Confusión, ignorancia y demagogia en la suerte de varas

Lo de pedir a voz en grito que el toro vaya de largo en el caballo, venga o no venga a cuento, ha sido una de las modas mas absurdamente demagógicas y ridículas de la temporada. Y encima se ha utilizado como “reivindicación” de la suerte de varas, cosa aberrante. O sea, que aquella máxima sagrada (y lógica) de que la lidia se supedita a las condiciones del toro se va a hacer puñetas. Es justo al revés: ahora es el toro el que se tiene que adaptar por narices a una regla antinatural, sencillamente porque así lo dictan los dogmas “toristas” y lo impone una minoría chillona, agresiva y analfabeta. Lo mismo que pasó con el trapío: toro grande y cornalón, sea de la raza que sea, y así hemos acabado con la variedad de castas. Es la ilógica del “torismo” en su eterna pretensión de imponer su deformada, arcaica y simplona visión de la lidia. Dogmatismo barato, manipulación y mucho ruido.

Como no podía ser de otra manera, los reventadores de Madrid se pusieron a la cabeza, en parte animados por demagogo del bigote teñido y su fotocopia en malo de la tele autonómica, y detrás de ellos han venido los sectores imitadores de Francia, este año bastante activos y tangencialmente apoyados por alguna prensa del país vecino, que aprovechó el tema para otras batallas. A ello se suman los cuatro gatos de la secta dispersos en otras plazas. Lo malo es lo de siempre con los movimientos totalitarios: son cuatro monos que no representan a nadie, pero forman lío y nadie les planta cara en serio, así se crecen y ganan la partida, tanto por la incomparecencia de los demás como por el general desconocimiento taurino imperante.  Y si es en Madrid, siempre ganan.

Desde su modestia, este blog quiere contribuir tanto  a desmontar las falacias “toristas” como, sobre todo,  a clarificar la realidad del toro bravo y su lidia a muchas personas que están interesadas en ello y quizás se creen de buena fe o toman por ciertos tantos tópicos repetidos una y otra vez. Por ello, aunque sea con carencias y de forma sintética (lo cual no es fácil), es preciso recordar algunos aspectos básicos para valorar correctamente la suerte de varas:

– La distancia en la arranca el toro es sólo un dato, vistoso y espectacular, pero en absoluto indicativo de bravura por sí solo. Cualquier persona sin ningún tipo de conocimiento taurino puede ver si el toro va de lejos o no. Por ello es el único agarradero de los “toristas”, pues la demagogia tiene que basarse en ideas muy simples y superficiales, al alcance de cualquier iletrado taurino.

– En realidad, lo importante no es que el toro vaya de largo, sino:

  1. Cuándo va: una cosa es ir de largo en el primer encuentro, cuando el animal aún no sabe que “aquello” le hará daño, y otra bien distinta es hacerlo en sucesivos puyazos. Por ello, abrir al toro debe ser algo gradual, más corto en la primera vara y más largo progresivamente en las siguientes, ¡ojo! siempre y cuando los demás síntomas de bravura hayan sido buenos, si no, carece de sentido.
  2. Cómo va: más que los metros de distancia, importa el estilo de arrancada del toro al caballo. Lo ideal es ir con fijeza, al galope y por derecho. El toro que prueba, se lo piensa, desparrama la vista o va a trote es otro cantar, por muy de lejos que arranque. Si escarba, aún peor.
  3. Cómo se comporta en el embroque y al sangrarlo: esta es la fase crucial de la suerte. El bravo mete la cara abajo y se queda en el peto sin cabecear, empuja metiendo los riñones con idéntico pulso en todo el puyazo e incluso romanea (recarga), mejor si quiere llevar el caballo un poco hacia fuera que hacia los adentros, y mantiene este comportamiento mientras le hacen sangre. El que no es bravo echa la cara arriba para defenderse, tira tarascadas, empuja a oleadas y si tiene fuerza aprieta hacia la querencia de tablas, empeorando en la medida que siente más el castigo.
  4. Cómo sale de la suerte: el bravo se encela debajo del peto y no se va hasta que lo sacan. El manso sale suelto, lo cual puede tener varias graduaciones de malo a peor: se sale sin aspavientos, vuelve la cara, huye y pega coces.
  5. Si repite todos los síntomas yendo de menos a más, no al revés, lo cual implica que se ha rajado.

– El problema está en que todo esto sucede muy rápido, y hay que saberlo ver, es decir, entender. Ahora analicen lo que sucede en las plazas y verán que los “toristas” y sus adláteres prescinden de todos los matices comentados porque no tienen ni idea, y se quedan sólo con el cascarón superficial: la arrancada larga, sobre todo si se trata de marrajos  de Escolar, Palha, Prieto de la Cal y otros de semejante catadura. El reciente y grotesco  cachondeo de Ceret, con la activa participación teatral de algunos toreros que hacen populismo “torista”,  ha sido una buena prueba de ello.

– Por último, hay que señalar dos factores de importancia capital:

1. Con los actuales caballazos de picar, las bestiales puyas y los petos fortificados, es casi imposible ver la suerte de varas en plenitud, salvo que se arruinen completamente las posibilidades del toro en la faena de muleta. Entre los picadores hay de todo, si bien las varas traseras y el machacar a los toros que embisten bien pero con raza está a la orden del día. Es utópico pretender reivindicar una suerte sin, primero, pedir que haya condiciones razonables para que se realice, cosa que resultada vital para mantener este tercio en el futuro. Además, no es menos cierto que a casi todos los toreros les importa un bledo.

2. La suerte de varas es una pieza importante de la lidia, pero no la única. El toro bravo tiene que demostrar que lo es también en los siguientes tercios: Si va a menos, se  defiende, se queda corto, saca sentido, es bronco o se aploma (cuando esto último no se debe a un exceso de castigo…), de bravo no tiene nada. El bravo de verdad lo es en todos los tercios y, sobre todo, lo será si va a más a lo largo de la lidia, porque la embestida en la muleta con entrega y por derecho implica un gran quebranto físico para el animal, y si pelea así, aunque hubiera remoloneado en los primeros tercios, hay un fondo de bravura clarísimo. Negarlo es negar la lógica vital, le evidencia y la evolución de la tauromaquia desde hace más de un siglo, alto también típico del “torismo”.

Perdonen la extensión, pero quizás esta vez era necesario.

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Una respuesta a Confusión, ignorancia y demagogia en la suerte de varas

  1. Ignacio dijo:

    Me ha encantado. Gracias!!

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