Chulería veterinaria, o algo más…

La Semana Santa nos sorprendía con un nuevo escándalo protagonizado por un equipo de veterinarios de Madrid. Uno más en el nefasto historial de esta intocable casta que impone feudalmente sus caprichos cuándo, cómo y a quien le da la gana. La víctima ha sido una corrida cinqueña con cuajo y seriedad más que sobrados de la ganadería de Los Bayones, rechazada con la estrafalaria excusa de la “falta de trapío”. Mentira total y absoluta, porque es una “tía” y ahí están las fotos y los toros en el campo para demostrarlo.

Han quitado de escena una gran corrida de una intachable familia ganadera (que lo es con todas las letras) y lo han hecho por el forro y con las despóticas maneras que gastan siempre. En su lugar, colaron seis horrendos bichos con pinta de bueyes, y así salieron. Pero les da igual. Es lo que les gusta y hacen lo que les sale de las narices, sin rendir cuentas a nadie y sin responsabilidad de ningún tipo. Juegan con el prestigio y el dinero de los demás, y se ríen de todos a carcajadas mirándonos por encima del hombro.

Ciertamente, los dictadorzuelos tienen más que acreditado su desconocimiento de lo que es el toro bravo en general y el trapío en particular. Empezando porque no hay un único trapío, sino tantos como castas, y a partir de ahí se pierden en su ignorante soberbia. A lo sumo, asocian la seriedad al mastodonte con cuernos, y no siempre, pues en la práctica aplican el aberrante dogma “torista” unas veces sí y otras no, según quién sea o convenga. Como tienen más cara que espaldas, encima van de salvadores de la Fiesta y de perdonavidas, los mismos que han destrozado el tipo clásico del toro de lidia y sentaron la base para la destrucción de la variedad de castas.

Esta vez iba a la cabeza del equipo “facultativo” un tal Cipriano, individuo de amplia y conocida trayectoria que más de una ocasión se ha jactado en público y con aspavientos de rechazar la corrida de tal y cual ganadero. Por si había dudas, va y larga en un portal taurino unas declaraciones que muestran perfectamente la entidad y nivel que gasta el elemento. Citamos literalmente de Mundotoro: ‘No, bueno. Los pitones de algún toro no venían del todo bien… y había tres toros cinqueños, que en el campo adquieren algunos rasgos concretos… En definitiva, eran toros buenos pero nos ha parecido que no servían para la plaza de toros de Madrid’. Sin comentarios.

Nos cuentan que el subsodicho no sólo actúa como veterinario en Madrid, sino que está o ha estado metido en el plato y en las tajadas, ejerciendo como ganadero, apoderado, empresario y otros respetables negocios taurinos. En tal sentido, el portal Glorieta Digital aporta algunos otros datos reveladores cuya lectura aconsejamos vivamente.

También es coincidencia que el año pasado otra corrida salmantina y de la misma sangre Atanasio-Lisardo (pero aquella vez con el hierro de Valdefresno) sufriera el arbitrario rechazo de varios toros sin ninguna lógica ni justificación, en otra dantesca y extraña maniobra veterinaria. ¿Un trasfondo de intereses y venganzas del amo Matilla?. Por cierto, nos dicen que la gente de Los Bayones tampoco le cae muy bien al todopoderoso jefazo…

No hace falta ningún enemigo externo, con la morralla de dentro basta y sobra para arruinar por completo lo que queda de la ganadería brava y dejar la Fiesta en escombros.

Nuestro apoyo total a la familia de Los Bayones, y la repulsa absoluta hacia  la flagrante injusticia cometida por una casta con cuyos privilegios y despotismo hay que acabar de una vez por todas. Terminaron la temporada 2013 con la canallada a los santacolomas de Ana Romero en Zaragoza, y empiezan este con otra parecida a los lisardos salmantinos. ¿Cuál será la siguiente y hasta cuándo vamos a aguantar sus arbitrarias actuaciones sin denunciarlas cuantas veces sea preciso?. Nosotros ni una más.

