El desastre del supuesto “heredero de Veragua” en el certamen Chenel de Madrid estaba cantado. Mal para el público, los toreros y los ganaderos a los que se les ha quitado una oportunidad. ¿Quién ha sido el responsable?

Tras el estruendoso fracaso en el Puerto de Santa María, era una temeridad, una provocación y un despropósito el sólo anuncio del autotitulado monopolista de Veragua, y más en un ciclo organizado para dar oportunidades a toreros que actúan poco, pero han acreditado su valía y condiciones.  La única opción que pueden dar a los diestros unas reses podridas por su flojedad, amoruchadas y broncas es la de estrellarse o llevarse una cornada.

Pero los elementos de la secta “torista” tienen bula por parte de algunas entidades político-taurinas, de ciertas comisiones y no digamos del estercolero mediático, que continuamente les dan sitio. Impermeable a la realidad, pase lo que pase y sea donde sea, el disfrazado como neoDuque de Veragua sigue dando lecciones de “purismo” y largando de todo el mundo con total desahogo.

Lo bueno es que esta vez se pudo ver por televisión, y tan monumental castaña no había manera de taparla. La corrida está disponible en Internet para el que quiera solazarse con el gran espectáculo. Ruina total y sin paliativos. Por no tener, no tuvieron ni trapío, como evidenció el cascado primero y el horrendo y orientado sexto, un palurdón de peligrosos instintos que si no hizo sangre fue porque apenas se tenía en pie, como sus hermanos. Al menos, antes tenían fuerza correosa, y al no emplearse nunca en la embestida la reservaban para dar tarascadas y hachazos, con lo que, a pesar de su condición mansa y defensiva, excitaban el mórbido baboseo de los ultras “toristas”. Ahora, ya ni eso, o cada vez menos. Estamos desolados.

Cuando leímos el nombre en los carteles de la Copa Chenel, nos quedamos estupefactos. No cabe el argumento de la “variedad”, porque en el certamen no ha habido ganaderías de origen Núñez ni Murube, que podían haber entrado, y sí varias del monopolio Domecq y, sobre todo, porque la sangre Veragua ya estaba representada por el hierro de Aurelio Hernando, ¿o precisamente era para hacer de menos a éste? Si es esto último, la jugada ha salido como el culo (con perdón) a quien la haya planteado. Comparen los de Aurelio de Chinchón con el género del neoDuque y sobran las explicaciones. Entenderán lo que hemos repetido muchas veces sobre la permanente campaña de difamación y mentiras contra Aurelio, y el odio mortal y envidioso por parte de la banda de choriceros que lustran las botas a Su Excelencia.

Llegados a este punto, la cuestión es: ¿quién es el genio o el responsable de haber traído esta mercancía y de dónde viene la bula que le otorgan, a pesar de sus constantes fracasos? Suena a que en la cabeza de las entidades político-taurinas se escucha y da cancha a las bandas organizadas de reventadores afines a todos los morucheros “toristas”, sea por el bienquedismo típico del politiqueo, sea porque comparten su demagogia, sea por miedo a lo que puedan eructar en la letrina de Twitter, o por simple ignorancia.  Mientras todo siga igual, esta chusma agresora seguirá dinamitando la Fiesta desde dentro, como llevan haciendo desde hace 50 años, especialmente en Las Ventas y, por contagio, allí donde se dejan caer.

Sea como fuera, además del lamentable resultado, se ha birlado una oportunidad a los toreros y un puesto a otro ganadero que debería haber lidiado en este festejo con muchísimo más merecimiento, casi cualquiera antes que éste. Más peonoso aún cuando en el conjunto del certamen ha habido un buen nivel ganadero y unos resultados en general muy positivos. Por ello es preciso limpiar esta mancha y exigir explicaciones públicas y detalladas sobre quién recomendó o impuso esta divisa y en base a qué motivos.

En la plaza, el guion habitual de la casposa pachanga “torista” se repitió punto por punto, pero a favor de corriente. No oímos alaridos, rebuznos e insultos de los reventadores de Las Ventas ni de los matones y difamadores habituales de Twitter que allí estuvieron. No piaron, ni a la vista de unos pitones que daban en qué pensar, ni cuando los inválidos rodaban por el suelo una y otra vez. Si acaso algún chillido suelto al final y por disimular. Como el “heredero de Veragua” es uno de los suyos, los implacables “puristas” se trocaron en corderitos modorros, y se la mamaron entera.

