Lo extraordinario del victorino “Cobradiezmos”

El indulto en Sevilla del toro “Cobradiezmos” ha sido unánime, inapelable y rotundo. Pero, ¿qué ha tenido de extraordinario este animal respecto a otros buenos, incluso muy buenos toros, que el público ha visto otras veces?, ¿qué explica la reacción clamorosa de La Maestranza pidiendo el perdón de su vida? A nuestro modesto entender dos cosas: que ha enseñado la bravura en toda su dimensión y que ésta mostraba un estilo diferente a lo que la gente suele ver: era la embestida de un toro sensacional, pero además de casta Saltillo-Albaserrada, que apenas existe ya por aquí.

La bravura tiene muchos matices, pero hay algo esencial para determinarla: que el toro embista con la misma intensidad, entrega y franqueza desde la salida a la muerte, sin decaer, o incluso mejorando cada vez más. Eso es lo que ha tenido este victorino, y de lo que carecen muchos supuestos toros buenos actuales: bravura siempre a más.

La forma en que lo ha manifestado ha sido una embestida humillada desde el primer lance de capa hasta el último muletazo. Siempre igual, incluso mejor cuanto más se le exigió, que fue desde mitad de la faena. Esa es la clave, y más en esta casta Saltillo, porque va en su naturaleza (aunque debería serlo en todas). Hoy muy pocos toros humillan de verdad, y aún menos lo hacen igual al principio que al final del muletazo.

Los finales son los que dan la verdadera dimensión del toro: finales de cada pase, finales de la tanda, finales de la faena. “Cobradiezmos” ha tenido en todo unos principios tan extraordinarios como los finales. Y a todo ello el toro de Victorino ha sumado otro carácter clásico de esta sangre: la vibración, la acometividad y la alegría. En suma: bravo de verdad y con una bravura distintiva. “Cobradiezmos” sólo veía muleta, se la comía y se iba hasta el final del pase haciendo surcos con el morro en la arena. Un espectáculo de belleza y emoción desbordantes. Una obra de arte hecha toro bravo.

Viendo a este toro nos hemos acordado de su principal artífice, el insigne “Paleto de Galapagar”, y nos hemos emocionado al ver a su hijo y por su nieta, presentes en la plaza. Pero también nos han venido a la mente los nombres de Llaguno, Pepe Chafic y otros excelsos ganaderos mexicanos que tan sabiamente modelaron y sublimaron la estirpe Saltillo en México, donde es mayoritaria, y que quizás hayan gozado con el triunfo de este victorino, por cuyas venas también fluye esa misma aristocrática sangre brava.

Tardes como la de hoy trascienden más allá del episodio concreto, y sirven como referencia incontestable para reivindicar una y otra vez la variedad de castas, la necesidad de que en todas las plazas se dé cabida a ganaderías de diferentes orígenes. Ya es hora de que se rompa de una vez por todas con el monopolio asfixiante de 4 o 5 ganaderías que proceden de lo mismo, copan todos los carteles y ya ni siquiera embisten con regularidad. Lo de hoy deja a la miserable altura que se merece aquello de que “las castas minoritarias lo son porque no embisten”, que dijo un clulesco sujeto de Albacete recientemente fracasado en esta misma feria.

No se trata en absoluto de desterrar lo de Domecq, sino de que lo de Domecq no destierre a otras sangres excelentes, como ya pasa, o que su monotonía se lleve por delante a la propia Fiesta en un momento crucial como este. Es imprescindible abrir las puertas, y que la variedad de comportamientos de las diferentes castas se traduzca en grandeza de la Fiesta, en espectáculo integral, rico, cambiante y apasionante.  “Cobradiezmos” ha demostrado que lo grandioso lo es aún más por diferente, sorprende e inesperado. Esa fue siempre la esencia de la tauromaquia, y a eso debemos volver cuanto antes.

Larga gloria como futuro semental a este toro, a la casa Victorino y a lo mejor de la casta Saltillo.

 

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El linchamiento televisivo del Juli y su acomplejada actitud salpican a todo el mundillo taurino

Lo de El Juli dejándose calumniar públicamente en la telebasura por un sujeto que ejerce como comisario de la secta política animalista supera todo lo visto, aunque no había que ser un genio para imaginárselo.  El perdonavidas totalitario mal llamado presentador escupió en la cara al torero llamándole “asesino en serie”, y éste se la envainó, siguió allí sentado, tragando y haciéndole el juego, en vez de responderle como era debido, irse de inmediato y dejarlo con el eructo en la boca.

