Una de “agradaores” en Zafra

Seis toros de ganaderías juampedristas clónicas, de los cuales sólo se empleó uno, y a la manera postmoderna y guay. Los “agradaores” mediáticos del monopolio siguen en su tarea de camuflar el aplastante y mayoritario vacío de bravura. ¿Cómo?: se glorifica hasta el delirio a un animal simplemente manejable, se baña en una catarata de incienso la supuesta proeza realizada por su matador, el colosal Juli, y eso es lo que va en titulares. Lo demás queda como trasfondo emborronado, y tenemos el plato servido.

Como de costumbre, el portal Mundotoro no se corta un pelo. Esta vez no ha sido su director, sino un redactor,  quien se lanza en tromba a vender la moto hablando con eufórica exaltación de la “gran lección del Juli”, de su “madurez y profundidad difícilmente igualable” y del “toro excepcional de Daniel Ruiz”. Pero a los  lacayos del Sistema les pasa lo que a sus supuestamente antagonistas del  “torismo”: tienen un problema, que la gente se mueve y además hay unos medios llamados televisión y vídeo. A partir de ahí sus trolas ya no cuelan, al menos no para todo el mundo.

Y lo que hemos visto en esta corrida es la misma historia de casi siempre cuando los propagandistas hablan de excepcionalidades y de  “gran clase” en referencia a los animales del monopolio juampedrista: que el danielito fue un torillo sin apenas pitones, que iba de allá para acá con mucha nobleza, sí, pero también con acometividad decreciente y sin humillar de verdad más que en contadas ocasiones, mucho menos hacia al final de la faena, donde ya protestaba. Un buen toro por bonancible, pero escasito de raza, fondo y fuerza. Lo de excepcional es simplemente de cachondeo. O sea, uno de seis y nada del otro mundo. Y con este paño se quiere lavar el desfile de los otros cinco juampedritos sosos, rajones y desfondados. ¡Vayan ustedes a montar en la burra ciega a su abuela!

Eso en lo que toca al torillo, pero ¿qué decir del Juli?, pues más, pero corregido y aumentado. Porque ya rebasa todos los límites de la impudicia el cantar las alabanzas de un señor completamente incapaz de lidiar ningún toro que no sea de sus cuatro amigos, cuyo nivel de desvergüenza y comodidad en términos ganaderos ni se ha dado jamás en la historia del torero ni podía imaginarse. Un torero que, en el mejor de los casos, se dedica a repetir su faena-tipo, cada vez con más retorcimiento y más aspavientos, a los mismos toros, de las mismas ganaderías, hijos de las mismas vacas y sementales, que cuando embisten lo hacen siempre igual y cuando no también son idénticamente fofos y rajados. No hay sorpresas, no hay cambios, es un guión cerrado, simétrico y completamente previsible, lo que es igual a decir antitaurino.

No hay dominio en lo que ya nace dominado, ni lección cuando siempre se lee la misma página del mismo libro. No hay poder sobre la flojedad. No hay maestría cuando no se demuestra con todo tipo de toros, con animales de castas distintas que también embisten de un modo distinto. No hay partida si no se juega con toda la baraja y encima se usan cartas marcadas. No hay tauromaquia si no hay variedad ni incertidumbre. Retorcimiento es una cosa y torear con profundidad otra muy diferente. Y no se trata de una tarde en Zafra, son ya dos temporadas completas repitiendo la misma estrategia con absoluto descaro, instalado en una burbuja de la que no quiere salir ni un milímetro.

Y qué mejor escenario para otra gloriosa proeza de este Juli ante el torete clonado que un coso regentado por Cutiño, señor feudal de la Extremadura taurina por obra y gracia de la casta política, máximo valedor del monopolio juampedrista y por tanto (junto con su socio Casas) principal impulsor del extermino ganadero en curso. Pues estos personajes son los que están imponiendo una fiesta travestida en festival de luces, donde cada torero lleva debajo del brazo su torito hecho en serie para “disfrutar”; unos cantan flamenco, otros hacen contorsiones, todo el mundo es feliz y el pequeño clan impone su ley. Estos elementos son los que están conduciendo a la tauromaquia hacia esa sima que ellos y los vendedores de humo de Mundotoro llaman “futuro”.

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Una respuesta a Una de “agradaores” en Zafra

  1. franmmartin dijo:

    Ni he visto el esperpento, ni falta que me hace para saber de qué va la película.
    ¡ Ahí va mi sombrero para Vd.señor cronista!.

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