Asimismo, de nuevo es evidente en este caso la complicidad de los portaluchos de Internet más significados. Ni una palabra. Han silenciado el fracaso por completo, camuflándolo con la otra ganadería del cartel, propiedad de un compulsivo comprador de Domecq de segunda mano al que han puesto por las nubes exageradamente, pero cuyos toros en comparación con los otros parecían extraordinarios. Estos mismos mercaderes de Internet que ensalzan o tapan lo que les conviene, el otro día mintieron soezmente, tildando de “mansa” y falta de “casta” a la novillada de Aurelio Hernando lidiada en la feria madrileña de Moralzarzal, en la que hubo algunos magníficos ejemplares. Pero ya se sabe la norma por la que funcionan: al que no paga, palo.

Imágenes: Telemadrid

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El buen ejemplo de la feria de novilladas de Guadarrama. La verdadera promoción es que embistan los novillos, haya ambiente sano y no manden caciques, chuflas, mangantes ni reventadores

Novilladas de diferentes procedencias, ninguna del monopolio ni de morucheros “toristas”, de muy seria presencia (a veces excesiva) pero con posibilidades de embestir. Todos los días han salido astados de triunfo claro, destacando al cierre la buena clase en conjunto y uno sensacional de los de Aurelio Hernando, así como la renovada sorpresa de Gabriel Rojas. Esa ha sido en lo ganadero la tónica de la recién terminada feria de novilladas de Guadarrama, una de las de mayor afluencia de público de las que se celebran en la temporada y casi siempre positiva en cuanto a resultados .

En Guadarrama no ha habido navajeros teledirigidos que agreden a los toreros. Ni una caterva de presidentes chuflones y dictatoriales venidos de fuera que amenazan a las cuadrillas en el sorteo y roban o regalan trofeos a los matadores según convenga. Ni un cacique chulesco con delirante afán de protagonismo, que todo lo mangonea. Ni prensa y cámaras de TV convenientemente engrasadas para cantar las glorias del señor feudal. La feria de Guadarrama no tiene tanto eco porque no lo compra en el mercado del mamoneo mediático, pero es de las que merecen la pena y dan oportunidades de verdad, como Algemesí y algunas otras. Estos son verdaderos ejemplos de promoción del toreo, no las encerronas basurientas de tipo “torista”, donde ni embisten los toros ni hay trofeos, porque los roban para dar “categoría”. Simplemente, es la diferencia entre lo sano y lo podrido.

Pero vamos con el asunto central, que es el breve comentario sobre el juego de los mejores novillos de este ciclo de la Sierra de Madrid, compuesto este 2021 por cuatro festejos de las divisas de Cuadri, Alcurrucén, Gabriel Rojas y Aurelio Hernando, o sea, mayoría de sangre Núñez, cosa realmente excepcional en los tiempos que corren.  Y, como ya apuntamos, cabe indicar que todas las tardes han saltado al ruedo novillos con claras opciones de triunfo. De hecho, si la cosecha de trofeos no ha sido mucho mayor se ha debido a los reiterados fallos con la espada. Finalmente, sólo Álvaro Alarcón, Isaac Fonseca y Álvaro Seseña lograron salir por la puerta grande, y lo mismo hubiese acontecido con Álvaro Burdiel, Javier Montalvo y Manuel Diosleguarde de no haber pinchado.

El excelente castaño de Cuadri en el festejo que abrió feria. Entrega y muy buena clase.
El mejor de los de Cuadri, cuarto de la tarde, deja clara la brava largura de su embestida.

En la de Cuadri, grande, pero bonita de cara y toda con buen aire, destacaron dos más que notables: el castaño tercero y el cuarto. Le sobró tamaño y le faltó fondo de bravura a la novillada de Alcurrucén, si bien hubo alguno manejable y uno sobresaliente, el 4º, que humilló con recorrido y clase hasta el final de los vuelos del muletazo. En la tercera, de Gabriel Rojas, salieron al menos tres dentro de ese prototipo clásico en Núñez abanto, frío y hasta desabrido en los primeros tercios, pero finalmente rompedores en la muleta con recorrido en la embestida, rebosándose y con duración, sobre todo el 5º, único premiado con vuelta al ruedo en toda la feria. Hacía tiempo que no veíamos lidiar nada de este hierro y nos alegramos al ver reverdecer viejos laureles.