Es inimaginable que cualquier figura del torero de verdad, un Ordóñez, un Luis Miguel, un Camino u otro de esa categoría, hubiera soportado algo parecido, no ya igual.  Lo primero es que ninguno de ellos se habría rozado con ese tipo de gentuza, y mucho menos caído en su burda trampa. Y llegado el caso, si un soez charlatán se atreve a denigrarlos de esa manera, él y su repugnante comparsa no lo olvidan hasta el fin de sus días.

Primer error fatal: El Juli fue voluntariamente a la caverna mediática del totalitarismo y frente a un individuo de conocido talante represor. Segundo, y más grave: no lo hizo para pelear con firmeza y con argumentos de fondo, los de la libertad y la cultura,  sino en plan apaciguador, siempre a la defensiva y ya directamente de rodillas cuando el calumniador le escupía. El Juli jamás pasó al ataque, y tenía muchos argumentos en su mano, por ejemplo: ¿qué derecho tienes tú y tus amigos a prohibir la tauromaquia y a agredirnos de palabra y obra?, ¿acaso pertenecéis a una casta genética o ideológicamente superior?, ¿quizás os viene de una ideología que lleva a sus espaldas una secuela histórica de muerte, terror y miseria allí donde se ha implantado?

El Juli se creía (o le hicieron creer sus sabios consejeros)  que por aceptar la “invitación”  e ir de buen chico la fiera le iba a tratar bien.  Craso error, era la típica encerrona en la mazmorra del déspota “analfaprogre”, tantas veces probada con éxito con tontitos cobardones. No conocen a estos manipuladores sin escrúpulos, demagogos baratos pagados a precio de oro, sembradores de odio y propagandistas de los que pretenden establecer una tiranía. Como otros “mariacomplejados”, pareció que El Juli iba al WC televisivo para hacerse perdonar por existir, a dialogar en buen rollito con quien sólo quería aplastarlo, vejarlo y ridiculizarlo, y acabó pisoteándolo a placer. Le está bien empleado, igual que a todos esos que abogan por la rendición preventiva que sólo lleva a la derrota.

Después, como no podía ser menos, el portal Mundotoro salió servilmente a calzón quitado intentado disimular el lamentable esperpento de El Juli, y no se le ocurrió otra cosa que el sólido argumento de que “estuvo muy educado”. De coña, o más bien para llorar.  Ya habéis comprobado por dónde se pasan estos miserables lo que llamáis  educación. A la vista de todos ha quedado de manifiesto el éxito de la estrategia de “acercarse a ellos para conocernos” que planteó ese genio de la comunicación tan amigo de El Juli precisamente también desde Mundotoro, ¡qué casualidad!

La penosa actuación del Juli en su linchamiento ante las cámaras no es una anécdota pasajera, sino que se trata de un síntoma que delata la gravísima enfermedad enraizada en una parte de la sociedad, los que pegan y los que se dejan sacudir sin hacer nada, y que a nuestro modesto juicio ya no tiene remedio. Por si contribuye a aclarar algo, les dejamos una frase que se publicaba hace unos días en un siniestro panfleto digital de signo extremista sobre la agresión sufrida en la calle por el líder político del Maricomplejinismo: “¿No es cristiano?… ¡pues que ponga la otra mejilla!”, decía una camarada revolucionaria.  Así es como procesan mentalmente estas bestias, ¡a ver si os enteráis de una vez!

Casi para terminar, inevitablemente, nos surge una pregunta:  ¿se ha querellado El Juli por calumnia contra el tío que le ha llamado públicamente asesino en serie? Pues lo mismo que el político aludido: No. Así pues, ya saben lo que tienen que hacer a la próxima: ponerla otra vez.

El problema no es que agredan al Juli, sino que el mensaje va dirigido y proyectado hacia todo el mundo taurino. Es decir, lo que en el fondo parece indicar  el vulgar dictadorcete de la telebasura es que para él todos los que gustamos de la cultura del toro bravo somos asesinos en serie. Ahora queda por ver si los demás también seguimos poniendo la otra mejilla o luchamos en serio, porque en unos pocos días puede abrirse la veda contra nosotros en su fase final.

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La élite taurina, acomplejada, paralizada y carcomida, sigue ausente

La guerra se pierde por la inacción y cobardía patológica del oficialismo taurino y por el fuego del enemigo interior. La banda político-dictatorial afronta el 20-D cuchillo en mano para rematarnos. Han pasado seis meses desde su asalto al poder local, no ha parado el linchamiento contra la tauromaquia, y el plan es que vaya a más.

