Requiem por Concha y Sierra

Pasadas unas semanas desde que saltó la noticia, aún no nos hemos recuperado de su impacto: Concha y Sierra ha sido vendida a un “torista” y en breve, si no lo ha hecho ya, se irá para siempre de España. Salvo el matadero, no se nos ocurre un destino peor para la mítica vacada, y no porque se vaya a Francia, eso es lo de menos.

La sorpresa ha sido mayúscula, porque ni la familia García Palacios había dado la más mínima señal externa de sus intenciones, ni nada hacía suponer tan grave decisión, sino más bien todo lo contrario. Después de casi dos décadas en su poder, los conchaysierras parecían tener un futuro despejado, al menos por la tranquilidad de saber que estaban en manos de aficionados solventes, que andaban buscando con criterio realista y sensato lo mejor de esta inigualable reliquia vazqueña. Todo ha acabado de repente, y ahora se abre un inquietante abismo en torno a su futuro.

Igual que los toreros, las ganaderías también pueden tener mala suerte con sus dueños, y ésta la ha tenido sobremanera desde que hace medio siglo falleciera la mítica doña Concepción, última viuda de Concha y Sierra. Primero sus herederos, los Pareja Obregón, cuyo talante caprichoso, inconstante y bohemio imposibilitó la continuidad de la ganadería en la familia que la creó. Luego llegó el aún más voluble y excéntrico Martín Berrocal, de él a los americanos de King Rach, que al menos la mantuvieron intacta. Su nivel de juego se hundió en esta época, pero en realidad las bases del desastre venían de atrás por dejadez, abandono y en el fondo falta de afición de sus anteriores dueños.

Pareció que el Litri podría ponerla en solfa de nuevo, pues recuperó en buena medida un cierto nivel de juego, si bien la cruzó parcialmente con sementales del conde de la Corte. Y en 1993 fue comprada por los García Palacios, en cuyas manos ha atravesado su etapa de mayor estabilidad en el último medio siglo.

Durante estos años, el principal problema de Concha y Sierra ha sido la desigualdad de los resultados. Aun habiendo cosechado éxitos indiscutibles, ha faltado regularidad, pero el reto era dificilísimo teniendo en cuenta la gran crisis de la vacada durante muchos años, su corto número de reses (en gran parte fruto de la gran selección aplicada) y, sobre todo, el tratarse de una casta única, sin posibilidad de refresco con ninguna otra, salvo si se cruzaba.

Además de los problemas anteriores, ha habido uno que se nos antoja crucial: el hundimiento del mercado de las novilladas, al que se había orientado la ganadería en los últimos años. Al no pertenecer al oligopolio de sangre Domecq, ni tampoco estar encuadrada en el círculo de morucheros “toristas”, su salida comercial era complicada, como le pasa a otras muchas ganaderías. Quizás también haya habido otros factores que desconocemos. El caso es que los García Palacios han tirado la toalla y, lo peor, que han entregado el testigo de esta joya genética en unas manos cuanto menos dudosas. Hay ganaderías, cómo ésta, la de Miura o de la Pablo Romero, que son más que un simple hato de animales, se trata de un patrimonio histórico de la tauromaquia.

No tenemos el gusto de conocer al nuevo propietario de Concha y Sierra, de hecho, en círculos ganaderos no es conocido más que por haber comprado recientemente una de las ganaderías hace unos años favoritas de la fanática secta “torista” por su tipo destartalado, mal estilo y alta dosis de mansedumbre: la del cura de Valverde. La compra en sí ya era definitoria de un talante, pero las declaraciones del buen señor tras comprar Concha y Sierra, proclamándose enfáticamente como “torista”, han terminado de despejar cualquier duda.

Si con personas de los conocimientos y nivel de afición Litri y los García Palacios la ganadería no ha podido recuperarse, no hay que ser un lince para suponer lo que cabe esperar a partir de ahora. ¿Se imaginan un tentadero siguiendo los dogmas “toristas”, o la selección del tipo y cornamenta con los mismos criterios ?. Si es difícil manejar una ganadería de una sola sangre, ¿se hacen idea de lo que puede ser hacerlo en paralelo con dos sangres tan diferentes como Valverde y Concha y Sierra?. En realidad, con la visión “torista” no es tan difícil: unos y otros bastos y cornalones, unos y otros mansos y pregonaos. Es decir, los conchaysierra se convertirán en valverdes, pero con pelos variados. Todo igual de grande y de malo. Esa ha sido y es parte de la ruinosa aportación del “torismo”: la destrucción de tipo clásico y la bravura del toro.

Extraordinario natural de Antonio Ordóñez al toro Guidaleto, cárdeno salpicado de Concha y Sierra, al que cortó el rabo el 5 de agosto de 1967 en Málaga

Un instante de la faena de Antonio Ordóñez al toro Guindaleto, cárdeno salpicado de Concha y Sierra, al que cortó el rabo el 5 de agosto de 1967 en Málaga

Hasta ahora había una posibilidad de salvar los conchaysierras; despidámonos de ella. No tendremos ya la esperanza de volver a disfrutar de la ganadería de casta vazqueña que mejor supo aunar un estilo de embestida bravo y noble, y que dio cientos de toros tan sensacionales como los de aquella grandiosa corrida de la feria de Málaga de 1967, en la que Litri, Antonio Ordóñez y Miguelín cortaron ocho orejas y cuatro rabos, y que fue algo así como el canto del cisne de la época dorada de esta divisa.

La vida da sorpresas grandes, pero en este caso sería pedir un imposible. ¡Qué pena de los hermosísimos e inigualables conchaysierras… ¡. Descansen en paz en la historia de la tauromaquia.

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