El bonito colorado de Alcurrucén que hizo cuarto fue el único que metió la cara de verdad en la segunda de feria.
Empujando con los riñones en el embroque con la muleta, que seguía por abajo hasta el final. Un gran novillo de Gabriel Rojas dentro de un notable lote.

El ciclo concluyó a plaza prácticamente llena, que asistió a la lidia de seis jaboneros de Aurelio Hernando. Los veragüeños compusieron un conjunto homogéneo en cuanto a su buena condición, humillación y temple, con una característica añadida de singular importancia: todos mantuvieron sus virtudes hasta el final de la lidia. Destacó muy particularmente el cuarto por su brava, larga y entregada embestida, un novillo de auténtico lío. Aquí pueden ver unas imágenes que muestran cómo embistieron algunos de los animales más destacados, a los que hemos hecho mención.

¡Qué manera de humillar y galopar una y otra vez del sensacional cuarto de Aurelio Hernando, un novillo de “lío”!
El albahío de Aurelio Hernando permitió una gran faena de Diosleguarde frustrada por el fallo a espadas.
Temple y cara baja del jabonero en la muleta de Álvaro Seseña. Esta fue la tónica de la novillada.

En suma, y con los defectos inevitables, de cara al exterior Guadarrama ha sido un ejemplo en cuanto a combinar promoción de la de verdad, variedad y excelente ambiente. Nada que ver por planteamiento, estilo, trasfondo y resultados con esa otra que la prensa de alquiler ha dado en vender desmadradamente como “modelo” o “ejemplo”, ¿ejemplo de qué, sino del “me lo llevo”, la demagogia, la imposición y el roneo? Que la disfruten los palmeros y mamones. Nosotros nos quedamos con Guadarrama mientras siga como ahora.

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Navajeros y una campaña insidiosa contra los toreros que se resisten a cobrar una miseria. Un cacique endiosado, un ex-taurino resentido y el rey de los montajes tiran del carro, consentidos por los poderosos y jaleados por su prensa afín

La degradación interna del taurinismo ha llegado a los extremos más deleznables de su historia. La última es que unos conocidos zurramingas, con afán de notoriedad y avaricia desmedidos, desatan una guerra para rebajar aún más el dinero que cobran los toreros, con la complicidad descarada de mercaderes mediáticos y la ayuda de grupos organizados de reventadores, entre otros. Porque de eso se trata: que los toreros que menos cobran cobren aún menos, y los otros también. Rebaja sobre rebaja, puesto que todos ellos ya han reducido sus salarios. Pero los oportunistas carroñeros aún quieren rascar más sobre la tierra yerma. Mientras, los grandes poderes fácticos del toreo consienten y avalan.

Si uno observa quiénes son los elementos que se han puesto en primera fila de esta maniobra, lo que se adivina en apariencia es para salir corriendo. Por un lado, un Judas ex-taurino corrosivo y despótico, rico gracias a los toros, trepador del politiqueo y con un enfermizo afán vengativo. Por otro, un cacique que ejerce de señor feudal en su pequeño y artificial chiringuito taurino (pongámosle el cariñoso e imaginario nombre de Villachufla) endiosado por la fiebre del que cree ser un gran personaje. Queda un tercero, discípulo y amigote de los otros dos, y quizás el más peligroso, porque es el más tapado y el que tiene más práctica: el rey de los ponedores y los montajes de rapiña donde nadie cobra salvo el que monta, claro. Lumpen, que además se dedica a reventar pliegos y ferias de pueblos.

Otros elementos que hacen de comparsa son algunos reventadores de Las Ventas (no hay charco podrido donde esta gentuza no meta su hocico y sus zarpas) y una fantasmal asociación integrada por cuatro gatos y manejada por el Judas ex-taurino para dividir a los profesionales. Como pueden ver, un cuadro tan surrealista que cuesta distinguir la verdad de la mentira, y donde los actores son lo mejor de cada casa.

Según el relato propagandístico de la cloaca de Internet, estas prendas son los aguerridos y generosos luchadores, que vienen a garantizar la viabilidad, la pureza y la integridad inmaculada de la Fiesta. Un ejemplo digno de admiración frente a los malvados, privilegiados y egoístas representantes mayoritarios de los toreros, que amenazan, amenazan y amenazan, porque son muuuu malos. El mundo al revés. Lo blanco es negro y lo negro, blanco. Es lo que se lleva hoy a escala global en los mal llamados medios de comunicación, y el toreo no iba ser una excepción.