Es evidente que el objetivo inmediato es la liquidación total de la Fiesta lo antes posible, y para ello han empezado por fumigar sus raíces: cerrar plazas y escuelas taurinas, cuyo proceso de eliminación continúa de forma imparable, como se ha visto estos últimos días. También van a masacrar a la ganadería brava. No hay marcha atrás ni la va a haber. Hasta han copiado el lenguaje de los nazis, con los que tienen tantas semejanzas: “se trata de ideología”.

Estos partidos y grupúsculos reaccionarios, que llevan la dictadura y el odio a la libertad en la masa de la sangre e imponen la soez doctrina animaloide, son los mismos que defienden fanáticamente y hacen negocio con la cultura de la muerte en todas sus manifestaciones, aquí y en los países sometidos a las tiranías de su misma ideología, generadoras de hambre y terror. Pero ¿han oído o leído a algún taurino que se atreva a decírselo?

Frente a los tiranos, de momento los únicos que han dado la talla con valentía, inteligencia y efectividad son los aficionados de los festejos populares, organizando, movilizando de verdad a la gente y plantado cara en vivo y en directo a los agresores, tanto en la calle, frente a las bandas de matones animaloides, como en los plenos de ayuntamientos, cara a cara con los politicastros radicales, y todo eso unido a la vía legal. O sea, la estrategia en todos los frentes, no sólo en la defensa, sino también en el ataque  activo a los que vienen a machacarnos. Ese es el único camino a seguir, no hay otro: lucha en todas las trincheras.

También hemos plantado cara modestamente algunos aficionados individuales en los foros de Internet, aunque más bien haciendo la guerra por nuestra cuenta y sin coordinación. Lo peor es que no contamos ni con el apoyo de otros supuestamente amigos, o que van de taurinos, ya que cuando nos leen se asustan, callan o se ponen de perfil, en la típica actitud mansa y acomplejada tan extendida en toda sociedad enferma. Son esos  hipocritones que continuamente están lloriqueando con lo de “¡qué barbaridad!”, “¡qué sinvergüenzas!” “¡es increíble!”, “¡qué maleducados!”, “no me lo puedo creer”… Pellizquitos de monja que cada vez nos dan más asco por la patología cobardona que delatan. Se niegan a ver la verdad de la bestia, porque les da miedo. Pero la bestia viene a comernos, y no sólo en los toros.

Sin salir de Internet, lo más repugnante y vil es la banda de reventadores refugiados en blogs y en Twitter, que desde su oscura pocilga vomitan odio y resentimiento, denigrando a la Fiesta un día sí y otro también, calumniando y mofándose de los toreros y ganaderos que no pertenecen al grupo de morucheros “toristas” a los que sirven. Son los herederos residuales de los periodistas trincones que crearon al grupo de reventadores del 7 de Madrid, y otras plazas, como palanca de presión para extorsionar a toreros, ganaderos y empresarios. Esta chusma es, sin duda, la aliada número 1 de la horda antitaurina, porque son de su misma calaña.

¡Qué decir del sector profesional taurino! Penoso, inoperante y más cobarde aún. Las figuras, calladas como estatuas de piedra, fuera de una realidad que se la suda (con perdón) en su pequeño mundo del acoso y derribo. El “grandioso” Juli a la cabeza y sus fieles empleados, Perera y Talavante, detrás del amo. Sólo Castella tiene el coraje de salir a la palestra y decir la verdad. Los grandes empresarios, a llevárselo mientras quede algo. La mayoría de los ganaderos bastante tiene con sobrevivir heroicamente, mientras que a los cuatro de los monopolios “julista” o “torista” no les importa más que seguir vendiendo e impedir que ningún otro criador pueda entrar en sus círculos.

Los comisarios oficialistas del periodismo taurino, encabezados por el de Mundotoro, siguen con sus pedantes e ininteligibles sermones,  y encima repitiendo que los agresores okupas de la política son “legítimos” y que la solvencia cultural del torero se basa sólo en personajes de izquierdas, los otros o los que no tenían color no cuentan.  Ahora andan enredados en geniales y erráticas estrategias que no llevan a nada. Hoy dicen que “hay que acercarse” a los agresores, mañana que hay que llevarlos a los tribunales y pasado ya veremos.

En suma, las élites del torero, como siempre, a la espera de que otros arreglen el problema. Si se produce el milagro, se darán codazos para recoger los frutos, y si no, rebañarán lo que quede. Mientras, los dictadores ganan día a día y afilan las navajas para asestarnos el golpe final, y los partidos supuestamente amigos o neutros dan un pasito adelante y otro para atrás, véase en la Comunidad de Madrid. Quizás ya sea demasiado tarde.

