Las veraguas de Aurelio Hernando haciendo surcos con el morro y toreo de cante grande de Iván Vicente. ¡Gloria bendita!

Una mañana maravillosa vivida ayer en la ganadería de Aurelio Hernando. Jornada de acoso y derribo con tienta a campo abierto en una casa de caballistas consumados. Luz primaveral con un toque de brisa húmeda y agradable. La faena se realiza en un gran cercado que es como un balcón frente a la colosal barrera del Guadarrama, con el Cerro de San Pedro a la espalda. Más abajo los históricos prados del Soto, donde pastaban los toros de Martínez. Los pueblos de Manzanares, Soto del Real y Miraflores en el horizonte. Tierra de bravura milenaria. Escenario de impresionante belleza, a pesar de que la hierba debería tener medio metro y este año ralea.

En este marco ya tan familiar pero cuya grandiosidad siempre nos impone,  pudimos gozar como muy pocas veces. La tauromaquia también puede ser muy grande, en el campo,  donde está la esencia y la madre de todo.  Porque la embestida de pura clase, con empuje desde los riñones, rebosada en los vuelos del engaño, siempre a más y mejor cuanto mejor la torean, es un tesoro excepcional, y en la sangre veragüeña mucho más.


Y este caudal de embestidas se encauzo a través de las muñecas de Iván Vicente. Toreo de impecable técnica, pulseado, de redondo y larguísimo trazo, de inspiradísimo temple y empaque natural. Toreo salido del corazón y el sentimiento de un artista en madurez, que remató su obra campera transfigurado de gozo.

Vean cómo embistieron las becerras jaboneras de Aurelio Hernando y cómo las toreo Iván Vicente. ¡Gloria a la bravura y al toreo!

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Gran clase de las veraguas de Aurelio Hernando y toreo de seda de Álvaro Seseña

Mañana de nubes  que vienen y van, trayendo unas escasas gotas de agua a las sedientas dehesas de la sierra de Guadarrama. Aurelio Hernando tienta un par de becerras veragüeñas que toreará el joven Álvaro Seseña, alumno de la escuela José Cubero “Yiyo”.

Y salen dos jaboneras. La primera, con el testuz meleno tan característico de Veragua, canta un galope claro desde la salida, junto a una fijeza extraordinaria. Flojea al principio, pero su bravo fondo le hace ir a más siempre, con el detalle que marca a los animales de gran clase: empujar hasta el final del pase y rebosarse en la embestida. Mediada la faena ya no hay flojedad, sino temple y entrega pura. Para disfrutar el toreo.

Y así fue, porque Álvaro Seseña lo bordó. El inicio fue clave: varias tandas por alto, sin un toque, sólo enseñando el vuelo del engaño, acariciando desde el embroque y rematando por alto, todo a favor del animal.  De ahí para adelante, la vaca cada vez embistió mejor, y la faena, siempre pulseando a ralentí, adquirió una dimensión extraordinaria por profundidad, por el trazo larguísimo de los muletazos y su redondez por abajo en los remates, haciendo “ochos”, en los que la vaca seguía el engaño embebida hasta los flecos. Temple sublime, variedad y toreo muy ceñido y encajado, si pizca de afectación, Por encima de todo, un gran sentido lidiador.


La segunda, también buena y, sobre todo,  muy a más,  y ello porque el torero corrigió los pocos defectos y potenció las virtudes del animal.  Y otra vez brotó el toreo a cámara lenta, pasándose la vaca por la cintura, llevándola hasta el final y acabándolo por debajo. Y cuando a la jabonerita se le pidió lo máximo, ésta lo dio sin afligirse, igual que su hermana de camada.

Clase brava y toreo de seda, y de inteligencia ¡Qué lujo y qué alegría!

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Nuevo despelote con Cuento Ymbro: vuelta a un toro incomparable al de Jandilla y de “gran corrida” nada de nada

Con relativa frecuencia, en las ferias importantes hay corridas “compensatorias”, es decir, en las cuales se busca reparar atracos e injusticias de tardes precedentes, a fin de que los caciques causantes y la secta que los ampara “queden bien”, sobre todo si es el último día. Y en la próxima feria -piensan ellos- os seguiremos puteando y escupiendo. Pero quedan doblemente mal: primero por las vilezas que ya cometieron al reventar éxitos legítimos, y ahora por premiar vulgaridades muy por encima de sus merecimientos reales. Se llama agravio comparativo.