Naturalmente, los aludidos pajarracos son pícaros de tercera fila y tienen sus propias conveniencias y cálculos particulares. Pero parece indudable que hay intereses compartidos con los grandes, de no ser así, resultaría imposible que esto fuera adelante, y quizás ni se hubieran atrevido a ponerlo en marcha. Los capos del cotarro taurino han mostrado el apoyo implícito, tal como pone en evidencia que sus lacayos hayan salido a escena remando a favor de corriente. Es triste decirlo, pero los peores en este sentido son algunos ex-toreros, superando a sus amos en chulería y despotismo para dejar clara su perruna fidelidad. Algunos que hoy son empleadillos de grandes casas empresariales han mostrado su servilismo “largando” a traición contra quienes eran sus propios compañeros hace cuatro días. Pero en ciertos casos no nos extraña, porque ya cuando estaban en activo llevaban muy mal eso de pagar a sus cuadrillas. Aquí todos son fieles a lo peor de sus propias biografías.

Quieren una tauromaquia de “amateurs”, es decir, desprofesionalizada, donde los únicos que cobren sean ellos, tanto lo que caiga de la taquilla, como de la subvención y/o de la televisión. Y no lo decimos nosotros, sino que es su modo de actuar desde siempre, y hasta alguno de ellos lo tiene puesto por escrito sin cortarse un pelo. Poseídos por la obsesión negociera de rebañar sin escrúpulos en un contexto de tierra quemada, pisando a quien haga falta, se la sudan las consecuencias funestas que ello va a tener. Con los ganaderos aprovechan que andan con la soga al cuello para pagarles una porquería, tarde, mal y nunca, hasta arruinar a la mayor parte de ellos para que queden cuatro, los del monopolio. Quieren hacer lo mismo con los toreros: comprar a precio de saldo o miseria su sangre, sus vidas e ilusiones. Y mientras dure y haya algo ajeno que rebañar, se lo llevan.

Hablábamos antes de intereses comunes, puesto que quienes podrán pillar la tajada gorda son los empresarios grandes, simplemente porque montan más festejos y con el sablazo a los toreros harán economía de escala. Es una posibilidad que saldrá o no, pero el sistema ya está ensayado allende los mares, y ha conducido a una situación agónica de la Fiesta. Ordeno y mando: te conformas con las cuatro perras que te quiero dar, o con un bocadillo de salchichón o de choped, que aún es más barato. Toreas a destajo y sin rechistar, o no te ponemos en ni una más.

Y dentro del reparto de papeles, quizás el más nauseabundo ha sido el de algunos medios pseudo-informativos de mentira e intoxicación. Uno de los detalles más significativos para apreciar cómo actúa esta chusma ha sido el truco semántico de referirse siempre a las asociaciones de toreros íntegras vinculándolas en los titulares con la palabra “amenaza”, lo cual han repetido a coro por toda la tropa de lampantes mediáticos digitales una y otra vez. Se trata de una vieja técnica de manipulación que busca asociar a una persona o grupo con una idea negativa o destructiva para denigrarla, y hacerlo sistemáticamente, a modo de bombardeo en bloque del mismo mensaje hasta que cuele. Aquellos de buena fe o desconocedores de la realidad, abran los ojos y la mente para que no les engañen.

La única y efectiva amenaza la ejerce el que tiene las armas de coacción, quien puede aislarte y destruirte profesional y personalmente, y esos sólo son los empresarios y/o los políticos. O sea, el Poder, que coacciona, chantajea y amenaza, quita y pone a los actores y tiene todos los medios a su servicio para hacerlo. Que no nos tomen por imbéciles contándonos un rollos contra la lógica de las cosas. De hecho, los sicarios de los monopolistas ya han intimidado a unos cuantos matadores y banderilleros para que traguen o “se atengan a las consecuencias”. Más claro, el agua. ¿Acaso no se han enterado de ello algunos portales de Internet? ¿no se quieren enterar, o es que manejan la información selectivamente y a conveniencia?

