Torrestrella y el camelo “torista” en los escombros taurinos de Bilbao

Por supuesto desde la distancia y a través de televisor, hemos vivido con profunda pena la corrida transmitida desde Bilbao el 19 de agosto de 2019. Se salvó la admirable y meritísima actuación de los toreros, con una lección de depurada técnica de Álvaro Lorenzo, la entrega a corazón abierto de Román y el afán desmedido por triunfar de Luis David. Todo lo demás ha sido deprimente.

Para empezar, el aspecto desolador de la plaza, con apenas un quinto del aforo cubierto, cosa que no extraña ni es nueva, pues ya son bastantes años de progresiva degradación en dicho sentido. Alguna influencia tendrá sin duda el clima irrespirable de la sórdida dictadura política de corte racial impuesto en aquellos territorios, y a la que se debe la erradicación de los toros en Vitoria, casi en San Sebastián y ahora el camino emprendido en Bilbao hacia el mismo rumbo, lo cual se nos antoja irreversible.

Y si malo es que no va nadie a los toros, casi peor es que, por lo visto hoy, de los cuatro que asisten tres y medio no se enteran de nada o de casi nada y están abducidos por la bazofia “torista”, que siempre va unida a la ignorancia. No se percataron, y menos valoraron, la solidez técnica en las distancias, los toques y el temple que exhibió Álvaro Lorenzo; ni siquiera sonaron en sus trasteos unas notas de música. La sinceridad con que Román tragó y se jugó la vida fue acogida con racanería en relación a lo arriesgado por el torero, quizás porque tampoco percibieron el peligro de sus enemigos. Sólo a Luis David le dieron cancha porque le tocaron los dos algo manejables y fue el más bullidor con algún toque populista, como el poner de largo en el caballo al 6º sin ninguna justificación, lo cual encantó al público. Y si en el cóctel incluimos al prepotente sujeto que dicta sus caprichos desde la presidencia, la cosa es incalificable.

La corrida de Torrestrella no se pareció nada a tantas magníficas que hemos visto de este hierro, como la muy buena del año pasado en Las Rozas, pero sí tuvo similitud con la que se lidió en esta misma plaza en 2018. Sacó la típica mezcla de genio defensivo, prontitud y movilidad al gusto del garrulismo “torista”, o lo que es igual, poseyó escaso fondo bravo y estuvo ayuna de clase. Ni uno humilló. Ni uno se empleó de verdad ni en el caballo ni en la muleta, y los dos que medio embistieron no duraron o empeoraron. Tuvieron eso que los cluflones denominan con la falaz palabreja de “casta”, un cuento chino para majaderos que en realidad no es sino un sucedáneo diametralmente opuesto a la bravura. En el arrastre de este género predominaron las ovaciones, e incluso una delirante petición de vuelta al ruedo, lo cual es por sí sólo es un detalle definitorio del nivel de este Bilbao .En suma, fue un encierro decepcionante para una divisa de esta categoría y tan admirada por nosotros, y lo decimos con pesar.

Lo peligroso no es que salga una corrida de esta catadura, que le puede pasar a cualquiera, sino que esto marque una línea futura, al calor de la adulación de tanto indocumentado “torista” como pulula por ahí. Caer en esa tentación facilona supondría, ni más ni menos, que despeñarse por el precipicio de la mansedumbre con mal estilo, como ya ha pasado con cuantas han picado en esta trampa demagógica. No creemos que sea el caso… ni queremos creerlo.

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Nueva agresión contra el público y el toreo a cargo de la presidencia. Digna reaparición con patético brindis de Román y gran tarde de Emilio de Justo en Valencia

Las reiteradas actuaciones de las presidencias de las plazas de toros orientadas claramente a reventar, ensombrecer e impedir la imagen de triunfo del espectáculo taurino son una constante que se repite y extiende de Norte a Sur, da igual la categoría de plaza, y que ha alcanzado extremos de alerta roja. Avisamos de ello a comienzos de temporada y lo vemos cumplirse matemáticamente día a día, igual o peor que en 2018, que ya fue escandaloso en este aspecto. Por supuesto, el cobarde taurinismo calla y agacha la cabeza.