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Sobre la nueva agresión de supuestos partidarios de Prieto contra los veraguas de Aurelio Hernando

Con la tauromaquia cercada por la horda política, una infecta pandilla de cuatro gatos emprende una nueva operación cainita de odio y resentimiento contra Aurelio Hernando, una de las poquísimas ganaderías representativas de la casta Veragua que aún subsisten y, desde luego, de las mejores. Si siempre es repugnante un comportamiento de este tipo, su inmundicia y maldad aún es mayor en un contexto como el presente. Es el tipo de gentuza que debemos erradicar de la Fiesta para siempre si queremos sobrevivir, pues da una imagen asquerosamente ruín y mafiosa, que nos mancha a todos.

Tanto ensañamiento no puede entenderse racionalmente sin analizar los antecedentes. Las agresiones comenzaron en 2012, año en que se anuncia por primera vez una novillada completa de Aurelio en Madrid, que finalmente, mediante la combinación presiones de despacho y una campaña de insultos y difamaciones en las redes sociales por parte de esta misma cuadrilla, se queda fuera, ocupando su lugar…. una de Prieto de la Cal que había visto la empresa en el campo y no servía por su escaso trapío, pero finalmente entra con calzador veterinario y fue un rotundo fracaso.

Pero animados por el éxito de la primera puñalada, sus impulsores quisieron repetir la maniobra al año siguiente y casi lo consiguen, de nuevo con la ayuda de una nefasta señora afortunadamente ya expulsada de la Unión de Criadores y sus patéticos y amelonados cómplices de la Asociación. Por un rebote del destino, al final los utreros veragüeños de Hernando entraron en Las Ventas sustituyendo a un encierro rechazado, y encima varios embistieron con largura y claridad, en contraste con los de Prieto lidiados unos días después.  Así, el odio se convirtió en envidia y resentimiento.

La nauseabunda pandilla dejó de acosar a los veraguas de Aurelio en 2014 y 2015. El primero de estos años la empresa ni contaba con Prieto por sus petardos anteriores, y Aurelio lidió otra novillada en Madrid, en la que de nuevo hubo dos ejemplares notables, además de llevarse el premio al más bravo en la novillada-concurso de la plaza francesa de Millás. En este 2015 sólo ha lidiado sin caballos en el certamen de noveles de Canal Plus, saliendo uno de bandera y varios muy buenos, además de un magnífico lote de utreros en Villamanta (uno de ellos galardonado con la vuelta) y un festival, también con otro astado de vuelta al ruedo.

Pero he aquí que hace unos días se anuncian las ganaderías para la feria francesa de Ceret de 2016 y aparece una corrida de Aurelio Hernando. Nada más publicarse la noticia saltan de nuevo en las redes sociales los mismos tipejos inquisitoriales, vomitando las mentiras, insidias y paridas sin fundamento de siempre y, otra vez, reivindicando a Prieto de la Cal. Curiosamente, esta chusma no ataca a otras ganaderías que conservan algo de Veragua (Javier Gallego, Julio de la Puerta, Fernando Palha, etc.), sólo a la de Aurelio, única que lidia esta sangre en plazas importantes y, por tanto, puede competir en ellas con la de Prieto enarbolando la bandera de Veragua. ¡Qué casualidad!

Ojo, no afirmamos en absoluto que Prieto esté detrás de esta nueva jugarreta ni tenga nada que ver en ello, porque no tenemos pruebas. Nos da pena y nos resistimos a creer que un ganadero sea tan torpe y tan miserable como para hacer esto. Puede ser que unos babosos “espontáneos” rezumen tanto odio contra alguien que no conocen y contra una ganadería sobre la que ignoran todo, porque en este mundillo hay pirados de toda condición. No obstante, y dados los precedentes,  surge una duda: ¿este ataque no será fruto del resentimiento inducido de un mal perdedor con el que no han contado esta vez, y que ve peligrar su falsa exclusividad veragüeña en Francia?