Pero además del linchamiento mediático hay que añadir un caso gravísimo y sin precedentes en lo taurino, que también se ha intentado silenciar: la agresión sufrida por los toreros a cargo de unos cuantos gorilas “incontrolados” que se fueron a ellos armados con navajas. Episodio de delincuencia gansteril que deja al descubierto el tipo de ambiente que se quiere imponer y la catadura de los sujetos que pululan alrededor. Sobre este infame episodio tampoco han informado los mamporreros mediáticos; lo dijo alguno muy de pasada y rápidamente retiraron la noticia de la circulación. Estiércol sobre estiércol.

En suma, la amenaza contra la Fiesta no la crean ni de lejos unas asociaciones de toreros que intentan defender sus derechos legales en medio de una lluvia de difamaciones, insultos y ataques de todo tipo. Mienten y manipulan sórdidamente quienes mantienen o insinúan tal cosa y quienes los alimentan. Ellos son la amenaza. Amenaza de precarizar el toreo hasta ahogarlo en la misera y amenaza de implantar la dictadura total. La estrategia del Régimen pedrosanchista para exterminar la tauromaquia por partes, a escala local y regional, tiene ahora nuevas ayudas desde dentro.

Aquí no tragamos con el rollo. Y ahí nos vemos, señores.

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De los toros negros de Veragua, el matonismo soez de los reventadores y el “duquesito” tapado

Cualquiera que se haya tomado la molestia de manejar documentación histórica sobre la antigua ganadería de Veragua puede comprobar que hasta la década de 1860, e incluso posteriores, una buena parte de los toros de este hierro eran de capa negra, siendo ésta predominante junto al cárdeno oscuro y el berrendo, más algo de castaño. Salían pocos animales de otros pelos, y particularmente jaboneros, ya que parece que no gustaban a los próceres ducales, por considerarlos de origen “dudoso”.

Como apuntó Juan Pedro Domecq en su libro “Del torero a la bravura” y está registrado en numerosísimas reseñas de la época y anteriores, el jabonero comenzó a verse con relativa frecuencia en las corridas del Duque a partir de un toro llamado “Carrengue”, lidiado en Valencia en 1863, que fue muy bueno y previamente había padreado. Con el tiempo, su capa se extendió y sería el emblema veragüeño, pero los negros siguieron existiendo, como mostramos en estas imágenes sacadas de nuestro archivo. Y vean qué parecido entre los de antaño y los criados hoy por Aurelio Hernando de la misma sangre: hondos, musculados y bien armados sin exageración.

“Tintorero””, del duque de Veragua. Lidiado en Madrid el 23 de abril de 1914
“Gavilán”, un veragua de Aurelio Hernando hondo, musculado y muy serio. Lidiado en Chinchón el 22 de agosto de 2021 por Alberto Lamelas, que le cortó una oreja.
“Pescador”, del duque de Veragua. Lidiado en México el 2 de febrero de 1902
“Gallego”, de Aurelio Hernando, lidiado en Chinchón el 22 de agosto de 2021. Esaú Fernández le cortó las dos orejas

Pero precisamente en los penosos tiempos actuales, algunos de esos listillos cuya triste vida consiste en largar y difamar por Internet manejan el falso tópico de que si un toro no es jabonero no puede ser de Veragua. A la inversa, pasa con otras capas, como el salpicado, que sí existía en la vacada ducal, aunque los mismos ignorantes lo nieguen sin tener ni zorra idea de lo que dicen. Unas veces es por puro analfabetismo taurino, otras por mala leche o interés, y las más por todo ello, que suele ir unido.

Ha sido el pretexto de la enésima agresión sufrida en el vertedero de las “Redes Antisociales” por el ganadero Aurelio Hernando a cargo de la banda de reventadores de Madrid y satélites, tan numéricamente enclenques como mendaces y groseros en sus manifestaciones y mafiosos en todas sus actuaciones. Es gentuza que goza revolcándose en la propia mierda que ellos inventan, vulgares macarras que a sí mismos se llaman “la afición”. ¡Nada más y nada menos!. Lo malo es que hay gente, políticos y medios que les dan coba y sitio, sin lo cual esta escoria no saldría del WC, que es su lugar natural. Más que ellos, el problema son sus voceros y protectores cómplices.