Lo del elemento que okupaba ayer el palco en Valencia fue vergonzoso, contrario a lo que reclamaba la gente e indigno de esta plaza. El tipo se quiso sentir alguien importante, e impidió la más que legítima salida por la puerta grande de Emilio de Justo, simplemente porque le salió de las narices escupir en la cara del público, que pidió los trofeos y del torero que se la jugó, lidió y mató a ley en una tarde de gran dimensión. Reventar los éxitos es la forma más vil de acabar con la tauromaquia, y más en esta la feria de julio valenciana, que ya es hace tiempo una pálida sombra de lo que fue. Si los éxitos no tienen el premio que merecen, se frustra el ánimo del espectador presente en la plaza, se les resta repercusión externa, y al final pasan desapercibidos. Pero aquí todo el mundo traga, empezando por los más poderosos, que deberían encabezar el “hasta aquí hemos llegado”.

¿Es sólo la chulesca soberbia mezclada con ignorancia, típica de tantos chuflas, trepas y mindundis que se creen Dios por presidir o actuar como veterinarios en una corrida, o hay algo más? Lo sistemático y lo extendido de estas prácticas dictatoriales da lugar a pensar cualquier cosa, y ninguna buena. ¿Consigna política para quitar impacto a los triunfos de los toreros y, por ende, de la Fiesta, de forma que ésta siga en la oscuridad, no sea noticia y continúe agonizando en su cueva endogámica?, ¿simple cuestión de pasta?, ¿intereses empresariales de corto plazo?… No sabemos.

La realidad es que el tumor se extiende cada vez más sin que nadie tome medidas, ni siquiera lo diga, y mucho menos investigue y denuncie a los responsables , que es lo que debería hacerse ya mismo. Parecería que la más indicada para dar esta batalla contra un problema que corroe a la tauromaquia desde dentro es la “Fundación”, pero es obvio que no está para batallas. Lo suyo es la “moderación” y el buen rollito. Últimamente se dedica a pasear por callejones y barreras a políticos de extrema izquierda que ahora se han puesto la careta de taurinos, cuando hace cuatro días, en la campaña electorera, no paraban de difamar y despreciar a los aficionados y de vejar a la Fiesta.

Precisamente ayer en Valencia se encontraba un poderoso camarada del partido totalitario que lidera la anti-Fiesta, y que ahora, aparentando moderación, va poco menos que de Robin Hood de los toros. Y Román, que reaparecía con enorme mérito tras su gravísima cornada de Madrid, no tuvo otra ocurrencia que brindar a tan insigne personaje, en estos o parecidos términos: “Le brindo este toro porque su Gobierno es la mayor garantía para que se mantenga en España la libertad y la fiesta de los toros”.

Durante unos segundos nos quedamos petrificados y estupefactos. ¿Defensores de la libertad y la tauromaquia quienes más plazas de toros han cerrado por decreto en los últimos años, además de impulsar las leyes más feroces y fanáticas para reprimir, acorralar y volar por los aires la tauromaquia? Este partido abanderó la prohibición de los toros en Cataluña y lidera hoy la ley antitaurina de Baleares, así como ha suprimido los toros en decenas de ayuntamientos por toda España, el último de ellos el de Ayamonte. Es el mismo que erradicó los toros en abierto en Televisión Española y los ha barrido del Canal 9 valenciano. Hace apenas unos días acaban se ofrecer a sus socios de la banda estalinista venezolana un ministerio para imponer los “derechos animales”. ¿Todo esto lo desconoce Román? Lo decimos con el máximo respeto hacia la persona y el torero, mucho más en una tarde como la de ayer, pero nos pareció un brindis penoso.

Terminamos resaltando de nuevo la importante tarde de Emilio de Justo. Por su dimensión lidiadora, por su encaje, por su empaque, por su señorío frente a la injusticia. ¡Emilio, torero!.  

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El tipo perfecto de Buendía-Santa Coloma y un gran toro de La Quinta en Santander, ¡ejemplo y categoría de plaza!

¡Gran noticia! hoy hemos visto una corrida con el auténtico tipo de la estirpe Buendía-Santa Coloma y luciendo la divisa de La Quinta. Seis bellísimas estampas del verdadero arquetipo de esta sangre, por bajos, reunidos y recogidos de cara, es decir, finos y nada aparatosos. Justo lo contrario de lo visto en Madrid y de lo que les gusta a esa turba de chuflones “toristas” que se autoproclaman “grises”, y que en realidad no tienen ni zorra idea ni de esto ni de nada, más allá de lo mucho de ladran/rebuznan.

