Memoria del extermino ganadero en la sierra de Madrid por los pistoleros del Frente Popular. Cambian las formas, no el plan de fondo de la ultraizquierda

Desde la óptica taurina, si evocamos la ahora llamada “Memoria” podemos recordar algunos de los pavorosos episodios de saqueo y destrucción de los que fue víctima la tauromaquia y sus gentes bajo la bota del Régimen frentepopulista inspirado entonces por el asesino de masas Stalin, y hoy resucitado y comandado internacionalmente por el tenebroso magnate Soros.

Ciertamente, dicen muchos con razón, los toros deberían estar al margen de la ponzoña política. Pero el hecho objetivo es que los dos intentos contemporáneos para aniquilar la Fiesta han sido el del Frente Popular de 1936 y el que se abre con el golpe del 11M y se prolonga hasta la actualidad, y ambos han venido de la mano de la extrema izquierda y sus aliados, cómplices y siervos, hoy disfrazados con la máscara “progre” o “centrista”.

Los actuales salteadores y profanadores de tumbas, que se definen como orgullosos herederos de aquél Régimen sangriento y caótico del 36, han desenterrado el hacha de la guerra civil y no van a parar, por mucho que los de la “Fundación” les den coba y los inviten al callejón o a la barrera. El buenismo y el apaciguamiento no valen para nada con esta tropa cínica y liberticida, porque en su proyecto está extirpar la tauromaquia, a la que su patético y fraudulento Doctor Odio odia, y eso no tiene vuelta de hoja. El día que les interese, cualquiera de sus corrompidos jueces o tribunales títeres decretarán el fin de los toros, como han hecho recientemente en otros temas y ya hicieron estos mismos chequistas en el laboratorio totalitario catalán. Y punto.

De hecho, la tauromaquia es uno de los primeros ámbitos donde la ultraizquierda y sus socios nazionalistas han abierto las trincheras, por considerarlo (con razón) un mundillo débil e internamente viciado. Es un terreno idóneo, también por su simbolismo, para experimentar a escala reducida la estrategia de destrucción de las raíces culturales, el pensamiento y las libertades en España, que ya aplican de modo generalizado, como parte del plan de dictadura global que financia y organiza el siniestro magnate Soros. Todo muy “democrático”, como se autodefine el Régimen y diría el cursi de Mundotoro.

Es justo y necesario difundir la Verdad Histórica en todos los frentes. Por ello conviene evocar hechos del pasado que ya son conocidos, pero de los que hace tiempo no se habla debido al complejo enfermizo del taurinismo. Hoy nos referiremos a la matanza de ganaderías bravas acaecida en la provincia de Madrid entre 1936 y 1939, que en bastantes casos estuvo unida a la persecución, expolio y asesinato de sus dueños.

Para que el lector se haga cargo de la magnitud de aquella carnicería, antes de la barbarie frentepopulista existían en la zona de Colmenar Viejo y El Escorial cerca de 10.000 cabezas de ganado bravo. Al final de la guerra sobrevivieron 166 vacas, 8 toros, 22 añojos y 127 crías, es decir, 320 animales.

Recogemos el testimonio de don Manuel García-Aleas, tomado del prólogo del libro “Mientras abren el toril”, de Luis Fernández Salcedo, quien cuenta en términos muy elocuentes, aunque suaves y sin dar nombres (¡ya entonces las víctimas estaban acomplejadas…!), una pequeña parte de aquella orgía de muerte y destrucción, que su familia sufrió directamente:

“(…) en las circunstancias críticas de 1936, el Colmenar Viejo se convirtió en un avispero y las ganaderías desaparecieron, quedando sólo algunos restos. Primeramente gente maleante, provista de camiones y fusiles, se dedicó a matar toros. Las Organizaciones se fueron apoderando de toda clase de ganado y sacrificando el de lidia el primero para el consumo. El Ayuntamiento madrileño, necesitando carne para el abastecimiento de la población civil, envió emisarios para la adquisición del ganado.