La cosa ha venido porque en la corrida celebrada en la bellísima plaza de Chinchón el 22 de agosto dentro del certamen Antoñete, Aurelio lidió dos toros negros, junto con un jabonero, y resultó que éste manseó mucho y los negros embistieron de categoría, especialmente “Gavilán”, bravo, alegre, humillador, con galope, largura, motor y siempre a más. Un gran toro, que además era un tío, por hondo, musculado y astifino, aunque bajo y con cuello. Veragua hasta las cachas, pero negro. Esto es a lo que se han agarrado y lo que verdaderamente ha jodido a los miserables reventadores de Madrid, y aún más al maligno cobarde de su amigo el “duquesito”, siempre tapado detrás del escenario pero aprovechando la carroña.

La extraordinaria embestida de “Gavilán”, de Aurelio Hernando, “planeando” en la muleta de Alberto Lamelas. ¡Un espectáculo que el “duquesito” no lo logra ni en sueños!
Bravura desbordante y entrega total metiendo los riñones de “Gavilán”, al cite natural y valentísimo de Lamelas

No vamos a entrar en el juego de esta chusma discutiendo una evidencia que no tiene discusión: que lo de Aurelio es tan Veragua o más que pueda serlo lo de las pocas ganaderías del mismo origen que hoy quedan, incluyendo la del relamido moruchero que miente y difama por sistema, con la enorme diferencia de que lo de dicho pajarraco carece de casta brava y además apunta a estar podrido, mientras que lo de Aurelio le da un millón de vueltas en todos los sentidos. De ahí el odio visceral que le tienen.  Por cierto, que de nuevo nos han colado bajo cuerda y por imposición de sus colegas de la mafia reventadora al “duquesito” y sus bueyes. Aquí les esperamos con cariño para contarlo.

De momento, los Veraguas de Aurelio, negros o no negros, se han anotado otro éxito incuestionable que todo el mundo pudo ver por televisión, además de proporcionárselo a dos de los toreros del cartel. Un emotivo y bello espectáculo, también con algún buen ejemplar de José Escolar (aunque a otro nivel) y los tres espadas a hombros. La grandeza de la tauromaquia frente a la miseria de los reventadores. Que sigan éstos revolcados en su lodazal y con sus moruchos, dándose premios a sí mismos y entre sus amigotes, mientras nosotros disfrutamos con lo bravo y lo bueno. ¡Ja, ja, ja….!

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Un nuevo y estrepitoso fracaso del autotitulado “heredero de Veragua” arruina la encerrona de Morante en El Puerto

Aquello de que “ya se veía venir” es el estribillo al que casi siempre se agarran los listos que hablan a toro pasado. Pero en ocasiones, es tan tópico decir lo primero como afirmar lo segundo. Hay fracasos que, por previsibles, son una apuesta segura de caída al precipicio, como la corrida del “heredero de Veragua” en El Puerto. Y que conste que éste no ha sido el fiasco de la sangre veragüeña como tal, pues es mentira que se trate del único hierro que tiene este mítico origen, por más que lo repita su dueño una y otra vez y lo defiendan como perros de presa su corte de mamporreros. Lo que sí es el peor entre los pocos criadores que cultivan esta casta, lo que volvió a demostrarse con diáfana evidencia por enésima vez. El petardo es suyo y sólo suyo, y no debería contaminar a los ganaderos que sí tienen Veragua del bueno, simplemente porque lo seleccionan con criterio acertado.

¿Quién fue el ideólogo de que la encerrona se montara con estos mimbres? No sabemos, pero por delante hubo varios padrinos y presumidores del invento, y por detrás alguien que se lo ha llevado crudo, porque el único éxito ha sido el económico. A Morante le cautivó la ilusión, quizás el sueño sentimental de que sería muy bonito algo que desde lo racional se sabía que era imposible. Romanticismo sincero por parte del torero de La Puebla, de mucho más calado que la simple manifestación escénica que hace de los modos lidiadores antiguos, con ser ésta en sí misma digna de admiración, y más loable aún por darse en una época donde impera todo lo contrario: el mecanicismo autómata, despersonalizado y ganaderamente monocorde.

Hacer proyectos con poco fundamento real es suicida, y ese ha sido el caso. Porque, como hemos expuesto repetidamente aquí, lo del autotitulado “heredero de Veragua” no hay por dónde cogerlo. Lo sabe todo el mundo del toro, por más que algunos han pretendido disimularlo en estas pasadas semanas por aquello de “bienquedismo” imperante. Es un hierro que lleva décadas vacío de bravura, moviéndose entre el genio violento, el tornillazo y la cortedad con mala leche, cuando no se le caen al suelo o se le paran. En el mejor de los casos, sale alguna res de embestida manejable, que va y viene a media altura con aire palurdón, pero dura un suspiro, porque se desinfla en la segunda tanda. Que se empleen y acometan de verdad y por derecho, ni uno, y de toros, aún menos.