Unas hechuras perfectas. Primer punto a favor, y más en una feria de la importancia de Santander. Tomen ejemplo muchos otros cosos de España, y no digamos las plazas de Francia, sumidas en el palurdo y funesto oscurantismo “torista”. Así debería ser siempre y en todos los sitios, y quien de verdad sea partidario de los santacolomas que los sepa ver y los disfrute en sus hechuras naturales, no las del gigante amorfo y cornalón, que si es un fraude en cualquier casta, aún lo es más en ésta.

Por su juego, a pesar de la desigualdad de matices no cabe duda que el conjunto tuvo buen estilo general, entendiendo por tal el temple, el recorrido y la nobleza. Los dos primeros fueron  extrañamente flojos y desfondados (¡qué raro nos pareció!), aunque el que abrió plaza ya mostró cosas de fondo muy positivas. A partir del notable tercero, la corrida se fue para arriba, culminando con “Timonero”, quinto de la tarde, que bajo nuestra óptica fue un gran toro, alegre, repetidor, fijo y de enorme duración, a más de las virtudes ya dichas. Distraidillo y de poca entrega el sexto, pero también posible. 

Enfín, una corrida que nos recordó mucho a las de los años dorados del grandioso don Joaquín Buendía y sus hijos, los auténticos conformadores de esta raza brava, aunque la creara Santa Coloma. Este es el camino que deberían buscar los ganaderos de esta sangre, el del buendía de toda la vida, que es lo difícil, no la baratija falsaria que algunos jetas e indoctos llaman “casta”. Menos “casta” y más embestir de verdad, es decir, emplearse, que es lo bravo, como hemos visto hoy.

Además de lo dicho hay que enfatizar varios aspectos de esta corrida, todos ellos positivos. Lo primero es la enhorabuena a los toreros, tanto a Curro Díaz, que se fue de vacío por fallar a espadas, como al Cid y a un importantísimo Emilio de Justo, ambos sacados en hombros al final del festejo. Asimismo, nos encantó la actitud y la aptitud del público, equilibrado, sensato y generoso, pero no de cachondeo; justo en la petición de trofeos a los toreros y en las ovaciones a los toros que lo merecieron. Gente buena, sensata y educada ¡casi ya tan raro de ver como una corrida en el tipo de su casta!

En el mismo tenor que los espectadores estuvo la presidencia. Todo un ejemplo de seriedad y equidad sin aspavientos, y mucho más en estos tiempos donde impera en los palcos esa lacra de reventadores con ínfulas dictaroriales  y ademanes de tontos solemnes; desde Madrid a Bilbao,  desde Málaga a Zaragoza, pasando por Villachufla de la Sagra, y así en casi todos los sitios. También en esto, Santander es un modelo y una gozada.

Por salir bien la cosa, hasta lo hizo mediáticamente, pues la ausencia del de los gatos en la barriga se notó, y mucho. No hubo comentarios resabiados o guasas de yogurt amargo, ni se palpó tensión, sino buen aire. Como en las embestidas de los toros.

¡Bien por “La Quinta” y por Santander y viva la verdad, la belleza y el buen juego del toro en tipo!

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“Tinajón”, un toro extraordinario en el debut de La Palmosilla en Pamplona. Y los jetas mediáticos siguen manipulando…

¡Vaya pedazo de toro de La Palmosilla este “Tinajón”!. Bellísimo por su capa colorada chorreada, por sus hechuras de lujo, por su seria y bien conformada cornamenta.  Trapío y armonía. Un toro perfecto, modelo de cómo tendrían que salir siempre las corridas en plazas de primera.

Y por su juego no cabe más. Sobresaliente de cabo a rabo, porque lo tuvo todo,  sustentado en el pilar fundamental: una bravura de ley. Embistió con claridad ya desde salida; también entregado con soberbio estilo en el caballo, y en la muleta ni más ni menos que sensacional: humillado desde el toque al remate, larguísimo cuando lo llevaron largo del primer al último pase de cada serie, con gran tranco, fijeza y prontitud, y añadido a todo ello con una repetición codiciosa que daba a sus acometidas dimensión e importancia extraordinarias. Y a cada tanda embestía mejor. Un toro de bandera, incluso superando a los buenísimos de Cuvillo del día anterior, que ya es decir. El mejor de ésta y de muchas ferias sin duda.