Intendencia reclamó para el Ejército y nombró una Comisión seleccionadora, para que solamente dejase con vida el ganado de gran producción, y como esta Comisión encontró resistencia en Colmenar, la Comandancia dirigió un escrito al Gobernador en el que se decía”… y para que pueda su Autoridad enjuiciar, le acompaño relación de las reses bravas que existen el en pueblo y que éstas, desde luego, hay que sacrificarlas, pues no interesa en el momento actual mantener una ganadería que no representa utilidad ninguna, siendo necesario para el abastecimiento de las Fuerzas. Con todos estos antecedentes puede su Autoridad hacer juicio exacto del problema y estar en antecedentes de lo que pudiera ocurrir, pues desde luego por este Primer Cuerpo de Ejército se llevará a cabo, sea como sea, la ejecución del ganado que existe en el mencionado pueblo. El escrito se fechaba en La Pedriza, a 13 de mayo de 1937. Por entonces, ya se ha dicho que no quedaba más que un escaso número de reses”

Don Manuel García-Aleas cuenta también que hacia al final de la guerra, las “autoridades” frentepopulistas quisieron poner orden. Veían encima la derrota, e intentaron “quedar bien” a última hora, pero ya era muy tarde, la masacre estaba consumada.

Que nadie se engañe. Por ahora, los nuevos milicianos no actúan a tiro limpio, sino con medios más sutiles (y más letales), pero sus fines son idénticos. Su plan de persecución a muerte contra la tauromaquia avanza imparable, aunque lo dosifican de forma graduada para que se note menos. Tienen todas las cartas marcadas en su poder y dos vías de actuación, una externa y otra interna, que activan según conviene. La externa, más llamativa y poderosa, se manifiesta en el acoso continuado por parte del poderosísimo aparato de organizaciones animaloides, directamente conectadas a los partidos de ultraizquierda y a sus infinitos medios de manipulación y propaganda. La interna, de la que nunca se habla, utiliza como herramientas las bandas organizadas de reventadores “toristas”, que actúan en la plaza y en las redes sociales difamando permanentemente al toreo, la prensa afín y los presidentes y veterinarios saboteadores de festejos.

De todo este movimiento, tanto en su perspectiva histórica como de actualidad, seguiremos comentando, al menos mientras se pueda seguir haciéndolo, porque el próximo paso de esta dictadura es la censura y la cárcel para el discrepante.

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Los presidentes reventadores son estalinismo antitaurino. La nueva estrategia del Régimen para destruir la tauromaquia desde dentro

La pasada temporada apretaron el acelerador y este año van a por todas desde el principio, porque además no hay reacción alguna. Lo que está pasando en Zaragoza es la evidencia plena. Los presidentes reventadores son la penúltima vía que se ha sacado de la manga la dictadura política para dinamitar la tauromaquia desde dentro. Lo hemos venido contando aquí desde las Fallas, se ha repetido en todas las ferias importantes y ahora eclosiona impúdica y descaradamente en El Pilar.

No se trata de unos talibanes sectarios o iluminados, “puristas” y/o “toristas”, que aterrizan en las presidencias de las plazas de toros con ánimo de protagonismo, aunque muchos también tengan ese perfil. Apesta a una estrategia coordinada y a que actúan así para trepar en el escalafón porque reciben instrucciones o “sugerencias”. Vamos, como los “jueces” profanadores de tumbas.

La clave está en quién los coloca ahí y para qué. Y siempre coincide: los responsables de los nombramientos son del aparato político del Régimen, uno de cuyos objetivos primordiales es acabar con todas las tradiciones culturales españolas y con las libertades de acción, opinión y pensamiento. El exterminio de los toros (como la reescritura de la historia, las imposiciones amorales y demás aberraciones) es consustancial con ese llamado “Socialismo del siglo XXI” que aquí aterrizó vía masacre el 11 de marzo de 2004 y apadrina a escala mundial el tal Soros. Empezaron con la supresión de los toros en TVE al poco de okupar el poder ¿o es que ya nadie se acuerda?. Y después ha venido todo lo demás, y lo que está por venir, cada cosa a su tiempo.

Porque una estrategia esencial en esta dictadura es que el rebaño no note que lo es, y por ello, trasladado a los toros, desarrollan un proceso gradual, paso a paso pero imparable. El paso que toca ahora es sabotear los triunfos de los toreros a toda costa. Aquí entran en juego directo los presidentes y toda su corte. El totalitarismo racista vascongado se adelantó en el tiempo, y ahí está la fecunda labor del presidente de Bilbao en el hundimiento de dicha plaza. Lo que ha hecho ahora el Régimen es trasplantar este modelo al resto de lo que llaman “El Estado”. En los toros y en todo.