Lo cierto es aquí hay un agredido, que se llama Aurelio Hernando y una docena de individuos bien conocidos que mienten, denigran y difaman, además de ser unos completos ignorantes en materia de ganadería brava: dos o tres perturbados de Madrid, otro de Cenicientos, otros dos o tres de Aragón, alguno de Mérida y un par de compinches franceses, cuyos nombres y apodos no vamos a reproducir aquí para no ensuciar la pantalla con basura. Incluso, algunos habituales de este círculo que son más listos, esta vez se han quitado de en medio. Estos tipejos usan tácticas propias de la ciberdelincuencia organizada y se han creído que tienen derecho a decir quién puede y no puede lidiar, y a vilipendiar a quien se atreva a anunciar la sangre de Veragua en determinadas plazas, cual si sus amigotes fueran señores feudales y ellos la Gestapo. Pinchan en hueso.

Pensamos que los gestores de las plazas francesas son gente seria, que saben de esto y no se dejan engañar o chantajear con patrañas baratas e interesadas. Creemos que no cederán a presiones ridículas sin fundamento, y menos procedentes de una banda navajera que, además de insignificante numéricamente, es despreciable en lo personal y posee un ínfimo nivel taurino. Y ante todo está la verdad de una corrida que a día de hoy ya es una “tía”, y cuando coja la primavera y esté para lidiarse va a ser impresionante, como tendremos oportunidad de mostrarles en imágenes.

No pudieron acabar con la ganadería de un honrado luchador, gran persona y gran ganadero como es Aurelio Hernando, ni van a poder. Algunos no vamos a callarnos por una elemental cuestión de dignidad y justicia, como no lo hemos hecho en ataques anteriores. Y que les quede clara una cosa a ellos y a sus patrocinadores: como busquen guerra, la van a tener en todos los frentes y sin descanso. No vamos a esperar otro ataque, seremos nosotros los que sacudamos por delante y por si acaso, durante y después.

¿Les suena una ganadería que ha cruzado con un semental de Algarra, puro Juan Pedro?, Pues tomen nota y arrieros somos, porque hay mucho fondo de archivo del que tirar.

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Mundotoro asume la retórica del enemigo y confunde la estrategia

Pocas veces uno ha sentido más estupor en su vida de aficionado que tras la lectura en el portal Mundotoro de la pieza “Expulsados”. Todo un alegato de rendición ante la mayor amenaza de la historia de la tauromaquia, aunque envuelto en el empalagoso y afectado barroquismo verbal habituales en el autor. Pero si desbrozamos la cursi farfolla de vaguedades e inconcreciones, la idea que queda es muy simple: “no nos quieren… algo habremos hecho… es lo que nos merecemos…”. O sea, el síndrome de Estocolmo: la víctima cree que su verdugo tiene razón, o incluso que éste posee algún tipo de superioridad moral.

Además de la autoinculpación, el síntoma más llamativo que delata la postración ante los que vienen a cortarnos la cabeza es que se adoptan sus prejuicios y lugares comunes. Cuando se habla repetidamente del “pueblo” en contraposición a la “fiesta pija”, la idea que claramente subyace es la lucha de clases, dogma doctrinal básico de los inquisidores. Aparte de cavernícola, es un tópico carente de sentido alguno en el contexto taurino, totalmente artificioso y falso, porque la gente que va a los toros, como a cualquier otro espectáculo, lo hace porque le gustan, con independencia de su clase social o a quién vote. En el tendido nos mezclamos todos y nos vinculamos por nuestra pasión común.  La Fiesta es ajena por completo a estas teorías del rencor, y al utilizarlas se cae en la casposa demagogia del enemigo.

Viene a decirse en Mundotoro que “el pueblo” no siente como suya la Fiesta, que ya no está presente en su vida cotidiana. Pero, ¿quién es del “pueblo” y quién no lo es?, ¿todos los que son del “no pueblo” son “pijos”?, ¿dónde está la frontera que separa a unos y a otros?,¿quién se atribuye el derecho a determinar estas categorías?… a ver si se aclara, profundiza un poco más y nos explica esos pequeños matices. Los maniqueísmos simplistas que dividen a la gente de esta manera son simplemente enredos para crear una dinámica de enfrentamiento donde no existe, como bien saben los que basan su actuación en dicha táctica desde la política. Uno de los problemas que tienen estos pijos (ellos sí) que van de progres, es que viven en permanente contradicción, y siempre les sale el punto de elitismo autoritario, porque al final son ellos, una casta de elegidos, quienes etiquetan y discriminan a los demás, quienes imponen cómo debemos comportarnos los otros.

Pero fuera de cortinas de humo demagógicas, hay varias razones que explican el distanciamiento de una parte de la sociedad respecto a la Fiesta, cosa que tampoco es nada nueva. Ya sabemos de sobra que los estamentos taurinos son en general cerrados y comunican mal o peor, y también que el torero es reino de la picardía, que cada uno va por su lado y todos a remar para casa, pero ni más ni menos igual que pasa en ámbitos como el deportivo, infinitamente más podrido. La diferencia es que el deporte sí cuenta con el apoyo político-mediático, y el torero no.