En la corrida hubo otros toros a destacar, sobre todo el primero, también del lote de Garrido, como mucho motor y con posibilidades de triunfo, si bien no con la clase y largura del cuarto, aunque tampoco con genio. Prometió mucho el galope del bello castaño tercero, pero sólo fueron apuntes de clase, porque se partió un pitón y fue devuelto. Móvil pero de poca entrega el segundo, al que cortó una oreja muy seria Adame, y complicados por cortos y a la defensiva el quinto y los más bastos tercero bis y sexto.

Y llegados a este punto no tenemos más remedio que desmontar de nuevo la descarada manipulación de ciertos personajes del oficialismo mediático en esta feria. Ya son irritantes y soeces, a la par de grotescos, sus intentos de minusvalorar los éxitos de Cuvillo, y ahora de La Palmosilla, para salvar la cara a la vulgar corrida de su querido Victoriano del Río y la mala de Jandilla. Y como dudamos seriamente que el “capitán general” de esta tropa no se entere de lo que ve, no queda otra que achacar sus valoraciones a la soberbia y a su más que conocida guasa. No queremos ni pensar otras cosas.

Porque es  manipulación decir que tiene clase un toro simplemente manejable, sin fondo bravo y a menos, pero ¡ojo!, sólo si es la una divisa “amiga”. Porque también se manipula, como ayer, con el intento de que la gente menos conocedora confunda el toro que repone con el que repite.

Se dice que repone del toro que no tiene recorrido y se revuelve en corto sobre las patas, mientras que el que repite es aquél que tiene largura, o sea, coge el vuelo de la muleta hasta el final, y en el remate del pase sigue buscando el engaño porque mete la cara (no “coloca”) y empuja con codicia y bravura.. La clave diferencial es que éste va largo y entregado, y el otro se defiende. O sea, que aunque “reponer” y “repetir” se parecen mucho fonéticamente, no tienen nada que ver. Seguro que el endiosado y descarado sujeto que gasta ese lenguaje “creativo” y debería taparse por venir de donde viene, lo sabe de sobra, pero o se explica muy mal, o lo hace “selectivamente”, o sea, dependiendo de quién sea el toro.

También se manipula por atribuir defectos de unos toros que los tienen a otros que no, pero son de la misma corrida. Es otra vieja estrategia de falseamiento conocida en el ámbito de la Comunicación como “amalgama”, o dicho en castizo, meter a todos en el mismo saco para joder a los buenos. En esta ocasión la pega era la movilidad engañosa, que sí tuvieron algunos toros, pero que, paradógicamente, éstos mismos tanto se desmelenan en ensalzar como “encastados” cuando llevan las divisas de Fuente Ymbro o Jandilla.

Como están habituados a que nadie les contradiga y a ser poco menos que Dioses, percibimos que están respirando por la herida. En vez de callar discretamente, algunos siguen erre que erre chulescamente con la copla de la “gran corrida” de Victoriano, y sacando defectos a todo lo demás. Además de prepotencia, ridículo exponencial.

Ya pueden ponerse como se pongan y rugirles a coro todos los gatos que tienen en la barriga. San Fermín sólo tiene dos nombres ganaderos: Núñez del Cuvillo y La Palmosilla. Y sobre todo, lo fundamental por encima de las miserias, siempre la grandeza de lo auténtico : ¡Ole por los toros bravos, codiciosos y nobles, como “Tinajón!, y enhorabuena a sus criadores!

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La brava clase de los cuvillos se carga en 24 horas el cuento de Victoriano del Río y deja con el culo al aire a sus cabreados limpiabotas mediáticos

Por fin una corrida de categoría en esta feria de Pamplona. Categoría en sus hechuras, en general bellas, finas y mucho más igualadas que las indignas escaleras de días precedentes. Toros proporcionados y serios, bajos y con cuello. Casi todos estaban en tipo de embestir… ¡y vaya si embistieron!

Aparte del éxito incontestable de toros y toreros y de que la feria por fin “rompió”, lo de ayer fue sobre sobre todo una gran lección, y aún lo fue más por contraste con el día anterior. Primero  porque marcó de manera aplastante la diferencia sideral entre la verdad y la mentira repetida un millón de veces. Segundo porque dejó en evidencia a los torpes, engreídos e impúdicos palmeros que se dedican a dar coba un día sí y otro también a los “Victorianos del Río” y demás monopolistas del subproducto jandillero.