Como ya hemos señalado otras veces, al sabotear los éxitos desde la presidencia se consiguen varias cosas a la vez: desmotivar y cabrear a la gente que va a la plaza para que no pida trofeos, ante lo “inevitable” de que la presidencia no los va a conceder, con lo cual cada vez se pedirán menos. De paso, la frustración genera abandono, es decir, que se acuda menos a las plazas. Por otro lado, se trata de quitar todo el eco posible a la difusión de las corridas, porque si en la plaza “no pasa nada “ no es noticia. Es anular lo poco que la tauromaquia ya cuenta en los medios del Régimen, mas que para difamarla y perseguirla.

El atildado señorito de Mundotoro ha dado unos pellizquitos de monja sobre los presidentes saboteadores, pero en falso. Falso porque la tiranía presidencial de hoy no es culpa también del odiado General Franco, sino del putrefacto Régimen imperante, al que él llama de “libertades” y “democrático”. La banana son ellos, y la han importado con éxito desde sus admiradas Venezuela, Nicaragua y Cuba a la antes llamada España. Ni las “autoridades”, ni su policía política, ni la llamada “Justicia”,  ni menos que nadie los medios de comunicación tienen nada de democráticos ni de libres. Lugares comunes típicos del manual del buen “progre”, que es a lo que tira el de Mundotoro. Doblemente falsario porque, también como siempre, no entra a fondo de las cosas, sino que pajarea y cursilea por allí para justificarse.

En el campo taurino profesional, ni los toreros, ni los empresarios ni la llamada “Fundación” van a hacer nada, más que aspavientos, resoplidos y lloriqueos en los callejones, como el partido con el que simpatizan, que es el cómplice tonti-golfo de la dictadura. Da pena verlos, oírlos y leerlos. Ni se han atrevido ni se van a atrever a mover un dedo. ¿Y qué decir del público, principal afectado? Pues aún peor. Este pueblo aborregado no pía en cosas infinitamente más importantes y graves, cuanto menos lo va a hacer en los toros. Está ya muy amaestrado en obedecer, callar, pagar y, eso sí, hacer muchas risas. Pues allá ellos si les hace gracia que les atraquen.

El enemigo va a ganar por incomparecencia del contrario. Y la próxima temporada apretará más de la soga y en más frentes.  Al tiempo.

Postdata: Dicho todo lo anterior, también hay que indicar que en esta tarde de Zaragoza los juampedros fueron de va y viene, sin fuelle bravo y a menos. Ponce anduvo en plan lineal y con escaso ajuste, por muy “sentido” que él se sintiera, además de muy gesticulante, ¡Menos aspavientos a la presidencia y más actuar en serio contra estos tiranos donde hay que hacerlo, por ejemplo, con sus amigos políticos!. Cayetano tuvo un lote sin raza alguna, y de nuevo vimos a un gran Álvaro Lorenzo que crece día a día, por capacidad técnica y temple. Excelente actuación conjunta y un quite al 5º memorable.

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¡Hasta el gorro de la chatarra de Cuento Ymbro y del desahogo de sus palmeros mediáticos!

El fracaso sin paliativos cosechado ayer en Madrid por ese invento mediático que cariñosamente llamamos Cuento Ymbro ha sido de órdago. Prueba evidente es la reacción descompuesta, grotesca y  soez hasta lo ridículo de su corte de mamporreros de la prensa, que llevan años creando la fantasía mítica de una ganadería “bravísima” que no es tal, sino un banco de pruebas del señorito de Jandilla, además de una marca asociada para monopolizar el mercado, porque la ambición y el afán acaparador de este clan es insaciable y enfermizo.

Viendo al amo Gallardo en pelotas tras su sexta comparecencia este año en Madrid (¡que manda huevos!), y encima siendo la más petardera de todas en un conjunto de mediocridad total, los lacayos han corrido a tapar las partes pudendas del buen señor, dándose codazos entre ellos para ver quién lo hace mejor. Pero quien da primero da dos veces, y el que llegó antes fue el Guasa de los gatos en la barriga, que para eso tiene su televisión y encima es el más listo.