Y encima, casi siempre el beneficiario de esas corridas de “compensación” es alguien afín al rollo de los de la secta, o directamente de su cuerda. Ayer en Valencia le tocó de nuevo el regalo a la gloriosa y bravísima ganadería de Fuente Ymbro (que aquí conocemos en broma como Cuento Ymbro) y a su discreto y humilde dueño. ¡Qué vueltas da la vida!, lo del tal Gallardo es una sucursal directa de la perjudicada Jandilla, pero en ramplón y tirando a fulero.

Como sus limpiabotas periodísticos y el chufleteo “torista” llevan años empeñados en hacer un mito de esta ganadería, salga como salga, no sorprende este nuevo episodio de unanimidad en la lisonja, papanatismo y  triunfalismo. Primero, porque a muchos lo que les gusta es esa movilidad descompuesta de las arrancadas a distancia,  siempre sin humillar, protestona al final del pase, incluso si no se le hace un toreo de sometimiento, como pasó ayer. Si al toro no se le manda, como aquello no para de moverse, los chuflas lo confunden con bravura o lo califican con ese mantra falaz y vacío de la “casta”.

Luego están los ya muy escasos buenos aficionados que perciben la diferencia abismal entre un toro de este estilo, como el de la vuelta al ruedo de ayer, y otro bravo de verdad, como el de Jandilla no indultado por el ridículo reventador presidencial, pero les da miedo apartarse de la corriente y que los obedientes al Sistema les señalen por ello. Cuestión de escasa personalidad… o de necesidad, esto último más respetable.

El caso es que, si algo tuvo la corrida de ayer fue desigualdad, movimiento descontrolado que no fue sometido a mando (no codicia, y mucho menos bravura) y todo el viento “torista” a favor, porque este es el tipo de toro engañoso, que la secta reivindica y quiere imponer por decreto. De ayer sólo recordaremos un astado noble y con cierta entrega (el 4º) y, sobre todo, el toreo de caricia y clase que con él realizó el maestro Finito. Fue lo sólido, bello y con fundamento de verdad entre tanto torbellino y farfolla demagógica, dicho sea con máximo respeto hacia los otros toreros.

Las Fallas han sido el retrato fidedigno del ínfimo nivel actualmente dominante en el ámbito taurino, y un aviso de lo que se vislumbra para toda la temporada. Los reventadores, los chuflas y los demagogos mandan.  No es nuevo, pero cada vez es peor y más insoportable.

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Un dictadorcete con ínfulas de César se carga el indulto de un gran toro en Valencia

Hasta hoy, no habíamos tenido ocasión de ver la lidia del toro “Horroroso”, de Jandilla, feo nombre para un animal tan bien conformado de cara y hechuras, y, sobre todo, de tan profunda, fija y brava embestida. Porque la bravura es ante todo entrega, y esa fue la gran virtud de este ejemplar. Un toro excelente, con un estilo que se ve poco en este hierro, y en general en lo de Juan Pedro. Nada tuvo que ver con la movilidad mentirosa y de taponazo a media altura de tantas corridas, porque embrocó con la cara siempre abajo, y aunque acometiera en corto, se iba siempre muy largo tras el engaño.

Toro sin duda de muy alta nota para el que una gran mayoría de público pidió un indulto que sólo por eso tenia que haber sido concedido, y además de porque fue muy bueno, porque la Fiesta se alimenta (como todos los espectáculos) con los triunfos cabales de sus protagonistas: toreros y ganaderos. Y parece, precisamente, que esto es lo que trata de impedirse a toda costa, feria tras feria. Es una vía sorda, cínica y traicionera de aniquiliar la tauromaquia desde dentro, porque, para más Inri, se viste de “purismo y seriedad”.

He aquí que estábamos en esta Valencia taurina dictatorial de 2019, y en el palco había asentado su cortijo uno de estos personajes altivos, de cara avinagrada, gatos en la trastienda e ínfulas y hechos de señor feudal, biotipo que últimamente, y cada día más, impera en las presidencias de muchas plazas de toros. Y el sujeto resulta que sabía mas que nadie, que era más “exigente” y “purista”” que nadie y, sobre todo, más chuleta que nadie de los presentes, y se pasó por el arco de triunfo lo que lo había sucedido en el ruedo y lo que pedía la justicia y el público soberano. Y encima gesticulando con ridículos y autoritarios aspavientos a modo de César Imperator. Episodio lamentable, grotesco, vergonzoso y letal.