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7 respuestas a Chulería veterinaria, o algo más…

  1. Juan Antonio Medina dijo:

    ¿ Alguien sabe como se puede recusar a un veterinario por causas motivadas y justificadas?

    • Es sólo una intuición, pero es de temer que tal posibilidad no exista. Éstos tipos gozan de poder absoluto y son intocables; ejercen como auténticos caudillos con total discreccionalidad. Además, no olvidemos el brutal gremialismo endogámico del sector, típico de estas castas feudales acorazadas por el Régimen e instrumento del feroz intervencionismo político que nos asola en todos los órdenes.

      Sólo queda la denuncia sistemática de sus tropelías por todos los medios que se pueda, porque los del oficialismo no se mojan, y los “toristas” los apoyan tácitamente. No hay más que ver cómo se han puesto unos y otros de perfil en un caso tan escandaloso.

      Gracias.

  2. Alvaro dijo:

    Creo que juzgar a un colectivo por el comportamiento de un indivíduo es completamente injusto, somos muchos los veterinarios de espectáculos taurinos que remamos para que todo salga de la mejor manera posible y defendiendo los intereses, sobre todo, del público que es el que paga. Precisamente esos taurinos (jefazo) a los que se refiere el artículo son los que quieren que los veterinarios salgan de los reconocimientos previos, para así colar lo que les venga en gana. Aún así, que cada individuo sea responsable de sus actos.

    • Ante todo, gracias por su mensaje. Merece la pena comentar algunas cosas del mismo:

      – Evidentemente, todos los veterinarios de plaza no son iguales, eso está claro. Recordamos como ejemplo ilustre a don Ramón Barga, todo un señor y extraordinario profesional. Pero tan cierto como eso es que durante décadas ha habido decenas de corridas serias y en el tipo de su raza (es decir, ni grandes ni cornalonas) que han sido rechazadas o descabaladas de manera absolutamente arbitraria, y encima jactándose de ello los responsables, sobre todo si era en tardes de figuras, pero ahora ya en cualquier día. Quienes llevamos visitando el campo bravo hace más de 30 años hemos sido testigos directos de muchas de estas tropelías veterinarias, cuya consecuencia final ha sido el destierro y aniquilación de ganaderías históricas y castas completas. En suma, algunos equipos veterinarios fueron y siguen siendo el instrumento de imposición del llamado “torismo”, que tan horrendas consecuencias ha tenido para la Fiesta. Negarlo es negar la evidencia o tomarnos por idiotas.

      – El interés del público lo determina éste en el ruedo, y por mayoría. Los más son los que más dinero pagan, ¿o no?. Ni los veterinarios, ni los presidentes, ni una minoría de reventadores tienen derecho alguno para arrogarse tal papel. El publico es quien debe juzgar libremente lo que le gusta y lo que no, y actuar en consecuencia. Dejemos el paternalismo barato para las dictaduras, y no confundamos el interés general con el particular de ese grupo matonesco de “aficionados” que en Madrid impone al resto sus disparatados dogmas a base de gritos, insultos y agresiones, y cuyos gustos ganaderos parecen compartir los veterinarios. No podemos olvidar que este grupúsculo autodenominado “la afición”, cada vez más ignorante y fanático, fue organizado y alentado en los años 70 por varios periodistas al servicio de algunos grandes empresarios de la época.

      – A nuestro entender, los veterinarios de la plaza deberían limitarse a certificar la idoneidad física de los animales para su lidia, y punto. Juzgar el trapío es una cosa mucho más seria y complicada, que requiere un conocimiento profundo respecto a la tipología característica de cada raza y ganadería, además de una equidad absoluta e independencia en los juicios.