El espectáculo televisivo fue de los que hacen época. Una auténtica lección que deja atrás todo que lo que habíamos visto con anterioridad, y ya es decir. El de los gatos en la barriga estuvo cumbre. La realidad que todos veíamos en pantalla era sometida a una artística reinterpretación ante nuestros propios ojos. Mientras contemplábamos el bodrio de un toro tras otro, a cual peor hecho, más deslucido y vacío de bravura y clase, el señorito, auxiliado por su banderillero, apenas se refería a lo que allí se veía, y en su lugar contaba una película mezcla de elogios retrospectivos, excusas, medias verdades (diciendo una cosa y la contraria a la vez) y un pastiche de generalidades que no venían a cuento. Sin otro afán aparente que ensalzar a esta grandiosa ganadería y disimular a la desesperada su fiasco en el ruedo.

Ya en el 1º, siempre con la cara por las nubes, escuchamos durante los quites que tenía mucha clase, y en la muleta la culpa de que no embistiera más de dos veces seguidas era del torero, que no acertaba con la distancia. Grandioso.  El sobrero 2º, como era de otra ganadería, no tenía profundidad, y de paso se pusieron a criticar a las vacadas que proceden de otras famosas porque no compran lo bueno, naturalmente excluyendo a la de su amigo Gallardo, que es magnífica “por una serie de circunstancias”. Fastuoso.

El 3º, quizás el más malo de todos, se nos vendió con la estrategia de la amalgama. Al principio hubo intentos exculpatorios diciendo que tiraba gañafones porque enganchaba las telas, o sea, que no era tan malo. Como aquello iba de mal en peor, se empezó a hablar de corridas de  “categoría excepcional” de este hierro, al que se acabó titulando como el campeón de las plazas de primera, aunque “no todas las corridas van a salir buenas”. Y mientras, el toro por allí tirando tornillazos, metiéndose por dentro y pegando frenazos. Apoteósico.

El 4º ya cantó desde salida lo que iba a ser, si no era bastante ver sus horrendas hechuras de dromedario. Se pegó una voltereta en varas, que le valió para excusar su nula clase y escasísima duración, y entre medias se nos decía que no paraba de mejorar, que quería humillar y hasta tenía clase y “ritmito”. ¡Atale el rabo a esa mosca!. A todo esto, veíamos al toro yendo y viniendo cansino, para acabar completamente desinflado. Sublime.

El 5º fue otro espantoso cuellicorto, un zambombo con 647 kg, cuya morfología no gustó al señorito del micro, aunque en los primeros lances se empeñó en que “colocaba la cara” (una de sus frasecitas creativas) y tenía embestidas templadas. Suelto y a la defensiva en el caballo, en la muleta iba y venía por los adentros sin querer pelea, acabando parado y rajado. Grandioso.

Y el 6º, otro zambombo patilargo (según oímos era un dechado de finura), que embistió a saltos y con la cara alta siempre, además de queriéndose ir, el comentario final fue que le había  faltado “compás”. Con dos cojones (y perdonen la expresión). Al final, como entre toda la cuadrilla no sabían por dónde salir, resultó que había pasado “algo” con los últimos toros. ¿Algo?, ¿qué? Pues eso: algo. Excelso

Disculpen por lo prolijo de la narración, pero creemos que merecía la pena comentar con detalle este caso. Luego ha venido un señor de la revista Aplausos diciendo que en realidad lo de su íntimo Gallardo fue un corridón, y que todos hemos visto visiones o somos idiotas. Y remata el ganadero afirmando que el próximo año en Madrid no lidiará 6, sino 8. Si hay alguien más chulo, que levante la mano.

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Un bravo toro de Cuvillo y un gran Perera revientan a los reventadores de Madrid

“Portugués”, un toro bravo y muy a más de Núñez del Cuvillo, ha dejado en ridículo solemne a la chusma terrorista y analfabeta de los reventadores que desde hace años ha hundido el prestigio de la plaza de Madrid. Y también, por comparación, ha desmontando a los ganaderos cuentistas y su rollo de la “movilidad”.