Precisamente,  el motivo fundamental de que la Fiesta sea poco visible en la sociedad está en los que conceden esa visibilidad, y en ese sentido nuestro espectáculo se enfrenta a la estrategia de silencio, ignorancia, mentira y linchamiento impuesta hace algunos años desde la política al aparato mediático-televisivo de manipulación y propaganda que domina en España, modela las mentes y pastorea al rebaño. Aquí funciona de forma aplastante la teoría de la “aguja hipodérmica”, según la cual los medios de comunicación inyectan una visión de la realidad en las masas, y aunque ésta sea parcial, falsa o interesada, si se repite de forma continua la gente la acaba por asumir como verdadera. Eso se llama totalitarismo y manipulación en estado puro.

Para la inmensa mayoría, la realidad no existe si no la ve en televisión y da versosimilitud a lo que le cuentan allí, que en un 95% de las veces va en la misma línea. La casta de comisarios del pensamiento único, cutre y guarrindongo (todos ellos millonarios) actúan como palanca de poder esencial de los que quieren acabar con todo y con todos los que no comulgan con sus dogmas. En este opresivo ambiente de realidad virtual o Matrix televisivo, la tauromaquia no existe, salvo para denigrarla, cosa que el autor de la pieza sabe perfectamente, lo que pasa es que no se atreve a decirlo.

Aparte del nefasto influjo mediático, hay dos factores autodestructivos que colaboran  desde dentro, de forma muy especial el espectáculo fofo, rutinario, monótono y previsible impuesto por el monopolio taurino al que aplaude sistemáticamente el de Mundotoro, y, en menor medida, la versión brutal de circo romano que quiere el “torismo”. Ambas líneas extremas abocan a lo mismo: transmitir una imagen penosa de la Fiesta, ahogar su potencial de crecimiento y desmotivar a los posibles clientes. Y a pesar de tener todo en contra, son varios millones de personas las que asisten a las plazas de toros y aún más las que valoran la tauromaquia, cosa que el de Mundotoro también obvia en su claudicante sermón.

Por si había alguna duda sobre el mensaje, hacia el final del texto el autor lo deja claro. La estrategia por la que aboga es, literalmente, “acercarse a ellos para empezar a conocerse”. ¡Como si hablara de un ligue!, ¡qué yupi y qué guay! …o sea, ¿dialogar con los que llegan con la lata de gasolina y la cerilla para quemarnos?, ¿pedir perdón por existir a los que buscan convertirte en cenizas?, ¿dar un besito a los que vienen a machacarte?… No nos haga reír ni nos tome por imbéciles. A un fanático iluminado no le valen argumentos ni razonamientos buenistas, actúa con las vísceras y la coacción. ¿Sirvieron de algo las idas y venidas al parlamento catalán?, pues aún menos va a servir pasar la mano por el lomo del tiranosaurio totalitario, más que para que se cachondee y nos triture con más ansia. Lo primero es que quien agrede, insulta, denigra y quema coches deje de hacerlo, renuncie a la violencia verbal y física. Y a la vista está que de renunciar nada, sino al contrario.

Aquí no tenemos afecto a ningún partido, ni afinidad política alguna; no es nuestro tema ni nos interesa. En todo caso, desconfiamos del poder o de sus aspirantes por sistema. Pero hay que tener clara una cosa esencial: lleve la etiqueta que lleve, si alguien viene a robarnos nuestra libertad y nuestro patrimonio cultural, a destruir la maravilla del toro bravo y su mundo, en ese momento deja automáticamente de ser legítimo, por mucho aparato de propaganda, pasta y poder que tenga detrás. Los dictadores carecen del derecho feudal para imponer por decreto o por la fuerza sus gustos. Nadie que quiera machacar a otro ni reventar la convivencia puede pedir respeto ni pasar por respetable o normal.

Por lo tanto, que se deje el de Mundotoro de hacer jueguecitos retóricos con su habitual pose relamida e impostada de protestatario ante no se sabe quién y hacia no se sabe dónde. Nadie con las ideas medianamente claras se va a confundir. El monstruo liberticida quiere liquidar el toreo allí donde pueda, y lo hará. Por eso, donde se produzca la agresión o la prohibición, la estrategia no es el perfil bajo, que consiste en arrastrarse por el suelo o gimotear. Los represores tienen que percibir nítidamente que si quieren matar a la tauromaquia no les va a salir gratis. No hay más actuación que la oposición frontal, la denuncia sistemática montando todo el ruido posible y la lucha activa en legítima defensa y en todos los frentes legales. La represión o la violencia que quede para ellos, pero la firmeza tiene que ser nuestra.