      – Las ideas preconcebidas sobre los “taurinos” que, según usted dice, quieren “colar lo que les da la gana”, son por sí mismas suficientemente elocuentes sobre su talante. Es el dogma fundamental en el catecismo del buen “torista”, ¡qué coincidencia!. Pero le recordamos que hay muchos tipos de fraude, y el mayor en la historia del torero ha sido el mastodonte cornalón que nos llevan imponiendo hace décadas y que ha destruido el tipo clásico del toro de lidia, de paso dando al traste con la variedad de castas. Plantear el tema como una pugna entre malvados defraudadores y angelicales defensores de la pureza es una mojiganga ya muy vista. Y mucho más si unos y otros reman en la misma dirección con la excusa del “torismo”.

      – La palabra responsabilidad nos encanta. Esa es la cuestión, que quien juega con el prestigio, el buen nombre y el dinero ajeno debe afrontar las consecuencias; si le sale gratis, seguirá haciendo lo mismo. Por eso hay que acabar con la omnipotencia de una casta privilegiada de intocables “salvadores de la Fiesta” que lo que hacen es hundirla aún más, que no salvan nada ni a nadie, más que sus propios intereses, su soberbia y su afán de protagonismo.

      • Alvaro dijo:

        Por alusiones me veo obligado a matizar sus matices, creo que por abreviar, no dejé claro en mi anterior comentario lo que realmente quería decir. Gracias a Dios no ejerzo en las Ventas, ejerzo en plazas de tercera, donde no tenemos la desventaja de pesar los toros y de ese modo confundir las churras con las merinas.
        Yo no llevo 30 años vistando el campo bravo, tengo unos pocos más, pero llevo 15 ejerciendo en las plazas de toros, y generalmente con el monoencaste (tan depauperado, en algunos casos injustamente, y tan impuesto, no nos equivoquemos por ese “torismo” falso e ignorante).
        Lo que quise dejar bien claro es que el colectivo veterinario no es una casta privilegiada, todas las plazas no tienen los corrales de la de Madrid, en las plazas de tercera no hay esos privilegios y no debemos olvidar que según el Reglamento Vigente los veterinarios de servicio no limitamos a ser asesores del presidente, el cuál puede o no hacernos caso o hacérnoslo a medias. Generalmente con los compañeros que he podido trabajar, el reconicimiento previo de los toros, en el momento del desenjaule lo fundamentamos en comprobar la identificación del animal, por las repercusiones administrativas y de salud publica que puedan derivarse, como segunda pauta nos ocupamos de comprobar la buena salud tanto sensorial (ojos principalmente y oido) como fisiológica (claudicaciones o cojeras) del animal, así como que no presente heridas. Posteriormente valoramos el trapío, ¡claro que lo valoramos!. Primero porque hasta por sentencia del supremo estamos perfectamente capacitados para ello (y el que no lo esté que no ejerza) y segundo porque cada plaza quiere una presentación de toro. Para valorar esto hemos de informarnos previamente de los gustos del público y de la genética del animal. Ya que el trapío de Cebada Gago no es el mismo que El Pilar aunque los dos tengan sangre Parladé-Domecq.
        Y sí, en estas plazas, en las de segunda, donde no hay facciones de aficionados, es muy importante defender los intereses de quien paga su entrada, ¡MUCHO! porque en esas plazas, querido interlocutor, “los taurinos” tratan de colar cualquier cosa, y presionan e intimidan a quien haga falta, porque ellos están de paso, y así están muchas plazas, abandonadas y vacías.Eso no quiere decir en modo alguno que todo haya de ser mastodóntico y cornalón, ni mucho menos, cada cosa debe ser como lo marque su genética, es más incluso hay que estar al día del momento de cada ganadería y cómo son sus hechuras. Pero en esas plazas de segunda y tercera, esas que no salen en los papeles, abandonadas por la prensa, por los toristas, por los toreristas y por casi todo el mundo, necesitan de la labor pericial que el equipo veterinario realiza, antes (como ya he explicado), durante (el veterinario que asiste al presidente, en ocasiones es el que le dice hasta que saque el pañuelo) estando en todo momento pendiente de las manifestaciones y reacciones de los toros, e incluso después de la corrida, momento en el que tomamos la responsabilidad de las carnes que van a consumo humano asegurando su trazbilidad, así como con la toma de muestras que fueren necesarias en caso de sospechas de dopping o de manipulación de astas.