El toro salió echando las manos por delante y fue acogido por los saboteadores con sus habituales berridos por suponer que flojeaba, algo que siempre equivoca a estos palurdos que siendo tan “toristas” carecen de conocimiento mínimo sobre el toro. En el fondo, el objetivo era cargarse la actuación de Miguel Ángel Perera, a quien agredieron  desde el inicio de la corrida, simplemente porque lo odian, como a casi todas las figuras. Esta gentuza es así de mala.

Pero he aquí que, por encima del coro de rebuznos, ya en el capote se vio que el toro metía la cara, y aunque se mostró dubitativo en varas, el presidente y su asesor (esta vez con criterio de grandes aficionados, a favor de la inmensa mayoría y contra el griterío de los reventadores) lo mantuvieron en el ruedo. Fíjense qué gran toro nos hubiéramos perdido si se le hace caso a los violentos, como tantas veces ocurre.

En banderillas, el toro comenzó a venirse arriba claramente, acometiendo al capote de brega de Ambel (sensacional, como las cuadrillas en su conjunto) con gran largura y empujando codicioso con los riñones. Ahí es donde el de Cuvillo rompió a más y a lo grande.

Ya en la muleta, “Portugués” mostró su enorme fondo, gracias también a la lidia perfecta que le dio su matador, que administro sabiamente y con torería de ley las distancias y los tiempos. Los cites muy de largo levantaron al público del asiento. El toro, siempre muy fijo, acudía como un  tren, pero ¡ojo! no de engañabobos tipo Cuento Ymbro, porque siempre lo hacía humillando con el morro por la arena,  con enorme recorrido,  e igual de profundo cuando acometía de cerca que de lejos, o sea, sin inercias. Se comía el elgaño de puro bravo y repetidor. Y otra clave esencial: la faena fue larga y el toro no decayó, sino que embistió por igual de principio a fin. No protestaba al segundo muletazo, sino que, al revés, cuanto más por abajo se le toreaba y sometía, mejor embestía.

Fue una pena que Perera fallase con la espada. Por cierto, ya había estado muy bien con uno de Victoriano del Río sorprendentemente enclasado (cosa rarísima en este hierro), pero sin fondo (cosa no tan rara). El extremeño echó una tarde de figura con letras mayúsculas.

Es lo que pasa cuando hay verdad: que borra de golpe las mentiras y deja en cueros a los farsantes. Hoy cayeron por su peso dos cosas: la miseria falaz de los reventadores y el cuento de las ganaderías mentirosas y glorificadas a base de inventos engrasados con pasta. Hasta se dio cuenta el público normal, que habitualmente calla y se somete ante la dictadura, o se suma al coro, y esta vez se reveló contra los matones, que a fin de cuentas lo que hacen es violentar a la inmensa mayoría del público y su derecho de disfrutar del espectáculo, aparte de insultar, vejar y difamar contra los ganaderos y los toreros mientras se juegan la vida, lo cual indica su grado de vileza moral.

Otro toro grandioso que pasa a la historia de Núñez del Cuvillo. Sin duda y a años luz, la mejor ganadería de las que frecuentan las ferias hoy en día. La única con verdadera personalidad, porque es la creación propia de una familia, no la sucursal del monopolista jandillero. Es la de mayor regularidad y la que más de veras aúna bravura y clase con duración. Por cierto, también fue bueno el del mismo hierro al que cortó una oreja un magnifico y siempre personalísimo Paco Ureña.

Enhorabuena al ganadero, a los toreros y a la tauromaquia, y que revienten de rabia, bilis y odio los reventadores.

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Otro camelo hipervalorado de Cuento Ymbro en Madrid

Enésimo festejo de la sucursal jandillera esta temporada en Las Ventas, y aún queda otro. Atracón de la factoría monopolista hasta la saciedad. Y el rollo sigue funcionando, sencillamente porque es la historieta que se lleva vendiendo desde años y le gusta a este público absolutamente superficial y desconocedor que acude a Madrid y a tantas plazas. Es lo que hay, más los reventadores “toristas”, que aún son peor. Es un problema acuciante de la fiesta en estos tiempos, de imposible arreglo.