Quizás Morante confió en que pudiera salir alguno de esos medio simplones sin fondo, pero que se dejan. O alguien se lo sugirió desde la trastienda. Esperanza vana, porque la obstinada realidad lo pone de manifiesto corrida tras corrida y año tras año. Ruina por la nula bravura, fruto de un concepto ganadero propio de quienes se refugian en el cuento del “torismo”. Y encima, todos los de esta cuerda gastan el mismo disfraz de “intachable purista” que, desde la poltrona de su ficticia superioridad moral, tienen la cara dura de dar lecciones y sentar cátedra con prepotencia, descalificando e infamando a todo el que no traga con su falaz monserga.

La tónica de tantas corridas de la casa: embestidas sin celo ni fijeza, descompuestas y vacías de bravura
(Fotos: La Voz de Cádiz)

Hace más de 30 años, con la ilusión incauta del aficionado en la mocedad, algunos confiamos en un joven que parecía poder llevar nuevos aires a la sangre Veragua, por entonces prácticamente desconocida y desahuciada. Nos hablaba de los Ordóñez y los Dominguín, y pensamos sinceramente que apostaría por buscar el toro bravo y de triunfo, dentro de las características de su sangre. Lo dimos a conocer antes que nadie en reportajes de prensa y en series de televisión de gran audiencia, creando quizás un mito que luego resultó fue utilizado para lo contrario, es decir, a mayor gloria de la demagogia “torista”. Gravísimo error el nuestro, como el Morante en El Puerto, o peor, porque le dio alas al monstruo y aún vive de ello.

No sólo es que el aludido buscase pronto el camino más fácil, o sea, el del toro al gusto del “torismo” rampante: reservón, brusco, bravucón en la arrancada y afligido ante el castigo, tan corto de embestida como largo en mala intención y de muy escasa duración, o sea, con todos los atributos que se engloban bajo el mantra grotesco que llaman la “casta”. De puertas a fuera, dio en la costumbre de largar de todo el mundo con mala uva envuelta en estilo blandi-pijo, primero atacando a los espadas que tenían que apechugar con sus pajarracos y nunca estaban “a la altura”, luego de los toreros en general y de las figuras en particular, y después de los otros ganaderos.

Últimamente ha destacado su saña contra un modesto criador madrileño por atreverse a decir que tiene “Veraguas”, ¡y encima le embisten! ¡Habrase visto semejante atrevimiento! Y sobre él se lanzó la chusma de amigotes del señorito, matones y difamadores desde ese estercolero llamado “Redes sociales”, donde siguen rebuznando, aunque de nada les ha servido. La realidad, otra vez terca, se vio en El Puerto.  ¿Y a quién le echaran la culpa ahora de semejante ridículo?

Pero más allá de esta gran decepción, que lo ha sido porque se basaba en una falsa espectativa prefabricada, seguimos apoyando al cien por cien la iniciativa de Morante en el sentido de abrirse a un amplio abanico de castas y de ganaderías. Porque quiere y porque puede. Porque le sobra conocimiento, valor y técnica y porque desborda arte y personalidad muy por encima del resto. Con ello está rompiendo los encorsetados moldes ganaderos del monopolio juampedrista, motivo por el cual están de los nervios sus lacayos mediáticos, los más golfos de los cuales incluso hablan de “golpe de Estado”, ¡ja, ja, ja…!.  .  

No hay que dar excusas al monopolio, ni categoría al “torismo”. No hay que apuntarse a ninguna moruchada podrida. Aún quedan excelentes hierros de origen Núñez, de Buendía-Santa Coloma, alguno de Atanasio, de Murube, incluso vazqueños como el de Aurelio Hernando, a años luz mejor que lo de ayer, y qué decir de otros como los “patitas blancas” de Paco Galache. De esas divisas es seguro que van a salir toros de triunfo gordo. Y, ojo, Morante hace lo que siempre hicieron los grandes toreros: anunciarse y ser capaz de tener éxito con todo tipo de toros, pero debe elegir bien, o sea, de lo que embiste.