Repetimos las preguntas del anterior comentario hecho en este blog: ¿quién ha nombrado a estos equipos de presidentes y veterinarios que están dinamitando las ferias de Norte a Sur y de dónde los sacan?, ¿quién los sigue manteniendo ahí a pesar de que a diario protagonizan algún escándalo o cacicada, pisoteando a los ganaderos, a los toreros y al público?; ¿porqué no hay una denuncia masiva por parte de los perjudicados, de peñas de aficionados (si los hubiere) y, por supuesto, de la famosa “Fundación”, pidiendo el cese inmediato y fulminante de estos elementos y los correspondientes daños y perjuicios a que pueda haber lugar?

Sigan así, señores profesionales del toreo y aficionados. Déjense tratar como delincuentes y ser pisoteados sin hacer nada mas que gimotear; allá ustedes. La temporada no ha hecho más que empezar y esta casta de iluminados intocables y despóticos, sea por arrogancia e ignorancia, por joder, por protagonismo y seguidismo de los golfantes de la “pureza, el trapío y la casta” o por indicaciones del antitaurismo político, van a reventar todas las ferias en ciudades o en pueblos donde les den el mando, desde Valencia a Zaragoza, pasando por todas las Villachuflas y Calasparras que existen. Porque les sale de las pelotas y porque se van de rositas, o por algo más…. Pero o esto se corta de raíz, o la puñalada que le dan a la Fiesta en su imagen, en el ánimo del público y en las espaldas de los toreros y los ganaderos es mortal.

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Primer escándalo de la temporada a cargo del equipo veterinario de Valencia

Empiezan las grandes ferias de 2019 y el cáncer dictatorial de los equipos veterinarios y presidenciales con vocación reventadora se intensifica respecto al año anterior, que ya fue funesto.

En Valencia, unos sujetos de la casta veterinaria, por lo común tan iletrados respecto al toro bravo en general y la sangre Núñez en particular como soberbios y prepotentes, se han permitido destrozar a capricho la corrida de Alcurrucén prevista para las Fallas. ¿Porque se les pasa por la entrepierna y se la suda todo?; ¿porque se creen los amos y juegan con el prestigio de los ganaderos y con el público honesto y sano, a quienes desprecian?; ¿porque son intocables y vienen a imponer por decreto el canon “torista” del mastodonte cornalón?; ¿porque es a lo máximo que alcanza su escaso conocimiento y su mala leche?; ¿porque las acciones antitaurinas llevadas a cabo desde dentro nunca tienen consecuencias debido a la cobardía crónica, la incompetencia y la acomplejada debilidad (¿o complicidad?) del taurinismo?.

Y ahora lo tienen más fácil que nunca, ya que el oficialismo taurino y sus satélites ha dictado la consigna de que tenemos que llevarnos bien y no ser “cainitas”. Y en eso estamos: carta blanca e incienso a los difamadores, agresores y agitadores del llamado “torismo”, que, siendo los cuatro gatos caraduras y matonescos de siempre, cada día, mandan más en la calle y no digamos entre bastidores político-mediáticos, donde pillan más micrófono, más imagen y más pasta. Aquí encaja el entramado de equipos presidenciales afines a esta banda, que son el instrumento para imponer en la plaza sus delirantes teorías. ¿Quién selecciona a estos elementos, los protege y les da mando en los corrales y en el palco? Esa es la clave y lo que nunca se dice.

La peste se extiende desde pequeños pueblos, como esa paradigmática Villachufla taurina toledana que los chupópteros de la crítica a sueldo llaman “ejemplar”, la cuadrilla de  Calasparra o los pájaros del mismo pelaje que reinan en la Rivera del Tajuña, hasta Bilbao, Málaga, Zaragoza, la misma Valencia y, por supuesto, Madrid. Todo está impregnado por la misma mugre demagógica y totalitaria. Y no digamos esa Francia depravada y enferma donde impera la cateta y chillona ignorancia “torista”.

La estrategia es, por un lado, imponer el fraude del toraco amoruchado y su lidia mentirosa, coñazo, absurda, contranatura y utópica; y por otro, bloquear y reventar a las ganaderías que embisten y al toro auténtico y con hechuras, y dinamitar el posible triunfo de los toreros; antes era sólo con las figuras, pero ahora se ha extendido hasta los modestos novilleros sin caballos. En suma: un modelo de involución reaccionaria diseñado para impedir a toda costa el éxito del espectáculo y embrutecerlo, mientras los patéticos capos del tinglado se convierten en personajes de referencia y, de paso, siempre les cae algo.