Volvamos a Cuento Ymbro. Seis novillos de los cuales ni uno peleó con verdad y entrega en varas, pero dos se movieron. Ni uno humilló, pero dos se movieron. Ni uno se rebosó hasta el final, pero dos se movieron. Ni uno soportó tandas de más de tres muletazos, pero dos se movieron. Clase ni por asomo, pero dos se movieron…

Aparte de los dos que se movieron, 2º y 5º, cuyo arrastre fue aclamado con delirantes ovaciones de público chuflón, cuatro bagatelas con cuernos, una de las cuales tuvo peligro claro, la 6ª. Esto fue la novillada de Gallardo, el tal genio ganadero. Y el desahogado señor, como siempre, encantado de haberse conocido, y sus palmeros igual o más. Porque “ha habido espectáculo”. Vamos, un exitazo.

De los toreros, sólo Tomás Rufo tuvo opciones con los dos novillos de la movilidad para tontos, y las aprovechó muy bien, saliendo a hombros con todo merecimiento, lo cual nos alegra de corazón. Fernando Plaza, con encaje siempre y una quietud escalofriante, de la que sólo muy al final se enteró la “cátedra”, y eso frente a dos mierdas de cuernos. Otra vez los toreros fueron quienes pusieron la verdad. Fue lo más destacado, aparte del nuevo éxito de Cuento Ymbro, claro.

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Lamentable y solanesco espectáculo “torista” ofrecido por Telemadrid desde Las Ventas. Con los reventadores del 7 a los mandos, la tauromaquia da una imagen ruinosa y brutal

El show de los reventadores en directo por Telemadrid. Seis boyancones no ya absolutamente fuera del tipo de sus respectivas castas, sino la antítesis del toro de lidia por bastos, palurdos y zambombos. Género al gusto de la casta veterinaria, que los aprobó de mil amores. Sólo con ver sus fotografías cualquiera medianamente aficionado podría presuponer lo que iba a pasar. Únicamente se salvaba el 6º, y encima fue devuelto por supuesta cojera.

Lo habitual en esta plaza, cuyo rumbo está absolutamente perdido desde hace tantos años. Pero lo más grave y lo que nos preguntamos es: ¿quién ha sido el genio al que se le ha ocurrido dar esto en abierto por Telemadrid? Ni el peor de los antitaurinos  podría haberlo ideado mejor para ofrecer una imagen deleznable de la Fiesta, esta vez en su versión brutal, del buey que pega tarascadas y cornea con saña y a la defensiva y de un público embrutecido e ignorante, justo lo contrario del auténtico aficionado a los toros.

Tarde gris y con la plaza semivacía, apenas asistieron los reventadores y sus amigotes, algunos turistas y cuatro despistados. Una ruina. No importó, es más, precisamente pareció que la intención del ideólogo televisivo era hacer un homenaje a esta chusma, a la que se le dio continuo protagonismo. Fue una especie de publi-reportaje de una cadena de TV pública y con dinero público a lo peor, más agresivo y funesto de la tauromaquia.  Dentro de lo trágico, al menos mostró claramente el analfabetismo y el desconocimiento absoluto del toro y de la lidia de estos sujetos, así como su desprecio por lo racional y su catadura soez, pareja a sus caretos y hechuras. Lo mismo que los moruchos que les gustan.

En el colmo del descaro, y siguiendo la repelente jerga habitual de la morralla “torista” este penoso espectáculo se vendió como “interesante”,  la “verdad” y la “autenticidad”. Sencillamente grotesco y vomitivo.  

Enfín, la cosa no merece ni una línea más, salvo la repulsa completa. Y como cierre, lo único digno y verdadero: que los toreros se jugaron la vida sin ninguna contrapartida, entre la indiferencia y los pitos de la gentuza, con la pistola del odio y el desprecio apuntando especialmente a Rubén Pinar, que a la postre dio los mejores muletazos al noble sobrero 6º, dejando el ridículo a los chuflones del tendido y del micro. También grande Robleño. Un fuerte abrazo a Javier Cortés, cogido de mala forma por un morucho de infame catadura, y los mejores deseos de recuperación.

 ¡Y ni una más de esta televisión!  

