Sigue la eliminación de castas: desaparecen los coquillas de Mariano Cifuentes

Hace unos días saltaba la noticia y nos dejaba estupefactos: la ganadería de Mariano Cifuentes, una de las pocas y más cuidadas de origen Coquilla, se iba al matadero. Se trata de un hierro perteneciente a la Asociación de Ganaderías de Lidia, poco conocido para el gran público pero  procedente y fiel continuador de la que sin duda ha sido la vacada de esta sangre con más calidad de las últimas décadas: la de José Matías Bernardos, por desgracia también eliminada hace ya tiempo. Es un ejemplo paradigmático del desastroso e irreversible genocidio de castas bravas que, además de ser un tesoro genético se caracterizan por su bravura y clase, no como esos mansos con movilidad y mal estilo que gustan tanto a los “toristas”.

La ganadería de José Matías Bernardos (conocido como El Raboso), por si alguien no lo sabe, fue una de las más cotizadas del Campo Charro en los años 70 y 80. Hierro predilecto de las figuras desde El Cordobés a Espartaco, pasando por Palomo, Paquirri, Manzanares, Capea y muy particularmente El Viti, que alcanzó grandes triunfos con estos toros en su última época. Esta vacada procedía de uno de los lotes en que se dividió en su día de la Sánchez Fabrés, es decir, pura Coquilla. Matías Bernardos compró más tarde una parte de la antigua de Mª Antonia Fonseca, originaria de Domecq, cuyos productos llevó por separado pero marcaba en principio con el mismo hierro que los coquillas, hasta que adqurió para ellos uno nuevo, que bautizó como “Aldeanueva”. De las dos líneas la que verdaderamente “tiraba del carro” por bravura, calidad y hasta dulzura era Coquilla; cierto que los domecqs siempre tuvieron clase, pero eran bastante flojos.

Conforme las exigencias de tamaño y pitones iban aumentando, Matías Bernardos dio más volumen y cara a sus coquillas, y aun así siguieron embistiendo. El caso es que el hombre se hizo mayor y, quizás porque a su hijo Domingo no le interesaba seguir con los dos orígenes distintos, decide vender los coquillas. ¿Y quién los compra?, pues Juan Manuel Criado, un señor de Ciudad Rodrigo que había hecho una fortuna con las gasolineras y que los puso a nombre de su esposa, Auxilio Holgado. Debutó en Madrid con una magnífica novillada que supuso un gran triunfo para Manuel Caballero en San Isidro de 1990, pero muy pronto el señor Criado se puso a comprar reses de otras sangres y de repente un día nos enteramos que eliminó los soberbios coquillas.

O sea, el caso tantas veces repetido de recién llegado al campo bravo que compra una ganadería magnífica y se la carga de buenas a primeras, simplemente porque le han dicho o se ha creído que para estar a la última moda sólo hay que tener Domecq, y ahí se acaba la historia. Bueno, no exactamente, porque después de pagar a precio de oro unas vacas de Algarra, las selecciona buscando que el torero ande cómodo, y al final no tiene más que una ganadería del montón y no se pasea por las ferias, sino echando toros a las calles. Lo malo es que por el camino ha destruido otra verdaderamente magnífica procedente de una casta de la que ya queda muy poquito.

Lo de Cifuentes, mantenedor de la misma línea de calidad que cultivó en su día el Raboso, ha sido distinto.  Sólo lidiaba novilladas sin caballos, que normalmente vendía para los festejos de las escuelas de tauromaquia de Madrid y salían más que a propósito para el triunfo de los chicos. De repente, de buenas a primeras, le dejan colgada la camada entera, encima en un terrible año de sequia. El hombre se ve entre la espada y la pared, y no tiene más remedio que tirar la toalla. Un drama personal para un ganadero que mima sus reses con pasión desde hace décadas, pero también para la cabaña brava, que ve desaparecer uno de los mejores reductos de Coquilla que nos quedaban, y ello sin sentido, sin lógica alguna en razón a la clase de sus productos.

Esta vez tampoco tienen la culpa los toreros, sino, de nuevo, los caprichos de los empresarios. El ganadero, hombre discreto y educado donde los haya, ha sido muy claro en su blog respecto al asunto (http://coquillascifuentes.blogspot.com/2012/03/mi-mas-sincero-agradecimiento.html) y alude a Víctor Zabala, que ahora anda metido a veedor y organizador de novilladas sin caballos. Ya veremos qué dice el aludido, si es que se digna a decir algo.

Esa es otra gorda y de la que nadie habla: el “estilo” que, salvo excepciones, gastan por esas dehesas de Dios los nenes de la nueva generación metidos a veedores.  ¿Qué podemos esperar con esta tropa de taurinillos de mente estrecha, prepotencia subida  y mas que larga ambición al frente del tinglado?.  Pues lo que ha pasado en este caso y otros que vendrán a no mucho tardar: que haya monopolio hasta en los becerros de las escuelas taurinas, para que sólo salgan toreros-robot que desde la cuna sólo sepan torear el toro estandar.

¡Que pena por los preciosos y nobilísimos coquillas de Cifuentes, y qué asco de cómo está esto!

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