermizo que representa, y ahí se ha diluido como un azucarillo. En menos de dos meses, ya nadie se acuerda de su doble zambombazo de Madrid, ni ha influido lo más mínimo en los esquemas de la temporada. Su campaña es buena, pero átona, monocorde, estándar. Cumple su papel, como los otros, pero está muy lejos de lo grandioso y arrebatador que se necesitaría en este momento y que caracteriza a un verdadero mandamás del toreo.

Con el sota, caballo y rey del monopolio  juampedrista siempre gana el Juli, que cada día emerge con más nitidez como un elemento de nefasta influencia. O rompes con el rollo, o te engullen cual marioneta, y eso le ha pasado a Perera, no sabemos si por falta de personalidad, de ambición o de visión. El caso es que con los danielitos, los garcigranditos y los cuvillitos no hay diferencias que marcar, sino toreo estereotipado para un mismo producto cornudo, por mucho que le pongan diferente divisa.

Y si el coto es cerrado, cada día se cierra más. Lo este año aún supera al anterior, incluso en las ferias de los hijos de Manolo Chopera, donde (salvo Bilbao, de momento) ya no lidia ni una sola ganadería que no sea del maldito clan juampedrista. Ahí tienen el bochornoso caso de Logroño, por no hablar de Almería y las demás, donde ya el 100% de las ganaderías anunciadas son del monoproducto.

Para terminar de componer el mapa, añadimos dos notas que a nuestro juicio son harto significativas, al menos por lo que representan: la entrada en escena del señor Bailleres (amo y señor absoluto del torero en México y con grandes aspiraciones aquí) con la compra de Zalduendo y la millonaria venta de la ganadería de Domingo Hernández a un magnate ruso, que también va a pagar otra millonada al vendedor en concepto de “asesoramiento”. Esa es la deriva que estamos tomando hacia el abismo. Bastará con que llegue al poder un demagogo estalinista tipo venezolano o ecuatoriano, y sólo con que sople (ya ha puesto por escrito que va a hacerlo)  todo se desmoronará en un suspiro.

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