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Extraordinaria novillada de Victorino en Arganda, con el tipo y el estilo bravo más auténtico de Saltillo-Albaserrada

Esto es un toro haciendo surcos en la arena, Maravilloso espectáculo de bravura y entrega totales

No falla: cuando Victorino debuta en una plaza, triunfa en el 99 por ciento de las veces, y así lleva 50 años. Como síntoma de control sobre la ganadería no está mal, y como estrategia de creación de mercado tampoco, pero amigos, ¡qué pronto se dice y qué difícil es, rozando lo milagroso!.

Ayer tocó en la feria de Arganda y con una novillada, la primera de este hierro que hemos visto lidiar. Encierro perfecto y modélico, porque así deberían ser todas las novilladas (si las dejaran, porque a otros que no son Victorino no les dejan). Finos, musculados, terciados, astifinos y nada aparatosos de cuerna, además de degollados de papada y sin apenas morrillo. O sea, con el tipo perfecto y natural de su casta, que es Saltillo y, por lo tanto autenticidad total, porque el toro en tipo es el verdadero y el buey gigante del “torismo” es un fraude.

Pero como el Sistema y los chuflones de muchas comisiones de las ferias de novilladas han habituado al personal a ver en estos festejos mastodontes cornalones, buena parte del público protestó a todos los astados de salida. Grave error, fruto del desconocimiento y de creer que el toro de capea es igual que el toro de corrida, debido a que desgraciadamente  casi siempre es así, aunque no debería.

El primero de la tarde ya marcó la pauta de humillación de tuvo casi toda la novillada

Más allá de su presencia, lo importante y excepcional fue que todos (menos uno, y el resto no por igual) embistieron de verdad y propiciaron el éxito, y también en el aire legítimo de los saltillos: la bravura con codicia y una enorme humillación, unida  a un gran recorrido en la embestida cuando se les enganchaba y llevaba hasta el final y se les toreaba con limpieza, lo cual no siempre fue fácil. Y cuando ello aconteció, disfrutamos con ese maravilloso espectáculo de ver a un toro bravo haciendo surcos con el morro en la arena y comiéndose la muleta hasta donde lo conducían, una y otra vez. Compruébenlo ustedes en las imágenes que aquí les dejamos.

La humillación extraordinaria del segundo de la tarde

Respecto a los toreros, el menos afortunado fue Antonio Grande, pero tanto El Rafi (con un lote de campeonato) como Isaac Fonseca triunfaron de verdad y torearon de categoría, porque tuvieron novillos para ello, se arrimaron con salero y dieron con las claves lidiadoras, especialmente en el 5º y el 6º. Así que la tarde empezó con pitos de los “toristas” y acabó en medio del contento general. Se impuso la verdad y se impuso la bravura. Y un apunte: el ganadero o el mayoral debieron ser invitados al menos a saludar, y no fue así. Muy injusto.

Otro de los grandes novillos de la tarde: el quinto, al que El Rafi cortó una oreja
Como broche final, la apoteosis al natural de Isaac Fonseca con el sexto

Aunque seguro que lo disfrutó más que nadie, no hemos oído al ganadero manifestar la euforia que esta vez sí era más que justificada, porque, de los muchos que hemos visto,  este ha sido uno de los encierros más completos que se han lidiado en la historia de Victorino, y en esta afirmación no hay ni ápice de exageración. Quizás se deba a que en los últimos tiempos lleva una estrategia comercial más “torista”, en lo cual no estamos de acuerdo en absoluto, porque es un camino suicida y porque la casta Saltillo no fue en su origen ni es por naturaleza dura o bronca, sino todo lo contrario, en su época gloriosa fue paradigma de nobleza y bondad, pero dentro de su sello bravo.

Saltillo y su derivada de Albaserrada fue preferida por las figuras, desde Guerrita a Manolete y la base de las ganadería mexicanas. Si luego se vino abajo y sacó su cara amarga fue por abandono o mal concepto de sus posteriores dueños, lo que precisamente fue corrigiendo con el tiempo el propio Victorino padre, y por eso triunfó, aunque de puertas a fuera vendiera otra mercancía. Por cierto, lo mismo que luego ha hecho su pariente Adolfo.

Vaya pues nuestra enhorabuena más cordial para Victorino, para los toreros y para quienes trajeron esta novillada con tipo de novillo y en el tipo de su casta. ¡Gracias!

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