El toro de rejones: monopolio y abuso

Estamos hartos de hablar y escuchar sobre la comodidad de los toreros y el predominio abrumador de las ganaderías de sangre Domecq, casi siempre con razón y otras con un sesgo demagógico o “torista”. Somos los primeros defensores de la variedad, y por eso nos asombra que nadie o casi nadie se refiera en los mismos términos al rejoneo, quizás por considerarse un divertimento superficial o menor. Pero las corridas de rejones están presentes en todas las ferias, aún llevan mucha gente a la plaza y también son tauromaquia; no se pueden ni deben ignorar.

 Durante los últimos 30 años, el rejoneo creció exponencialmente desde un punto de vista cuantitativo, y aún más si cabe en sus vertientes técnica y artística. El torero ecuestre se perfeccionó y profundizó hasta alcanzar unas cotas asombrosas.

 De los sobreros fuera de tipo y los retales, los caballeros pasaron a lidiar reses de ganaderías que, por diversos factores  no estaban de moda en la lidia a pie o no se amoldaron al patrón de toro mastodóntico impuesto por la dictadura “torista”, pero atesoraban un fondo de clase. Esto sucedió a partir de los años 70, y ya entonces  empezaron a destacar en este terreno los hierros de origen Murube, como Bohórquez, Luis Albarrán o Viento Verde-Peralta, algunos de la rama Conde de la Corte y la tristemente desaparecida ganadería de Sánchez Cobaleda. Es obvio que la mayor calidad del ganado permitió la evolución y mejora de este arte.

 Con la irrupción de Pablo Hermoso de Mendoza, el toreo ecuestre alcanzó un nivel de éxito desconocido hasta entonces Poco a poco, las ganaderías de sangre Murube fueron ganando terreno gracias a la mejora de su juego y regularidad, en gran medida apoyadas en el éxito del Capea como criador de bravo. Se mantuvieron por méritos propios en las preferencias de los caballeros los preciosos y enclasados cobaledas, y entró en el gran circuito otra divisa de tradición y calidad en la lidia a pie, la de Benítez Cubero, cuyos toros han brindado numerosos triunfos en las corridas de rejones de la última década.

 Poco a poco, la situación fue cambiando a peor. Con  Hermoso de Mendoza ya totalmente consagrado y un Ventura rozándole los talones, pero sin “mandar” como el navarro, la tendencia fue cada vez más acomodaticia en lo que al ganado se refiere. Las piruetas espectaculares se han ido imponiendo al toreo sobrio y puro, y por ello parece que sólo vale el toro que sale dominado del chiquero, el chochón que va y viene y se deja hacer de todo sin molestar; en definitiva, un animal que de tanto temple y dulzura carece de emoción.

 Los rejoneadores ya sólo se apuntan a los suavones toros de la factoría Bohórquez,  los no menos melífluos de Capea o de algunos hierros sucursales de éstos, lo mismo o más fofos e inocentones. Desde hace un par de años la situación se ha agudizado al extremo, y ya no es posible ver anunciada en la corrida de rejones de las ferias importantes toros de ninguna otra casta. Monopolio al 99’9 por 100. Mucho peor y mucho más monótono que en la lidia a pie, porque al menos de origen Domecq hay ganaderías con raza y alegría y varias ramas con matices personales. En los caballos ni eso. Por cierto, que al fanfarrón señor de Fuente Ymbro este otro monopolio del rejoneo también le parecía muy bien en esa entrevista publicitaria que mencionamos en un post anterior…

 El arrinconamiento de los cobaledas y su posterior crisis sanitaria ha terminado en su desaparición. Pero si hay un caso inexplicable es el de la ganadería de Benítez Cubero, que, según fuentes dignas de crédito, ha sido directamente vetada por Hermoso de Mendoza en todas las ferias, después de haberse hartado de triunfar con ella. Y como quien lleva la batuta es él, todos los compañeros han dicho amén. La corrida de este hierro reseñada el año pasado para Madrid se quedó colgada en el campo, y algunas mas. Capricho del jefe y, de paso, comodidad y estandarización a tope para todos, ¿para qué van a molestarse en torear otras sangres si con ésta la gente aplaude los giros vertiginosos  y las galopadas frenéticas?.

 Y que conste nuestra estima por la sangre murubeña, que durante más de una década pareció condenada al ostracismo y gracias a la labor de los ganaderos que la han cultivado tradicionalmente, como el propio Pepe Murube, la familia Albarrán  o los Bohórquez, y de forma muy particular el mencionado Pedro Gutiérrez Moya, ha remontado apoyada en el rejoneo. Todo aficionado se alegra de ello, pero eso no es óbice para pensar que es la única válida para el toreo ecuestre o para percatarse de que últimamente está excesivamente falta de temperamento y codicia.

 Con la temporada que está a punto de arrancar vamos a tener ración multiplicada de lo mismo. No hay más que ver los carteles de las primeras ferias: Bohórquez, Capea, Bohórquez…..Esto sí que es monopolio. Por no hablar del abuso en la lidia de novillos en festejos de plazas menores y del brutal desmoche de los pitones. Aquí nadie se juega la vida delante de uno en puntas, como los que se ponen el traje de luces a los que mucha gente pone a caer de un burro.

 ¿Puede haber más agravios comparativos?.

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