Noble y bella épica en esta temporada de Morante, el mejor, más valiente, más técnico y más excelso torero de la veta artística de todos los tiempos. Pero, por favor, nunca más con género de la catadura del de ayer.

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Imágenes bellas que envuelven un drama. Los ganaderos más modestos se dejan la piel para salvar a sus animales del terrible temporal. Lección de vida y amor al toro bravo, frente al odio aniquilador de los animaloides. ¡Olé, ganaderos!

Un becerrito debilitado tras el temporal pasa temerosamente ante dos imponentes buritres negros, que no le pierden de vista. ¿Trágica premonición?

En estos días hemos visto muchas fotografías tipo “postal nevada con toro feliz” con las que muchos tauro-domingueros se han querido lucir en esas cloacas de exhibicionismo, censura dictatorial, apología de la violencia y odio al discrepante que son las aún llamadas “redes sociales”. Quizás sin pretenderlo, se quita el foco del drama y los problemas, y queda lo superficial y guay. ¡Cuánto tonto haciendo el juego al enemigo por un “like”! ¡Qué pobreza mental!

Somos los primeros a los que nos gusta mostrar la hermosura incomparable del toro bravo en su entorno natural, pero cuando sólo se enseña un bello decorado blanco, y no el desastre que hay detrás, estamos en un terreno muy peligroso y, sobre todo, falso. Porque este temporal de nieve y hielo extrañamente sobrevenido en un invierno bajo dominio del “calentamiento global”, ha arrasado la agricultura y la ganadería de la zona centro.

La nieve es un drama y una pérdida enorme para los ganaderos modestos, ya de por sí machacados en su economía y en su ánimo. Y tras la nevada y la ventisca, el hielo que dura ya más de diez días. El ganadero siempre al cuidado de estos maravillosos animales, siempre sacrificado y siempre al pie del cañón para que nada les falte. La vida del hombre de campo es así de dura y admirable en todos los sentidos.

Amor por el toro, por su entorno natural, por la vida…. justo lo contrario que esas manadas de matones animaloides a sueldo, propagadoras del odio, la violencia, la demagogia y, además,  afines a la ideología/negocio de la cultura de la muerte (humana, claro). Superpuestos a esta mafia, están los paletos urbanitas, para los que la naturaleza es un paisaje guay donde pasear al perrito, o una pista para uso exclusivo de bicicleteros con derecho a avasallar a todo y a todos, empezando por las gentes que viven del campo.

¿Alguien se imagina a esos tipejos de cerebro enfermo pegándose estas palizas bajo cero un día y otro para que las vacas y los becerros puedan sobrevivir al temporal? Precisamente al contrario: su objetivo es aniquilar toda la vida, cultura y economía rural, tanto al entorno y a los animales como a las personas.

Por nuestra parte, aquí les dejamos unas imágenes que sólo pretenden dar una visión de cómo están los animales más débiles, vacas y becerritos, tras la horrible tempestad, en la ganadería veragüeña de Aurelio Hernando. Son estampas de vida brava salvada por el sacrificio de este hombre y su familia, como exponente de muchos otros ganaderos de Madrid y provincias limítrofes que han sufrido lo suyo.

Que la estética de la superficie no les oculte la cruda realidad y los durísimos días vividos por los animales bravos y por las personas que los atienden y alimentan, tanto ahora bajo la helada como en el tórrido verano.

Las zonas rocosas y de matorral apenas han servido de abrigo al ganado
En un mar de nieve y hielo, las vacas pendientes siempre de sus crías
En las faldas del Pico de San Pedro, dos becceros andando con un esfuerzo agotador, que a veces los paraliza
Tras una excelente otoñada, los animales que estaban gordos y fuertes se han venido abajo. Han sido varios días gélidos en los que apenas se han podido mover ni alimentar.
Con los campos prácticamente impracticables y el pasto cubierto y abrasado por el hielo, las vacas sólo tienen el sustento del hemo que les aportan los criadores.
Las jaboneras y melocotonas devoran con avidez el forraje
Después del pienso, las preciosas vacas veragüeñas buscan a sus becerros en el horizonte blanco.
Y tras la tempestad, en la inmensidad de la sierra el toro bravo sigue reinando.

¡Viva el toro de lidia y su cultura, y olé por vosotros, ganaderos!

Os admiramos y os queremos.

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