Y a todo esto, ¿dónde están las llamadas figuras del toreo, especialmente ese “coloso” íntimo del señorito de Mundotoro?, no se les ve el pelo ni se les oye, y cuando dicen algo, como hizo Talavante en Tendido Cero, delatan un gazpacho mental absoluto. Hasta ahora, los únicos que han tenido la dignidad y la valentía de hablar claramente han sido la Unión de Criadores de Toros de Lidia y el portal Aplausos, que diariamente informa sobre la verdad de lo que está pasando y lo denuncia públicamente, mientras otros disimulan y ocultan, mirando al tendido de la demagogia.

Hay una cosa en la que el de Mundotoro sí tiene razón: aquí nos conocemos todos, y algunos no se caracterizan precisamente por su altruismo, por lo que, dicho con todo respeto, lo mejor es la discrección.

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Jabatillo, o porqué Núñez siempre marca la diferencia

Jabatillo, de Alcurrucén, lidiado en Madrid el pasado 27 de mayo, fue un toro sensacional. Pero, ¿qué ha tenido éste de mejor respecto a los otros toros buenos que han salido hasta el momento en la feria de San Isidro?; muy sencillo: la impronta grandiosa de los núñez, que sigue marcando una diferencia cualitativa abismal con otras sangres, y que Jabatillo mostró de manera diáfana.

Los grandes toros de Núñez, como Jabatillo, no necesitan venirse de lejos para tener recorrido, sino que, cuando el torero los cita de cerca, son capaces de meter los riñones y, humillando de verdad, siguen los vuelos de la muleta por abajo desde el principio hasta el final del pase. La humillación es esencial, porque el toro se rompe metiendo el hocico por el suelo, con total entrega en el engaño, lo que no ocurre si embiste a media altura o no tan humillado, caso del toro de El Torero o algunos de Juan pedro Domecq en esta feria, no digamos ya el ensabanado de Fuente Ymbro tan absurdamente glorificado. Núñez es otra dimensión de la entrega y, por ende, de la bravura. Es incomparable.

Los grandes toros de Núñez embisten de la manera descrita y, además, lo hacen siempre creciendo, con dos matices: igual o mejor en el quinto que en el primer muletazo de la serie, e igual o mejor conforme avanza la faena, o sea, duran y duran manteniendo las mismas virtudes. Es una bravura de calado profundo. A otros, aun siendo buenos, casi siempre les falta ese remate de embestida y esa duración, les falta clase. Es otro estilo de embestida menos reposada, menos seria, menos de verdad. No hay color.

Si todo lo anterior lo combinamos con el temple y la cadencia, más el punto de fijeza y repetición que mostró Jabatillo, tenemos un toro bravo, de enorme nobleza y, además, que transmite importancia sin necesidad de esa movilidad  revoltosa y defensiva, que en realidad engaña y sirve de tapadera a muchos defectos del toro, porque cómo todo pasa tan rápido, todo cuela…

Que no se empeñen los amigos y beneficiarios de Juan Pedro, por un lado, en hablar de clase respecto a una corrida que no la tuvo, ni los “toristas”, amigos y beneficiarios del señor Gallardo en cantar la bravura de un fuenteymbro que tampoco la tuvo. Tendrían otras virtudes que normalmente se camuflan con el término “interés”, pero esas no. Para clase y bravura en tono mayor el núñez de Alcurrucén.

PD. Disfrutemos y hablemos de toros mientras podamos, porque para la tauromaquia, la libertad y la vida llegan tiempos de oscuridad, odio y tiranía…

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Los reventadores de Madrid no cambian ni cambiarán

Aún no llevamos una semana de feria y ya ha habido unos cuantos episodios de ignorante demagogia, ruindad y miseria moral, típicos de la minoría totalitaria y cateta que sigue condicionando en gran medida lo que ocurre en Las Ventas antes, durante y después de la corrida. Y todo ello con la necesaria colaboración de una “autoridad” acobardada o, en muchos casos, cómplice de los delirios, maldad y analfabetismo cesarista de los talibanes. Se dice que ahora hay menos crispación, pero la realidad es que, habiendo mejorado alguna tarde, el clima de la plaza dista a años luz de ser el normal en un espectáculo al que se supone que se va a disfrutar. Así será mientras esta chusma siga imponiéndose, lo que pasa es que algunos ya se han acostumbrado, o no les va mal así.