Mucho nos tememos que la cacicada arrogante y dictatorial de los veterinarios de Valencia contra la ganadería de Alcurrucén puede marcar la pauta de la temporada. Los reventadores están bien tranquilos: nadie va a hacer nada para frenarlos; es más, casi nadie va a decir nada y menos los van siquiera a criticar. A lo sumo, algún pellizquito de Monja, como el de ese tontucio y carota de Aplausos.

El mundo taurino es así de cobarde y suicida. Son ya más de 50 años en la misma espiral, pero cada día se agrava más y su efecto es más letal por la situación limite que atraviesa la tauromaquia, a cuya destrucción todos ellos han contribuido de manera tan persistente, eficaz y decisiva.

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México se asoma al abismo de la perversión “torista”

Estamos observando horrorizados el contagio de esa lacra autodenominada “torismo” que se está inoculando desde España y Francia a México. Es una ola suicida y letal para esa joya única en el mundo que es el toro mexicano, tesoro genético creado por generaciones de grandiosos criadores que continuaron y mejoraron la obra magna de don Antonio Llaguno, y cuyo legado ahora está en riesgo. La despersonalización del toro y del toreo mexicano es una amputación que la Fiesta no puede ni debe permitirse.

El clásico toro mexicano, bello y fino de hechuras. Puro Saltillo de la ganadería de San Mateo, creación del genial don Antonio Llaguno. Nada que ver con el mastodonte cornalon que quieren imponer los nuevos “toristas”. Foto: El Ruedo

Todo apunta a que en México se está reproduciendo el nefasto proceso que vivimos en España desde los años 70 de la mano de la prensa corrupta, veterinarios cómplices y pequeños grupos de mafiosos reventadores, que llevó a la eliminación masiva de castas bravas, el destierro de numerosas ganaderías hasta su extinción y a la desaparición de las hechuras clásicas específicas de cada sangre y ganadería, igualadas en el patrón fraudulento del mastodonde cornalón. Cada día vemos en ruedo mexicanos más toracos cornalones de horrendas hechuras y pésimo juego, como si estuviéramos en Madrid, en Cenicientos o en Ceret.

Y también como siempre, porque son patologías inseparables, junto a la adulteración del tipo cabalga el fraude en la bravura. Lo grandioso se execra y se sustituye por lo zafio y vulgar. Lo excelso por la farfolla ramplona. El toro fino y armónico con categoría en la embestida por el búfalo destartalado, agresivo y manso. La bravura con clase y temple por el genio amoruchado y el camelo de la “movilidad” a taponazos. La largura humillada por la cortedad a la defensiva y la media altura. Lo profundo por la baratija superficial. ¡Menudo negocio para el toreo en México: imitar a los reventadores del 7 de Madrid !  

Las estrategias, falsedades y palabrería son idénticas. Se basan en el manejo permanente de cuatro tópicos simples y rotundamente falsos, es decir, en la mentira repetida un millón de veces. Ahora tiene por altavoces a lechuguinos mediáticos sin escrúpulos,  chuflones blogueros que van de “periodistas” sin serlo y la banda de indocumentados y matones “toristas” de Twitter. Su palabreja favorita y prostituida por ellos es la “casta”, bajo la que ocultan la mansedumbre con resabios y el instinto defensivo y cobarde.  Porque el toro bravo lo es cuanto más se entrega con nobleza y más dura, no cuanto más se mueve, más se defiende y antes se desinfla. Es decir, el bravo es justo lo contrario de lo que le gusta a estos cavernícolas.

Otra de las perversas constantes del “torismo” es la insidia y el permanente ataque difamatorio contra las grandes ganaderías, mientras se magnifican como “puras” y “auténticas” a divisas fracasadas, vulgares, carentes de bravura o directamente amoruchadas. Precisamente ahora, y nada menos que en la plaza México, se ha vetado a ganaderías tan grandiosas como la de Teófilo Gómez. Igual que pasó en Madrid con las de Núñez, Atanasio, Galache y Juan Pedro en los años 70 y 80. Una locura y una vergüenza suicida.

