Balance ganadero de las primeras ferias

No se trata de hacer una comparación de castas, entre otras cosas porque impera la monotonía, y en todas hay de todo, mejor y peor. De Olivenza, feria monopolizada un año más por vacadas de sangre Domecq, el único toro realmente completo fue  el  magnífico tercero de Garcigrande, que le tocó a Talavante. Bueno también fue el sexto de Zalduendo, aunque éste suave suavito, falto de bríos, y eso que fue el que más tuvo dentro de la corrida. Desiguales y sin entrega salieron los muy esperados de Cuvillo, y ahí quedó todo. Vulgaridad estándar, mucho toro de va y viene con poca o nula vibración.

 En Valencia la cosa se presentaba más variada, y funcionó mejor. Al inicio, dos albaserradas de Adolfo Martín más que aptos para el triunfo. Luego, un atanasio-lisardo de Valdefresno con clase para dar y tomar, que cayó en manos de Silveti, aunque dentro de un lote muy desigual. Vino después la preciosa corrida de Alcurrucén, paradigma del toro serio y al tiempo bien hecho típico de Núñez, en la que saltaron tres ejemplares excelentes, que fueron a parar a manos de Curro Díaz y Tejela. Cerraron feria los murubes de Capea que, como casi siempre desde hace ya tiempo, fueron noblotes, sosos y flojos.

 El oligopolio de origen Domecq obtuvo en las Fallas resultados desiguales. Destacó una novillada noble y con fondo de bravura de El Parralejo, una de las sucursales emergentes de Jandilla. Por el contrario, los novillos de Javier Molina, de idéntica procedencia, tuvieron poco de buenos. Al hierro matriz de Borja Domecq perteneció una corrida con varios toros bravos y nobles. También se lidió otro encierro de la interminable camada de Garcigrande, en el que sólo hubo un toro destacado, el primero de Manzanares, entre otros insulsos y  más o menos manejables. Fracasó por completo la divisa de Zalduendo, vacía de fuelle, sosa y floja, ¡menos mal que, como dicen sus revistas amigas, la ganadería de Fernando Domecq ha resucitado!.

 Y para cerrar el balance fallero, hay que hablar otra vez del personaje de Fuente Ymbro,  que volvió a dar su habitual espectáculo chuflesco en el callejón, haciendo aspavientos y visajes y dando voces continuamente. Se recreó en la suerte, porque su amigo el demagogo del bigote teñido le plantó al lado una cámara de Canal Plus y el tipo montó su show. Empaque y clase ganadera se llama eso. La corrida en sí sacó genio mansote, medio salvándose el primero de Fandiño. En Castellón le fue mejor, pues algún morlaco tuvo nobleza y hasta clase, sobre todo el excelente quinto, de Tejela, quien estuvo como de costumbre, a medio gas frente a toros de dos orejas. En La Magdalena brillaron de nuevo los novillos de El Parralejo, pero la corrida de Jandilla salió vulgar y sin fuerza, y la de Marca un desastre vacío de bravura de tanto buscar la tontorronería, lo habitual de este hierro.

 La novedad castellonense fueron esos tres extraños “mano a mano” ganaderos en los que ha sido premiada como triunfadora la ganadería de Cuadri, aunque sus toros fueron muy desiguales: buenos el cuarto y quinto (el galardonado) de la primera tarde y el sexto de la segunda, pero otros sacaron guasa, que no “casta”, palabreja erótica en la demagogia “torista”. El en primero de estos “duelos” descolló un buen toro de Victorino, al que Uceda le hizo una faena muy cantada, y también fue magnífico el quinto de este hierro, que le tocó a Bolivar el último día. Miura se llevó la palma en el segundo de estos festejos gracias al muy noble y claro primero, de Rafaelillo y un cárdeno al que Javier Castaño lució una barbaridad en varas; se arrancaba muy de largo, pero andando y pensándolo, además de echar la cara arriba y empujar con un pitón, aunque es cierto que fue  mejor en los últimos encuentros, pero llegó agotado a la muleta. En la última corrida anotamos otro bueno de Miura, el primero, con el que triunfó sin trofeos José Luis Moreno.

 Enfín, que esta vez la experiencia resultó bastante bien porque embistieron hasta al final y se prestaron al toreo varios toros, aunque sobrara algo de retórica de tentadero. A ver si los “toristas” se enteran de una vez que en el caballo no basta con que el toro se arranque de lejos, sino que lo fundamental es ver cómo lo hace y, sobre todo, qué hace cuando lo pican y cómo sale de la suerte. Ahí está el quid de la cuestión, lo otro es un solo un espejismo barato, y si encima el animal se viene abajo en la muleta, de bravo nada de nada.

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