        Por todo esto, querido interlocutor, no me gusta que me acuse, a mí y a mis compañeros de profesión (y en esto que cada uno sea responsable de su trabajo) de “paternalismo dictatorial” ni de nada, simplemente hacemos lo posible para que se cumpla la ley.
        En cuanto a “ideas preconcebidas de los taurinos” de preconcebidas nada, las he vivido en mis propias carnes, tretas de todo tipo, lloros, amenazas, juramentos, insultos y de todo, por quitar o poner un toro, por parte de empresarios, en ocasiones por ellos mismos y otras conchavados con el ganadero, en otras son las cuadrillas y representantes de los toreros….Horas y horas hasta que se enchiquera una corrida que todos han visto en el campo, en fin…..para llenar un blog entero.Yo no tengo ideas preconcebidas ni prejuicios, me lo prohibe mi religión. Pero en mi corta experiencia he tenido de todo.
        Yo sigo otro catecismo, no entiendo ni de torismo ni de torerismo, cuando contemplo una corrida de toros, novillada, becerrada…quiero un toro serio y bravo frente a un torero valiente y artista, me da igual el hierro del uno y el nombre del otro.
        En absoluto me considero salvador de la fiesta por mi condición de veterinario, aunque probablemente sean las de Veterinaria las únicas facultades universitarias en las que se habla de toros.
        Dispculpe el ladrillo, pero no juzgue mi talante, traté de hacerle ver los injusto de su comentario-artículo para con un colectivo que no acaba en los corrales de Las Ventas, La Maestranza o el coso de Pignatelli, porque como ha podido leer son muchas más las plazas que no son de primera y donde la fiesta es un pelín diferente a Madrid.
        No obstante y para que quede clarlo, yo también he visto las fotografías de la corrida de los Bayones, las de la de Pereda no. Y tampoco me parece bien la falta de criterio de los corrales de Madrid, sobre todo viendo luego algunos toros completamente impresentables que han salido al ruedo de Las Ventas. Pero, como dije en mi anterior comentario, cada uno que se haga responsable de lo suyo, y el que quiera protagonismo que luego asuma la crítica y la responsabilidad. Pero meternos a todos en el mismo saco no, por favor, que llevamos muchas horas fuera de casa, viendo toros y novillos y aguantanto presiones y desprecios como para que ahora nos llamen casta y privilegiados. Si alguien lo es que asuma la “cara b” de ese privilegio. Porque además en la plaza de Madrid actúan varios equipos integrados por diferentes facultativos y no creo que todos sean unos ignorantes, pues me consta que muchos de ellos son grandes aficionados.

        Gracias no obstante por leerme y contestarme.
        Abrazos.
        Alvaro Muñoz. Veterinario de Espectáculos Taurinos.

      • Gracias por este segundo mensaje.

        Para no hacer este diálogo interminable, simplemente se apuntarán varias cuestiones:

        – Sus argumentos no rebaten la realidad ya expuesta y evidente: el irreparable mal causado a la tauromaquia y a la ganadería brava por la imposición del “torismo”, y el hecho de que la mano ejecutora de este nefasto movimiento han sido los veterinarios.

        – Los veterinarios y la llamada “autoridad” son omnipotentes. La legislación les podrá dar todas las atribuciones que quiera, pero eso no significa que sea justo, razonable y que ustedes sean infalibles.