La prensa continúa sin atreverse a denunciar frontalmente, desenmascarar y pedir la expulsión de estos pájaros. Eso cuando no sigue colaborando activamente con ellos o riéndoles las gracias, especialmente el viejo demagogo del bigote teñido, que, si bien amansado al calor de la pasta (lo único que le interesa y le ha interesado siempre) aún da coba al grupo de cafres que él mismo creó junto a sus desaparecidos cuates Navalón, Mariví y Vidal, siniestro grupete que inoculó la patología que 40 años después sigue emponzoñando la plaza de Madrid.

Con este cuadro, no es de extrañar que pase lo de siempre, y eso que aún no han llegado las llamadas figuras. Lo más vil es que la crueldad, la burla y el desprecio también se ceba ya con toreros modestos y novilleros, a los que se les pita e increpa durante las faenas o directamente se les roba trofeos ganados en buena lid, hasta regados con sangre, y pedidos por la inmensa mayoría. Y ello porque a los cuatro cerriles de esta banda se les pone en las narices y el presidente o se acongoja, o es tan prepotente e ignorante como ellos. Miren lo que le pasó a Gonzalo Caballero, o al pobre Paco Ureña, entre otros.

Y si hablamos del toro, tres cuartos de lo mismo. Por mucho que los reventadores digan una y otra vez que no les gusta el toro grande, su comportamiento va siempre en la misma dirección. Así, el pasado domingo berrearon ruidosamente por la presencia de dos toros de Valdefresno con trapío más que sobrado, precisamente los dos que no llegaban a los 500 kg, ni falta que les hacía. Las fotografías de ambos morlacos hablan por sí mismas sobre su seriedad. Sin embargo, no hubo berridos contra el feo y bizco colorado de casi 600 kilos que cerró ese mismo festejo, y mucho menos respecto los mastodónticos gayumbos de Pedraza de Yeltes corridos el pasado martes, a los que aplaudieron de salida. Así que ya pueden decir misa: siguen babeando con el mastodonte, y si es cornalón aún más, porque llevan al buey en la masa de la sangre.

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 Los dos toros de Valdefresno que protestaron los reventadores el pasado domingo por no llegar a los 500 kilos de peso. Obsérvese su seriedad y astifinos pitones.

Lo mismo o peor que con la presentación pasa con la valoración del comportamiento: no se enteran de nada más allá de los cuatro falsos tópicos a los que se agarran siempre. Ni saben ver al toro, ni saben de lo que hablan, ni captan los matices esenciales de la lidia, porque no tienen ni puñetera idea de esto. Lo de exigir que vayan de largo al caballo todos los toros porque sí, aun los que mansean con descaro, ya pasa de castaño oscuro. La confusión sistemática de la movilidad con la bravura aún es más gorda. Lo malo es que en este aspecto, el desconocimiento de casi todo el público y bastantes periodistas es casi tan enciclopédico como el de los reventadores, y por eso cuela todo.

Así hemos visto el rollo de ese “gran toro” de Fuente Ymbro que, aparte de acudir con mucha alegría al primer cite (siendo esto llamativo) e irse lejos por inercia, a partir del segundo muletazo ya acortaba la embestida claramente, además de protestar, humillar poco o nada, escarbar, berrear y, sobre todo, ir muy a menos a lo largo de la faena. A lo sumo, un toro aceptable y con interés, especialmente para la galería. Lo típico de esta ganadería, por mucho que sus cantores de la prensa se empeñen en sublimarla y su dueño en chuflear y largar por el callejón. Encima, los abencerrajes crucificaron a Paco Ureña como si se le hubiera escapado el toro del siglo. Falso e injusto por completo. El fallo del torero fue, precisamente, dejar que el animal pareciera mucho mejor de lo que era a ojos de los que no saben nada o se pasan de listos.

Los reventadores ya han espantado a una parte considerable de los abonados, porque con ellos es casi imposible ir a disfrutar del espectáculo. De cara al público en general o con interés por acercarse a la Fiesta, su matonesca y palurda actitud es nociva para cualquier ser humano mentalmente sano, sepa o no sepa de toros, e incita a que esas personas no vuelvan más a la plaza. Enfin señores, que lo de Madrid no cambia. Y si este año llevamos una feria con triunfos casi todas las tardes es porque muchos toreros se la están jugando de verdad. Lo demás son cuentos, ignorancia, mala leche o todo a la vez.

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