¿”Encaste” o casta?

A mediados de los años 70 el desaparecido crítico extremeño-sevillano Filiberto Mira inventó un nuevo término para referirse a las diferentes procedencias genealógicas del toro bravo: el “encaste”. Mira era una persona original, y lo empleaba en vez de las denominaciones de toda la vida: castas, procedencias, troncos y ramas o sangres bravas. Y la palabreja tuvo éxito, hasta tal punto que desde hace ya tiempo todo el mundo la emplea, empezando por las asociaciones ganaderas, e incluso se ha oficializado como término de uso legislativo. Ya nadie habla de castas, sino de “encastes”, porque como todos lo dicen…. 

 Sin embargo, a algunos nunca nos ha gustado. Primero, porque si ya hay un abanico de términos para definir exactamente un concepto, ¿porqué emplear otro cuando no aporta nada nuevo?, ¿sólo por contagio o moda…?. Segundo y esencial, porque no es exacto, o al menos no nos lo parece. 

 Lo de “encaste” más bien suena a procedimiento de encastar. Pero una cosa es el procedimiento o la acción de inyectar sangre en una ganadería (operación de encastar o encaste, igual que el embarque es la acción de embarcar) y otra es lo que se encasta: la sangre, casta o procedencia en sí. Y aunque no es una cuestión vital con la que está cayendo, mejor no confundir al personal y llamar a las cosas por su nombre.

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