Vimos la verdad de lo que es un toro que embiste por abajo, que lo hace desde el inicio hasta al remate del pase y con enorme largura, que acomete y se desliza con más entrega cuanto mejor se le torea, y que mantiene ese estilo hasta el final de la faena sin cantar la gallina, irse a tablas o renunciar a la pelea, sino lo contrario. Eso es bravura y es clase.

La historieta que nos vendieron con lo de Victoriano es otra película totalmente distinta, que tiene dos versiones. La “buena” da ese toro que va y viene, se deja dar pases con la cara a media altura, a lo sumo humillando sólo en el embroque pero protestado especialmente al final del muletazo, que gusta de las tablas y en el 99% de los casos va a menos, desinflado conforme transcurre la faena. Este producto les vale a los Julis porque no molesta, les pegan pases y les tapan los defectos, como vimos anteayer. Luego, la troupe del teclado y el micro lo venden como bueno, y todo el mundo a tragar y a repetir cual “loritos” la copla  de la “calidad” o el patético invento del “ritmo”. La otra versión da el toro de movilidad engañosa del taponazo sin entrega, hasta con genio, pero igualmente muy escasa de fondo bravo, porque no dura, también acaba deshinchado, y entonces los palmeros te lo venden con “encastado”. Pero si, como ayer,  al día siguiente sale el toro bueno de verdad, todo este cuento se derrumba estrepitosamente.

Ni uno sólo de la pretendida “corrida de la feria” de Victoriano del Río embistió por asomo como los cuvillos, por más que algún desvergonzado pedante aún se atreviera siquiera a compararlos, haciendo un ridículo papelón de tonto soberbio. Ya habían decretado sin recato que el premio a la mejor ganadería de San Fermín iba a ser para su adorado Victoriano, pero el éxito de los cuvillos les chafó el plan, de ahí el cabreo indisimulado que tenían. Y encima va y corta 4 orejas Cayetano, uno de los no afines, al que se atrevieron a poner pegas en su gran primera faena, ¡ja, ja, ja….  y doble ración de pastillas para el dolor de estómago!

En suma, la divisa de Núñez del Cuvillo volvió a demostrar que es la mejor ente las de arriba, con diferencia enorme del resto. Y además de ello, es la única que tiene personalidad, porque es fruto de una mezcla de sangres ilustres combinadas de forma genial por una gran familia ganadera. Es una creación, no una simple copia de un modelo comprado, También es esto no tiene nada que ver son esos prepotentes y desahogados que presumen de “encaste propio” y en realidad en 30 años aún no tienen ni un tipo definido, porque lo que hacen es meter continuos “manguerazos” de sementales ajenos para que no se les hunda el chiringuito.

¡Grande Núñez del Cuvillo y viva la personalidad y la bravura con clase!

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Los desvergonzados palmeros de Jandilla y Victoriano del Río se desmadran en Pamplona

Señores, ¡vaya porquerías de corridas “estrella” que han largado estos dos monopolistas en Pamplona! y qué cara más dura de sus limpiabotas mediáticos, tapando, cuando no vendiendo como oro una quincalla de hojalata,  con una impudicia sin límites, Una película de propaganda a calzón quitado, que insulta a la inteligencia y toma a la audiencia por auténticos gilipollas!

Por trapío, jandillas y victorianos (valga la redundancia, porque es el mismo producto/subproducto) fueron una escalera impresentable, mezcla de gayumbos altirujones, desgarbados patilargos, toros chicos sólo tapados por sus horrendamente astifinas y antinaturales cuernas. Y con diferencias de 100 kilos entre unos toros y otros, detalle que lo dice todo. O sea, un pastiche indigno traído por los gestores de la plaza y admitido por todos sin rechistar. Lo contrario de lo que debe ser una corrida para una feria de postín, aunque sea grande, pero al menos que esté igualada en tipos y caras.

Y de juego lo mismo o peor, porque dentro de ligeros matices de manejabilidad, estos dos hierros del monopolio ganadero tuvieron en común la falta total de fondo, la ausencia de clase (no digamos de humillación, atributo del que carecen el 99,9% de sus animales) y un comportamiento siempre a menos, rendido al final, es decir una carencia evidente de bravura. Y si alguno pareció más o menos aceptable, sin duda fue gracias a los toreos.

Es normal en estas ganaderías hipertrofiadas del monopolio, casi todas compuestas por la disparatada cifra de las 1000 vacas de vientre, cuando no más,  y que lejos de reducir sus efectivos, cada año los aumentan más, relajando los criterios de calidad porque todo les vale y todo se lo cantan.