Con toros de la extraordinaria ganadería de Teófilo Gómez se han realizado decenas de faenas memorables en La México, como ésta de Morante en 2006. Hoy, el “torismo” ha vetado esta divisa en el coso Monumental (Foto: 6 Toros 6)

Y en esta orgía de difamación participan activamente, allí como aquí, ganaderos mediocres, oportunistas y desaprensivos (algunos de viejo pedigrí, que son los peores) a los que lleva décadas si embestirles ni un toro, y que ahora ofician de apóstoles e iluminados del “purismo” y la supuesta “autenticidad”.  Envidiosos y largones, siempre contra los toreros y los ganaderos de categoría a los que ellos jamás podrán ni acercarse. Porque ni saben ni quieren, y porque lo fácil es seleccionar el manso con genio, estos desvergonzados se refugian en la bazofia del “torismo”.

Y siguiendo con los paralelismos, la deriva “torista” también tiene en México otra cara, ciertamente sin el matiz deleznable de la anterior, pero que aboca al mismo resultado. Nos referimos a la proliferación de subproductos Juan Pedro-Jandilla, a modo de colonia del monopolio español. Por desgracia, incluso ganaderos de ilustre raigambre, están cegados ahora con la “movilidad” engañosa y carente de clase habitual de ciertas marcas domequistas. ¡Perder lo extraordinario de Mimiahuapan  para cambiarlo por la vulgaridad de un Cuento Ymbro es de apaga y vámonos!

Si liquidan el toro mexicano se perderá para siempre una parte sustancial de la tauromaquia, y no sólo en México. Porque la embestida a cámara lenta, larga y humillada de los saltillos aztecas ha sido durante 100 años materia prima del toreo sublime y, por ello, factor clave en la evolución de este arte hacia sus mayores cumbres. Y si se cargan el tipo, se cargan la embestida. Su pérdida sería un crimen contra México y contra el toreo.

La autenticidad es el toro en tipo, bravo y noble; el autodenominado “torismo” siempre ha sido, es y será fraude, ignorancia y engaño.

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Tarde de toreo grande en la ganadería de San Isidro

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Rafael de Julia: toreo de terciopelo

Tras un par de días de aguaceros, luce el sol en este puente de Los Santos. Es época en la que empiezan a tentarse las vacas adelantadas, y quizás el momento del año en que más se disfruta la atmósfera pura y nítida del campo. Echamos la tarde en la ganadería de San Isidro,  donde Madrid se asoma a La Mancha entre los valles del Tajuña y el Tajo. Se han encerrado cuatro eralas, una mulata y tres coloradas ojo de perdiz; todas gordas y lustrosas, como es habitual en esta casa. Torean Rafael de Julia, Amor Rodríguez y Juan José Villita.

Siempre es un disfrute el campo bravo y los amigos, pero  hay días especiales en los que todo se conjunta como por azar divino y brota la magia de la bravura y del toreo. Este fue de uno de ellos. Ninguna de las vacas resultó sensacional, pero todas lucieron fijeza y mantuvieron el mismo son y la importancia hasta el final. A la vez, todas fueron diferentes, con los matices singulares de su casta marquesa. Fuerte y con recorrido la primera. Muy manejable la segunda. De gran obediencia y suave la tercera, que flojeó sólo al inició, y por ello nos recordó al son que tenía lo de Maribel Ibarra. Pronta, con galope y fija la cuarta, que tuvo recorrido tanto viniendo de lejos como de cerca, o sea, que no embistió por inercia, sino de verdad, como lo bueno y clásico del Marqués.

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Ayudado por alto de Villita: estilo y empaque natural

Y con esta materia brava, gozamos de una grandiosa tarde de toreo campero, también en tres versiones distintas. La de Villita, el torero de mayor  empaque y clase natural en el escalafón sin caballos. El mando, firmeza y largura de Amor Rodríguez, novillero ya cuajado y en busca de su momento, redondo en trazo, dominio e intensidad. Y el maestro Rafael de Julia, quien por el puro placer de torear se vació por completo. Pulseó con temple excelso la embestida de una colorada salpicada a la que imantó en la muleta. A los derechazos y naturales de relajo absoluto y tacto de terciopelo, siguió el toreo de rodilla flexionada y agarrando el pitón de la vaca, como en las viejas estampas de Joselito El Gallo. Y el cierre fue en clave ojedista, dejando que los pitones rozaran los muslos y jugando a la improvisación, roto y con entrega absoluta.

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Amor Rodríguez: cargando la suerte, en redondo y sometiendo hasta el remate

Las imágenes que aquí les dejamos son sólo algunos bonitos destellos de lo que vimos, sentimos y disfrutamos en este tarde de tentadero en San Isidro. Gracias al ganadero que busca la perfección brava. Gracias al valor y al sentimiento torero.

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