        – El hecho de que exista la pillería en el taurinismo o en ciertos taurninos no lleva a legitimar las arbitrariedades veterinarias; es decir, si me permite la simplicación, el hecho de que ellos sean tan malos no implica que su “colectivo” (palabreja que nos agrada poco) sea santo, impoluto e infalible. Los extremos se tocan. Ni unos ni otros, que decida el público.

        – Bajo nuestro punto de vista, es una aberración que cualquier grupo tenga el poder absoluto e irrebatible en ninguna actividad. Ustedes lo tienen.

        – Mantenemos nuestra opinión: los veterinarios no son quiénes para medir el trapío. Además de conocimientos (que lo diga la ley no significa que los tengan) hace falta independencia, y es obvio que muchos de ustedes en general no la tienen, que están absolutamente influídos por el “torismo” y sus consignas desde hace mucho tiempo. Y se entiende bien el porqué. Medir un toro con ese criterio es muy simple: que sea grande y cornalón. Eso lo hace cualquiera. Si en una corrida van dos grandes y cuatro terciados, a ustedes siempre les valen los grandes, y nunca los terciados. Ni siquiera hay dudas. Si va uno grande y cinco más terciados, toman como referencia el grande. Y así en cientos de casos. No sólo usted tiene experiencias…

        – Su comentario sobre algunos toros que se han lidiado este San Isidro es suficientemente revelador. A nosotros nos parece perfecto que se normalice el tipo y se baje el peso, aún debería bajarse más, y también en las caras. A ver si conseguimos volver a ver lidiar toros de Galache, Contreras, Coquilla…. hoy es una fantasía.

        – Insitimos: los intereses del público los sabe mejor que nadie el propio público (o es que es imbécil??) no hace falta que los determinen terceras personas. El simple hecho de pretenderlo es totalitario, y más si encima el que lo ejecuta se hace la víctima. Ya sería el colmo.

        Dicho lo anterior, hay una idea subyacente en la quizás sí coincidamos: a veces es difícil encontrar un punto de equilibrio.

        Gracias de nuevo.

  3. Alvaro dijo:

    Buenas tardes. Creo que sigo sin explicarme. En primer lugar los toros impresentables que he visto salir en San Isidro 2014, para mí lo han sido porque sólo tenían cuernos y kilos pero 0 trapío. Le insisto en que no confunda a los equipos veterinarios de Las Ventas (creo que son alrededor de 15 veterinarios) con los más de 500 que nos dedicamos a esto en toda España. Le reitero que yo no entiendo de torismos ni de torerismos y como yo muchos de mis compañeros. Le abundo en que se lea el reglamento vigente (sea o no justo, es el que está en vigor) y comprobará que el poder lo ostentan los presidentes y que el equipo veterinario es un mero asesor (otra cosa es lo que le dejen hacer los propios presidentes). Le animo a que investigue en la cantidad de cursos, congresos, jornadas y reuniones que desde el colectivo veterinario se realizan para informar, formar y aprender; pero más allá, compruebe como en los planes de estudios de la Licenciatura (ahora grado) en Veterinaria se estudia la raza de lidia, sus castas y sus encastes, incluso las líneas en las que estos encastes se han ido desarrollando, y por eso SÍ ESTAMOS CAPACITADOS PARA EVALUAR EL TRAPIO (y el que no lo esté que no ejerza). Y además, nos preocupamos, como dije en mi anterior comentario, en saber las reatas de las que vienen los toros, para salvar a los que, a lo mejo,r están más escasos de presencia. En resumen, no nos iguale, somos muchos los que nos dejamos muchas horas de nuestra vida en aprender y en hacer las cosas bien. Y probablemente estamos de acuerdo en que eso del ¿torismo? ha sido el principal elemento en que muchos encastes desaparezcan de la circulación, encastes y ganaderías a los que la báscula y la cinta métrica ha metido en peligro de extinción.
    Pero todos iguales no, gracias, la fiesta es variada hasta en los veterinarios.

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