Los efectos de esta aberración son dos: a) Gran desigualdad en el juego de los toros, con baremos de bravura cada vez más bajos, pues basta analizar los números para ver que de cada 100 toros lidiados embisten de verdad apenas 8 o 9 por camada, vendidos por los panegeristas como el no va más del toro bravo, y todo lo demás es puro triunfalismo verbenero y autobombo descarado. b) La enorme cantidad de machos que hierran estas factorías vacunas inunda todos los mercados, no sólo el de las corridas, sino que ya invaden hasta los festejos sin caballos, como vemos que pasa vergonzosamente en las ferias de novilladas de los pueblos de Madrid. Con ello se pone en la picota a ganaderías menos conocidas, pero buenas o incluso mejores, que no pueden tirar los precios ni comprar charlatanes y panfleteros mediáticos.

Lo que estamos oyendo y leyendo en Pamplona no es más que otro episodio del inmenso engaño con el que el pútrido sistema monopolístico machaca las mentes desde hace años a través de sus esbirros en los medios de comunicación. ¡Qué poca vergüenza tienen estos tíos, sobre todo esos que van de solemnes y engolan la voz ridícula y pretenciosamente, que son los peores por su dureza de rostro y un patológico, grotesco y obsesivo afán de protagonismo!

En estas dos corridas que mencionados, los que estuvieron bien, aunque ninguno triunfó con fuerza, fueron Urdiales, Castella, Roca Rey, Ferrera, El Juli y Aguado ante toros de los cuales ninguno embistió con bravura, con entrega y hasta el final de la lidia. Toda la alabanza de camuflaje al petardo de Jandilla y a la vulgaridad de los desahogados “victorianos” no es más que cuento chino, burda farfolla y/o “me lo llevo”.

Vamos del jandillismo al “torismo” y del “torismo” al jandillismo, las dos patas ganaderas del Sistema. Se da la dosis que toque cada día, y nadie se sale del carril. Esta es la mercancía que nos venden para crear una realidad ficticia a base de repetir la mentira, y ya lo han logrado. La unanimidad impera, la gente no quiere leer escuchar ni un sólo comentario mínimamente crítico hacia ambos extremos, y al que lo hace le cortan la cabeza.

Tenemos la paz del cementerio, que es la dictadura perfecta.

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Toreo de pulso, hondura y belleza con Diego Urdiales y Rafael de Julia en la ganadería de San Isidro

Libres de presiones y exigencias, más que aquellas a las que se someten a sí mismos,  los buenos toreros muchas veces expresan en el campo cómo realmente son y sienten. Su técnica y su conocimiento se ponen al servicio del propio disfrute sin más motivación que estar a gusto y recrearse consigo mismos. Por eso, el toreo campero posee esa  sinceridad que sólo brota de lo íntimo, y por eso a veces en el secreto de las plazas de tienta se ven cosas grandiosas. Podríamos llamarlo “arte y ensayo” en el sentido más amplio de la expresión.

Hace unos días, tuvimos de nuevo la oportunidad de vivir una jornada  de torero excelso en el campo. Toreo de pulso y seda, que es al mismo tiempo dominio y caricia. Los protagonistas fueron  dos maestros y grandes amigos (aunque hubo “pique”), uno en pleno candelero profesional, como es Diego Urdiales, y otro, Rafael de Julia, que si bien ya no viste de luces, le hemos visto desgranar últimamente unas cuantas obras de arte con capote y muleta, por puro gusto, en diversos tentaderos. Y como alumno afortunado por recibir la lección y ponerla en práctica estuvo Juan José “Villita”, de la Escuela de Madrid.

El escenario fue una ganadería con un presente notable y una proyección aún mejor. Una casa en la que no hay fantasías ni autocoba de ninguna clase, sino un criterio realista y clásico, con disciplina y y exigencia: la de Raúl Tenorio, o sea, San Isidro Se tentaron cuatro vacas en las que, dentro de un buen fondo general, hubo embestidas con muy diversos matices, que había que descubrir y encauzar para hacerlas romper “p’alante”. El pulseo magistral de los engaños, el muñequeo templado con los vuelos y el trazo en redondo y  largo, obraron el milagro de que no se notaran defectos y a ojos de los asistentes sólo hubiera cadencia, estética y profundidad.

¡Muchas gracias a los maestros y al ganadero, y que podamos gozar muchas veces de lo mismo!

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