Tópicos del monopolio juli-juampedrista (y 2)

Una de las falacias más absurdas y repetidas por el monopolio es la supuesta variedad que existe dentro de las ganaderías de Juan Pedro. Lo cual ni se ha pretendido en absoluto por sus dueños ni tiene base real alguna. Esos hipotéticos “encastes propios” de los que hablan Victoriano del Río y otros monopolistas son un puro invento. Es lo mismo –dicen sus voceros- que cuando el tronco Vistahermosa se abrió en varias ramas de las que surgieron las estirpes clásicas. Pero no tiene nada que ver una situación con otra, pues se olvidan aspectos básicos: que ese proceso de creación de estirpes demoró más de un siglo y que los ganaderos fundacionales buscaron y modelaron tipos de toro (por hechuras y carácter) muy diferentes, eso sin contar con la posible aportación de otras sangres. Por eso no tiene nada que ver, por ejemplo, un santacoloma con un atanasio o un núñez. Eso en comportamiento, no digamos ya en hechuras y capas, que es otro factor esencial de variedad, aunque de índole externa.

Y ahora nos pueden decir: ¿acaso entre Juan Pedro y Fuente Ymbro hay diferencias tan marcadas como existen entre un murube y un atanasio, o entre éste y un albaserrada? Ni de lejos. Unos podrán embestir con más fogosidad que otros, pero el estilo y patrón de comportamiento es el mismo, ¡cómo no va a serlo si el intercambio de sementales está a la orden del día! ¿Acaso Graciliano intercambió masivamente sementales con Urquijo, o éste con Albaserrada, como hacen los del clan de Juan Pedro?.

Dentro del monopolio juli-juampedrista, ni por asomo hay matices diferenciadores tan profundos como sí se dan entre las estirpes antes mencionadas, unas caracterizadas por su salida abanta y fría, otras por su galope y fijeza, otras por su largura y humillación, otras por su temple o temperamento, otras porque hay que “sobarlas” para que rompan en la muleta, otras por su forma de mirar, otras porque hay que perderles pasos para ligar las tandas o darles toques, o evitar que enganchen los engaños. Y así multitud de características distintivas que entre los hierros del juli-juampedrismo no existen. Esa diversidad de comportamientos aporta, en definitiva, una riqueza fundamental al torero y exige versatilidad lidiadora, que es lo que siempre tuvieron las figuras y los julis ni tienen, ni tendrán, ni les interesa lo más mínimo, porque están muy cómodos así. Por cierto, otro tópico: a todo lo que embiste bien, pero de manera diferente, le llaman “duro”.

Lo dicho vale para la comparación de manual que siempre hacen los del monopolio entre Juan Pedro y Fuente Ymbro, como extremos de una falsa diversidad. Ya hemos dicho que es mentira, pero, qué decir de los hierros favoritos del “coloso”: Garcigrande, Victoriano del Río, Daniel Ruiz, Juan Pedro y Núñez del Cuvillo, ¿también son paradigma de la variedad? ¡No nos hagan reír que nos duele la mandíbula!

Si se fijan, los juli-juampedristas de nuevo en esto copian la estrategia de los “toristas”: pocas, falaces y superficiales ideas, pero machadas continuamente en los medios a su servicio (que son todos los importantes) hasta que el rollo termina por calar entre la gente a modo de lluvia fina. Clásica táctica de manipulación totalitaria que, por desgracia, funciona, pero en este modesto blog no cuela, por eso nos silencian, igual que los “toristas” nos agreden.

Que el toro y el torero están en continua evolución no es nada nuevo. El problema es, por un lado, confundir evolución con estandarización o clonación, como hacen los juli-juampedristas. Evolución no es hacer un toro en serie, eso más bien es retroceder e ir contra la esencia del espectáculo. Y no nos vengan con el rollo de que faenas que antes eran jaleadas ahora no las admitiría público porque los pases salían enganchados. Es de coña que esto lo digan los adoradores de José Tomás, el rey del enganchón.  ¿Quieren que nos pongamos a ver vídeos del “genio” y empecemos a contar pases enganchados que sus fans aclaman con olés delirantes?. De nuevo nos toman por idiotas.

Que muchas ganaderías históricas han sido mal gestionadas por los herederos es evidente, pero ello no quiere decir que las castas de las cuales fueron máximo exponente no hayan seguido embistiendo. ¿O es que no embisten los santacolomas de Ana Romero, La Quinta o Rehuelga aunque la ganadería de Buendía se partiera?. ¿Tampoco embisten los núñez de Manolo González o Alcurrucén por el hecho de que el núcleo original de “Los Derramaderos se diseminara?. ¿Tienen los juli-juampedristas constancia de cómo embisten los toros del actual Paco Galache, al que no le dan ni una oportunidad de lidiar?. ¿Acaso la venta de la ganadería de Urquijo significó el fin de los murubes?. Una vez más, invención, simplificación  y falsedad en estado puro.

Igual de simplificador y mentiroso  es eso de que las ganaderías no procedentes de Juan Pedro no las quieren ni las figuras ni los modestos. Quienes no las quieren son El Juli, Talavante y Manzanares, pero otras figuras como Perera o el mismo Morante se anuncian con vacadas que no son del monopolio y más de una vez triunfan con ellas, aunque ciertamente deberían hacerlo mucho más. No digamos ya otros toreros del nivel alto-medio del escalafón. Si las ganaderías de calidad pertenecientes a otras sangres no se lidian más es porque están vetadas por la secta julista, sus empresarios de cabecera y los criados mediáticos que le dan cobertura. Por capricho, por moda y por inundación juampedrista del mercado. Ni por falta de bravura, ni por falta de condiciones para el éxito.

Los responsables están señalados, y ellos son los que pueden y deberían remediar la situación, cosa que jamás van a hacer motu propio. Por eso hay que desenmascarar sus mentiras, denunciar sus manejos, poner en su valor real las “hazañas” de los julis y dejar en evidencia un día sí y otro también el daño irreparable y brutal que están haciendo.

El culpable es este régimen dictatorial del que todos forman parte, por encima de comedias como la que recientemente han montado en Sevilla, y que al final en lo ganadero tienen el resultado que era de esperar: Juan Pedro Domecq, Daniel Ruiz, Montalvo, Victoriano del Río, Jandilla, Garcigrande, Torrestrella (por si no lo sabían, ya cruzado masivamente con juampedritos y zalduenditos), El Pilar y Fuente Ymbro. Y como comparsas para disimular Victorino Martín y Miura. Monopolio también en la dureza, y conste que la inclusión de ambas divisas nos parece más que justa.

Para concluir, tomando las palabras del Siglo XXI y de Mundotoro: “lo que nos empobrece y separa es la simplificación de un tema tan complejo y con tantas aristas” ¡Pues aplíquense el cuento usted y sus amos!. Sus mentiras y tópicos no van a tapar, ni siquiera a disimular, el genocidio ganadero que están perpetrando, tan grande o mayor que el causado por el “torismo”.

Y, aparte de todo lo anterior, ¡feliz Navidad!.

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