Madrid: escenografía del antitoreo

La corrida celebrada en Madrid el 30 de mayo fue todo un síntoma del deplorable e irreversible estado en que se encuentra esta plaza. Tomemos dos detalles definitorios: la ovación de salida al quinto, un toraco con más de 600 kilos, montado y fuera de tipo, y el delirante tercio de varas del sexto, el típico manso espectacular que va de lejos al picador y cuando siente el palo pega una coz o busca el cuello del caballo y sale huyendo en medio de la frenética ovación de los reventadores “toristas”, a la que se suma la masa borreguil, como si aquello fuera el paradigma de la bravura. Penoso y lamentable, más aún teniendo en cuenta que el toro ya había “cantado la gallina” de su mansedumbre en  un puyazo anterior.   O sea,  justo lo contrario de lo que hay que hacer y sabe cualquiera que tenga una mínima idea de esto. La antilidia.

Además  hubo otras cosas también habituales en esta plaza, como el aplauso del toreo al revés, a cargo de un señor al que los reventadores y sus “maestros” de la crítica adoptaron hace tiempo como sumun de la “pureza”, y que no hizo más que citar fuera de cacho, con la muleta retrasada, dando un zapatillazo y quitándose antes de rematar el muletazo. Y la pandilla de reventadores, que apenas 24 horas antes vilipendiaron y frieron a gritos a un gran torero cuando ligaba los muletazos por abajo con una quietud asombrosa, y mientras los pitones le rozaban la taleguilla y él no se inmutaba, incluso aplaudían ese toreo mentiroso, incapaz y tramposo, que ellos llaman “puro”.

Pero es que ese es su concepto de la tauromaquia: el detallito ramplón, el muletazo superficial con gesto marchoso, y pare usted de contar. Es una mentalidad tan retrógrada que Joselito y Belmonte, incluso Guerrita, son más modernos que ellos. Más allá del “cruzarse” y el “pico”, que tampoco saben lo que es ni el sentido que tiene, carecen de argumento.  No les hablen de ligazón, profundidad, largura, ajuste, temple, mando… no sólo no lo entienden , sino que lo rechazan dogmáticamente.  Su idea del torero es como la de la bravura: simple, tópica, viejísima, reaccionaria y completamente superficial.  Son las cuatro letanías absurdas que aprendieron de sus añorados “maestros” y de ahí no salen.

En medio de este gazpacho mental, el que supo inteligentemente aprovechar  la coyuntura, con mucha gestualidad añadida pero sin duda echándole valor, fue Javier Castaño, que por momentos nos recordó mucho a Esplá, pero quedándose más quieto y con mayor dominio que aquél otro sublime escenógrafo. En la corrida de Carriquiri también hubo toros bonitos y con fondo de nobleza, pero los machacaron en varas.

Por lo demás, seguimos sumidos en la depresión, en una feria tan económicamente rentable para la empresa como casi imposible para el éxito. Los reventadores imponen su violencia a base de alaridos, muchas veces  arrastrando a la masa y siempre condicionando de forma negativa el resultado de los festejos. En la tele, el demagogo del bigote teñido continúa dando coba a estos terroristas, justificándolos y riéndoles las gracias, sacando en pantalla sus caretos de ira, descompuestos,  deformes, con la bocaza abierta en pleno griterío y los ojos inyectados en sangre, y algunos con la gorra campera calada hasta las cejas;  enfín, el retrato físico de su catadura intelectual y moral. Pero el chupóptero televisivo erre que erre, con la misma película de siempre desde hace más de treinta años, cuando él mismo y sus nefastos colegas del desaparecido diario “Pueblo”, más el añadido de “El País”, inventaron el “toro de Madrid” y organizaron y adoctrinaron a esta banda de matones, que ya va por la segunda generación, y si el original era pésimo, piensen cómo es la fotocopia…

Menos mal que parece que los veterinarios, normalmente también cómplices de esa chusma, han serenado el furor  de ayatolás “toristas” con el que iniciaron la feria, rechazando caprichosamente corridas serias y equilibradas (como la de Manolo González) a favor del buey mastodóntico de 600 kilos, que nunca tiene problemas en sus reconocimientos, porque en el fondo es lo que les mola. O sea, el antitoro, porque el torancón basto, alto y destartalado es puro fraude, ¡eso sí que es un fraude, listillos!.

Así está la plaza de Las Ventas y así lleva más de tres décadas, absolutamente perdida, arrogante e intransigente en su ignorancia total, con un concepto de la lidia y del torero justo al revés, y con una minoría de buenos y serios aficionados cada vez más pequeña y cada vez más callada.

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Una respuesta a Madrid: escenografía del antitoreo

  1. Un día deberías meterle mano a los picadores, sería muy divertido de leer. ¿Te puedes creer q no he visto picar bien a un solo toro en toda la feria? Siempre buscan la columna…

    P.D.: si me tengo q quedar con algo, me quedo con los noblones Couto de Fornilhos y con los encastados de Baltasar Ibán (destrozados en varas).

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